Después de 15 minutos caminando desde la fábrica llegué a la cafetería que había visto en el camino.
Gracias a la luz del sol se podía apareciar con mayor eficacia el diseño de esta.
Un poco pequeña pero de linda estructura, hecha de madera y adornada con pintura de color verde alrededor de las ventanas y con pequeñas flores en el interior que hacían agradable la vista hacia ellas.
No puedo negarlo, el aroma a grano de café no era tan malo, y tal como lo había visto en el primer camino, de la puerta principal colgaba un pequeño letrero
"Se solicita ayudante"
Abrí la puerta, entré y me percaté mejor de su diseño interior, que en su mayoría predominaba el color café desde el piso hasta el techo, y al llegar a la recepción unos pocos metros adelante, una señora amablenente me recibió.
—Buenos días, acabo de ver el letrero y veo que solicitan personal, estoy
interesado.
—Claro, por aquí.
Bastante gentil me llevó a una pequeña sala en la parte trasera para hacerme una entrevista, aunque por parte trasera me refiero a la bodega donde tiene guardados los granos de café, teniendo las sillas en la puerta principal.
Seguramente sería para saber cuánto tiempo querría estar aquí, a falta de personal no creo que me rechacen, pues no había nadie más allí.
—¿Para qué le interesa el trabajo?
—Necesito comer.
—Vaya, que directo. ¿Cuánto tiempo piensa trabajar aquí?
—El tiempo que me lo permita.
—¿Qué sabes hacer?
—En realidad muy poco, pero puedo aprender. Por cierto, no había visto este local, ¿acaba de llegar?
—Sí, lo empecé a rentar hace poco y hasta hoy logré abrir el negocio.
—¿Sólo es usted?
—Y tú también.
—¿Eso fue un sí?
—¿Tú qué piensas?, puedes presentarte mañana en la mañana, te explicaré cómo atender a los clientes y después con la práctica irás mejorando.
—Podría empezar de una vez.
—Quizá, pero... Será mejor que te vayas y vuelvas mañana.
Preferí no hacer objeción y salimos de esa pequeña bodega, donde me acompañó hasta la puerta principal y se despidió de mí.
Realmente fue muy rápido, no pasaron ni cinco minutos y ya tenía trabajo, y a pesar de su comportamiento extraño, qué linda fue en otorgarmelo así de fácil, no será mala idea, pero ahora tengo que avisarle a mi jefe que dejaré de ir con él.
«Otros 15 minutos caminando debajo del calor»
—Me alegra, muchacho, no tardaste casi nada. Debes ser muy bueno para convencer con palabras.
—Ehh, sí, seguro.
—Bueno, ahora sólo habrá que esperar a lo que pase con nosotros, creo que tendré que terminar con esto.
—¿A qué se refiere?
—He desatendido mucho a mi familia, todos los días siento la incertidumbre, si están a salvo, si están seguras, quizá tengamos que mudarnos, pero necesito llevarles algo a la mesa.
—Entiendo.
—Quiero estar con ellas, hace tiempo que no veo a mis hijas, que no juego con ellas y lo único que tengo son los recuerdos de mi esposa para tratar de dormir tranquilo. Pero siempre está presente el hecho que están lejos de aquí.
Tal parece que no podré sostener esta fábrica por mucho tiempo, y esos incrédulos que están atrás de mí sólo aparentan trabajar como si no me diera cuenta. He escuchado ya tantas bromas absurdas que incluso ya tomé la decisión de nunca ingerir alcohol, y mucho menos con ellos.
—Lo lamento.
—No es necesario, pero en fin, no es momento de ponerse llorones. Te puedes ir si quieres, fue un gusto haber trabajado contigo, y perdón por mi mal comportamiento, sé que desde hace tiempo nuestros caracteres chocaban entre sí, es normal en esta vida que no compartas las mismas ideas que un compañero, pero muchas de esas fueron exageraciones mías por tanta preocupación.
—No se apure, espero que todo salga bien con su familia.
—Hasta siempre, y por cierto, puedes llevarte este último como muestra de agradecimiento —dijo mientras sacaba de su bolsillo un pequeño frasco de perfume.
—Gracias, lo guardaré por siempre.
—Fue un placer.
Salí del trabajo, ya con la tranquilidad del respaldo de tener otro nuevo a la mano, aunque claro con la duda del pago, que estoy seguro no será mucho, pero con que sea lo suficiente para sobrevivir, me puedo dar por bien servido.
Esas pequeñas palabras que me dijo han sido las más sinceras que le he escuchado desde que lo conocí, pude notar su versión más humana a pesar de nuestros choques, pues sé que nada le costaba simplemente despedirme sin dar explicación y botarme a la calle. Sinceramente espero que su situación personal mejore y logre ver a su familia.
Por el otro lado, me atrevería a decir que me siento un poco afortunado por no volver a ver a esos tipos, mínimo eso ya lo sentí como ganancia.
Durante mi caminata de regreso a casa me puse a pensar un poco en cómo es que la vida se acaba rápidamente sin que te des cuenta,
es como si se tratara de un juego donde no existe la victoria,
pero mientras la buscas desesperadamente, se burla de ti mientras te arrebata tus amigos, tu familia, tus hobbies, tus recuerdos, tu energía y cuando menos te das cuenta está a punto de cobrarle factura a tu cuerpo que está a migajas de descomponerse por completo.
La vida es un tiempo efímero que compartimos con distintas personas que buscan su propio fin común, puede que lo consigan o puede que no, pero el trayecto hacia él es como correr contra reloj. Cuando abres los ojos, ya no hay tiempo, ya no hay gracia, ya no hay inspiración, ya no hay esperanza, ya no hay nada.
De regreso en casa, y mi estómago empieza a hacer un poco de ruido, tengo hambre. Pero, ¿qué hay en la nevera?
¡Exacto!, no había nada.
Pero me aún me sobraba un último sobre de té, y creo que dejé un pedazo de pan en mi cuarto.
Supongo que será suficiente al menos por hoy. Quisiera una taza de café, pero eso es prácticamente un lujo, cuesta alrededor de 20 libras esterlinas, y en mi bolsillo sólo tengo cinco. Maldita sea.
Calenté un poco de té para que ese pan duro no fuera tan desagradable. Eran las tres de la tarde y ya no tenía idea de qué hacer con mi día. Sólo contemplar mi colección de perfumes por trabajar en aquella fábrica.
Entre el silencio conmigo mismo me surgió una pregunta: ¿Qué necesitas para ser feliz?
Es bien dicho que el dinero no te da la felicidad, pero ahora mismo estando en pelotas no me siento con ganas de sonreír.
Las cosas materiales van y vienen, dicen que tenemos que quedarnos con los detalles humanos, pero tampoco dejan de ser mentiras disfrazadas y depositadas en una bolsa de basura que guarda el mal olor de la cruda verdad por las míseras cosechas, no existen los amigos, todos somos compañeros de viaje.
Mientras envejeces y las necesidades parecen cada vez más inalcanzables, los amigos van disminuyendo durante el trayecto, como evidencia de que cada quien sólo tiene el objetivo de la felicidad a conveniencia propia sin importarle la amistad de alguien más.
El hombre salvaje, actúa por instinto, caníbal y manipulado por su propia lujuria.
La necesidad de amar a otra persona es temporal, el amor se acaba cuando el orgasmo llega al clímax.
El hombre conquista, y abandona la pista.
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Liliana
AcakEn la deriva de alguna estrella fallecida, se escribe la última carta con lágrimas de esperanza de volver a lo que alguna vez fui. Luzbel me arrebató lo único que tenía, mi castigo es una eternidad de reflexión y asumiré toda la culpa. «Te extraño t...
