[Capítulo Ocho]🎵"Bagdad (Cap.7: Liturgia)", Rosalía

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Mavi y el otro hombre turco habían regresado con nosotros y Eros y yo estábamos nuevamente en la posición anterior con nuestros pies casi tocándose. Seguía el baño. Mi amigo turco se puso una especie de guante de exfoliación y comenzó a restregar mi piel, lo hacía de una forma tan fuerte que casi podía sentir mi cuerpo enrojeciéndose como si Mavi estuviera arrancándome la piel y en el proceso llevándose también al hombre promiscuo que orgullosamente fui y que libremente elegí no ser nunca más. Comenzó en mi pecho, luego pasó a mis piernas y brazos. Después me volteó y restregó mi espalda, y para finalizar me enjuagó con agua caliente. El ardor era supremo, pero a la vez la sensación de limpieza y purificación que comenzaba a sentir era alucinante y me dejé llevar. La siguiente fase del Hammam era la enjabonada, según yo, la parte mas erótica del proceso. Mavi tomó una especie de bolsa de tela blanca y la sumergió en un tanque lleno de agua con jabón, cuando la sacó estaba inflada como un globo de espuma y seguidamente la exprimió sobre mí, creando una montaña de burbujas sobre mi cuerpo. Ahora comenzó por mi espalda, enjabonándome con suavidad, y luego me volteó mirando hacia arriba para continuar con mis brazos, piernas, abdomen y pecho. El jabón sobre mi cuerpo recién exfoliado también causaba mucho ardor, pero esa es una de aquellas situaciones que causan dolor y placer a la vez, en las cuáles uno se calla y disfruta.

La situación entera era una alegoría al homoerotismo... Mavi, aquel hombre turco de pelo en pecho cubierto solamente por una toalla estaba enjabonando mi cuerpo. Recordé la vez anterior que había estado allí, Mavi me había atendido también y cuando me estaba enjabonando yo había agarrado su pene para tratar de tener un acostón con él. Muy apenado e incomodo él me había explicado que está casado y que no es homosexual, cosa que me sirvió de lección en la vida: no todos los fanáticos que te ofrecen enjabonar tu cuerpo lo hacen porque quieran acostarse contigo. También me di cuenta de lo buena persona que es Mavi, quién más que un fanático es ya un amigo. Luego de semejante falta de respeto de mi parte, él había aceptado mis disculpas y no había dicho nada públicamente o dejado de hablarme, de hecho, me estaba atendiendo nuevamente.

—Discúlpame por la vez pasada —le dije a Mavi una vez más. Él asintió, sonrió y continuó con su trabajo.

De todas formas todo es tan distinto ahora. Ni Mavi, ni ninguno de los hombres semidesnudos que nos rodeaban significan nada para mí ni en lo romántico, ni en lo erótico. Yo estoy ensimismado en mis fantasías con Eros. En ese momento trataba de crear un plan para llevarme a Eros a mi apartamento, que durmiera conmigo sin tener sexo la primera noche, y a la segunda persuadirlo a que se case conmigo. Levanté la cabeza y lo vi cubierto también de espuma. El otro turco le estaba enjabonando su pecho peludo y yo no pude desear algo más que estar en sus zapatos, o más bien, en sus sandalias de plástico.

Nos enjuagaron y volvieron a dejarnos solos, acostados sobre la superficie octagonal en el centro del cuarto de baño. Suspiré, me pasé las manos por la cara para secarla un poco y volví a suspirar. Me arrastré nuevamente para colocarme junto a Eros y lo miré nuevamente acostado boca arriba con un aspecto de desmayo, sueño perfecto o relajación extrema, pero igualmente sonreía y eso continúa volviéndome loco. En mi trayecto me encontré también con otra sorpresa, su toalla se había movido y su pene se había salido. Volví a suspirar y sonreí con emoción. Que destino el mío, resistirme a lo que tenía allí a dos pies de mi mano no sería nada fácil.

Me deleité con los detalles. No se depila los vellos del área púbica, pero los recorta. Su pene es blanco, largo, grueso, con una leve forma de hongo, en el momento en que lo vi estaba entre dormido y erecto reposando a un lado de un par de huevos grandes y blancos, y está circuncidado. Es un pene hermoso, apetecible, jovial y mío. "Y allí está, el pene del amor de tu vida" pensé, luego suspiré y sonreí nuevamente. Me contuve para no metérmelo en la boca sin avisar y delante de todos, cerré los ojos y continué arrastrándome hasta estar junto a Eros.

La Bitácora Homosexual de Rey James Del ReyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora