Mi familia biológica me dejó en adopción cuando era pequeño, y tal vez está de más mencionar la palabra biológica, pues no he tenido ninguna otra después de esa, no sé porqué razón. Quizá no fui un hijo planeado, o tal vez querían una niña en vez de mí, pero en el orfanato en el que crecí, aprendí a realizar todas mis necesidades por mí mismo desde niño, siempre buscaba arreglarmelas por mi cuenta en lugar de pedir apoyo. Si quería un chocolate y estaba encima de la nevera, podía treparme entre las pequeñas cajas debajo de la cocina hasta que lo tuviera en mis manos. Aunque podría haber sido más fácil pedir ayuda prefería reservarme mis palabras, y hasta el día de hoy continúo haciéndolo, me incomoda cuando alguien externo tiene que ayudarme en cualquier situación, no importa de qué se trate.
No recuerdo ni siquiera el rostro de mis padres, no sé si hoy sigan vivos. Aunque espero que sí, quisiera saber porqué lo hicieron.
No sé lo que es el amor materno, ni paterno, no sé qué es una familia. Tampoco sé si tengo hermanos.
Durante mi estancia en el orfanato, siempre me calificaron como un niño bastante solitario, desde el principio hasta el día en que logré independizarme, no acostumbraba a jugar con los otros niños que vivían allí, nunca fui un fanático por los deportes, ni del arte o la literatura.
Mis tutoras me recuerdan como una pintura recién hecha, podía
permanecer quieto durante mucho tiempo sin exclamar una sola palabra. No entiendo porqué será exactamente. Crecí siendo pesimista como muchos le dicen, aunque yo prefiero llamarlo: realista.
Es cierto que la gente no está lista para escuchar su verdad, y se ve forzada a mentir sobre ella para aparentar una vida completa. Prefiero no ser de esos.
«¿Cuál es tu verdad?»
Oh no. Creo que me quedé profundamente dormido, pues cuando recuperé mi conciencia el sol presentaba sus primeros indicios de querer salir. Pero tenía suerte, eso significaba que todavía era temprano, al menos me daría tiempo de bañarme esta vez.
Salí de la ducha tratando de ser optimista conmigo mismo.
"Es un nuevo día".
Pero a diferencia del anterior, se siente bastante frío, tendré que abrigarme mejor esta vez.
Me sentía indiferente, no estaba feliz por más que tratara de pensar que hoy sería distinto, pero debo reconocer que tenía cierta curiosidad por experimentar cosas nuevas, y qué mejor en un nuevo trabajo con la oportunidad de sentirme un poco más animado.
Salí de casa y emprendí los mismos pasos pero esta vez en dirección a una ruta distinta, espero que este día sea mejor que el anterior.
Cuando llegué, la misma señora de ayer estaba acomodando algunas cajas que estaban regadas en el piso, pero al tocar la puerta, las dejó en donde estaban y fue a abrirme.
—Hola, es... muy temprano aún.
—No importa, te puedo ayudar a hacer algo.
—Ah, está bien, adelante. Puedes empezar por subir las cajas y acomodar las tazas sobre la repisa.
—No hay problema.
Es una tarea fácil, pero lo que me angustia un poco es el trato al cliente, no estoy acostumbrado a hablar con otras personas, pero no creo que sea nada del otro mundo.
—Disculpe, sobre el pago...
—El pago dependerá de qué tanto logremos vender, así que debes ser
carismático y atraer un poco de gente.
—Oh no.
—Jajaja, tranquilo, sólo sonríe y dale al cliente lo que pida, no es nada
complicado. Por ahora sigue acomodando, abriremos en unos minutos.
Me sentía un poco nervioso, sería la primera vez que me relacionaría con otras personas, aunque fuera sólo por unos cuantos minutos, y al menos para tratar de ganar un poco de tiempo me hacía como que acomodaba, aunque en realidad jugara conmigo mismo a hacerme el tonto para alargar la hora, pero tarde que temprano tenía que llegar el momento, tampoco podía demorar mucho en unas simples cajas.
Aquella señora, solamente terminó algunas tareas en la bodega y regresó con el letrero que decía "abierto".
—Es hora que ya hemos abierto, y como es tu primer día lo único que debes hacer es recibir a quien llegue, regala una sonrisa e invítalo a pasar, del resto me encargo yo.
—¿Una sonrisa?
—Sí, recuerda, una sonrisa siempre alimenta el alma.
—Oh claro, seguro, tiene razón.
«Qué estupidez» pensé.
—Con más carisma muchacho, aunque sea finge que eres feliz.
—Sí, ya había escuchado eso antes.
Solamente salí y pegado a la puerta principal, veía a las pocas personas que pasaban por aquí, tratando de disimular mi nerviosismo por hacer algo mal.
El nuevo paisaje ya no me entristecía con tener que soportar a mis compañeros con sus tormentosas risas y sus malos chistes, sino algo más relajante, los edificios color café claro y las ventanas en cada recuadro.
Era mínimo un poco más prometedor, y empecé a sentirme más liberado, hasta que llegó el primero.
Una mujer con el rostro serio y el seño fruncido, pero era mi primera oportunidad.
—Buen día, puede pasar a probar un café si gus...
—No me digas qué hacer.
«Bueno, creo que no quiere».
Pero traté de no desanimarme, venía alguien más detrás de ella.
—Buen día —saludó un señor amablemente.
—Buen día, puede pasar si gusta.
—Gracias, compermiso.
«Qué agradable sujeto»
—Un café endulzado, lo necesito para llevar, por favor.
—Sí, enseguida.
«Lo hice bien, creo que lo hice bien, maldita sea, espero no haberme equivocado o haber puesto una mala cara» pensé mientras iba por su orden que no tardó más de cinco minutos en estar lista.
—Muchas gracias, que tengan lindo día.
—Vuelva pronto.
—Ves como no es muy difícil —me dijo la dueña del lugar—. Sólo no te pongas nervioso, se te nota mucho.
—Lo siento.
—Por cierto, ¿Cuál es tu nombre?
—Damien, ¿Y el tuyo?
—Madeline, mi nombre es Madeline. Ahora puedes regresar a la puerta a recibir a quienes sigan llegando.
Continuaron llegando más personas, y a pesar de mis piernas un poco
temblorosas quería pensar que no lo hacía tan mal.
Esa fue exactamente mi labor durante todo el día, si a caso echarle la mano a Madeline con algún mandado, pero no pasaba de ahí.
—Pues para ser tu primer día no fue nefasto, ¿no lo crees?
—Vinieron bastantes personas, quiero pensar que es una buena señal.
—Por cierto, ¿Por qué viniste a pedir trabajo aquí?, por tu apariencia te siento un poco grande para recién empezar.
—No, lo que pasa es que trabajaba en una fábrica, pero en estos últimos
meses no nos fue muy bien que digamos.
—Ya veo, ¿y por dónde vives?
—En Oxford, salgo de aquí y caminando derecho por cuatro calles, doy vuelta a la izquierda y en 15 minutos llego a casa.
—¿Tienes padres?
—Se fueron.
—¿A qué te refieres?
—Sí, me dejaron en adopción cuando todavía era un bebé. No recuerdo nada de ellos, y no sé la razón del porqué lo hicieron.
—¿Entonces vives con tus hermanos?
—No sé si los tengo, mi único recuerdo de la infancia fue el orfanato en donde crecí hasta ser lo suficientemente independiente y llegar a la fábrica en donde estaba.
—Vaya, suena un poco...
—Sí, sé lo que estás pensando.
—No, no me refiero a eso, sino que lo dices de una forma tan indiferente que pareciera no importarte.
—Me sentiría mal si lo hubieran hecho cuando tenía memoria, pero técnicamente podríamos decir que nunca tuve familia.
—¿Tu pareja?
—No tengo.
—¿Por qué?
—No lo sé, nunca ha sido una prioridad para mí.
—Me causas un poco de curiosidad, te siento muy frío, es como si tuvieras algo dentro de ti que apagara tu capacidad para sentir.
—¿A qué te refieres?
—No es muy difícil de notarlo en tus respuestas.
—No te entiendo.
—Piensa en los primeros tres adjetivos que se te ocurran para describirte a ti mismo.
—¿Para qué?
—Tú solamente hazlo.
—... Listo.
—El vacío te consumirá por completo si continúas con pensamientos grises.
—... Pero
—Lo primero que pensaste fue precisamente vacío, ¿cierto?
—¿Cómo supiste?
—Puedo ver cosas que van un poco más allá de la realidad que conocemos.
No te siento como alguien maligno, pero sí como...
(En ese instante tocaron la campana en la entrada)
—Oh, iré a abrirle.
ESTÁS LEYENDO
Liliana
De TodoEn la deriva de alguna estrella fallecida, se escribe la última carta con lágrimas de esperanza de volver a lo que alguna vez fui. Luzbel me arrebató lo único que tenía, mi castigo es una eternidad de reflexión y asumiré toda la culpa. «Te extraño t...
