Eran casi las diez cuando entramos al prestigioso spa del centro de Boystown, el barrio gay de Chicago. Al entrar, el frío del intenso otoño de la ciudad de los vientos se disipó enseguida. El mismo Mavi, de camisa azul marino y pantalones de vestir negros, nos recibió con abrazos para ambos y una gran sonrisa. Le presenté a Eros como mi amigo, aunque antes de hacerlo fantaseé con que se lo presentaba como mi esposo. Mavi nos guió hacia un área privada del spa etiquetada como "Hammam". La decoración de esa área, con montones de lámparas de cristal en el techo, con azulejos de diseños turcos en las paredes y sillones tapizados con motivos turcos también, es tan especial, elegante, interesante y única en una ciudad como esta, como lo es el hombre con quién estaba visitando ese lugar. En el centro de esa área hay también una piscina en la que en ese momento había un hombre musculoso nadando en ella y varios otros, de todos los tipos, formas, colores y tamaños, acostados en camastros al rededor. Pero en ese momento yo solo tenía ojos y cosquilleos internos para y por uno solo: Eros Borges, representante de Nike para deportistas.
Mavi nos entregó brazaletes electrónicos para abrir los casilleros veinte y veintiuno, nos invitó a pasar al área de vestidores y nos dejó solos para que nos pusiéramos el atuendo indicado. Nos dijo también que él mismo nos atendería y que en unos minutos estaría de vuelta con nosotros.
—Estoy tan confundido —me dijo Eros sonriendo y mirándome como si no tuviera idea de qué estaba pasando.
—Déjate llevar —le dije yo riendo también.
Abrimos los casilleros que están detrás de unas bancas que hay en el centro de los vestidores enfrente a unos espejos que cubren la pared completa, y encontramos dos cosas en cada uno, una especie de toalla a cuadros y unas sandalias de plástico. No había pensado en eso, o quizás sí, pero... ¿Era cierto?¿Recién lo conocía y ya iba a verlo desvestirse frente a mí? Bueno, no sería algo nuevo, en algunas ocasiones había visto desvestirse a hombres antes de saber sus nombres, pero con Eros se sentía distinto. Allí hay algo más que simple lujuria.
—¿Y debajo de esta toalla me dejo la ropa interior o nada? —me preguntó entonces sosteniendo la toalla de una forma graciosa.
—Totalmente comando —respondí sintiendo que aquella situación de extravagancia homoerótica y el calor del lugar harían que me desmayara y me fundiera con el piso.
Me puse de espaldas a él para desvestirme, y no para que no me viera desnudo o para no verlo, que era lo que más quería, sino para evitar echarme encima de él y que sintiera que le falté al respeto.
Me quité el gorro, los guantes, los zapatos y finalmente las ochocientas capas de abrigos necesarias para sobrevivir en el frío de Chicago y las puse en el casillero, y allí con las nalgas afuera y dándoselas a ver, evité a toda costa mirar atrás mío o al espejo porque tenía que evitar hacer contacto visual con él y que viera la erección que ya tenía sin ni siquiera haberlo visto desnudo aún. Me enrollé en la toalla, me puse las sandalias, guardé mis pertenencias en el casillero y lo cerré. Tenía la respiración muy acelerada, me sentía tan nervioso como un adolescente que se encuentra con su crush en los pasillos del colegio, solo que ahora yo sabía que al voltear vería a Eros, aquel hombre que estaba alborotando en mí no solo el erotismo sino también el romanticismo y que en tan pocas horas de conocerlo ya me tenía con los pies en las nubes, y lo vería semidesnudo o desnudo en su totalidad. Tomé fuerzas, me voltee y me enfrenté a su imagen. Me maree al verlo, pero me sostuve de la pared de casilleros y le sonreí de forma incómoda. Allí estaba él sin pantalones, cubierto por la toalla y con todos los botones de la camisa desabrochados dejando ver su pecho peludo y definido en su esplendor. No pude disimular mi reacción al verlo. De hecho, creo que ya estaba muy claro para Eros que lo que yo había visto de su personalidad, su sonrisa y ahora su cuerpo semidesnudo me ponen muy nervioso y se echó a reír con cierta picardía. Traté de dejar de mirarlo, pero no pude. Sus tetillas son rosadas y de tamaño mediano, su pecho y abdomen están cubiertos de pelos negros que hacen un contraste precioso con el color blanco de su piel, y a la vez dejan ver sus pectorales y abdomen levemente definidos. Se nota que es un hombre que hace ejercicio, aunque su trabajo no le permite vivir metido en un gimnasio. Eros me gusta, eso es definitivo, me deleita verlo. Siempre he sabido que mi gusto en hombres en la parte física está polarizado. Por un lado me gustan los hombres mayores que yo, con barriga y pelos en el pecho; por el otro, me gustan los hombres musculosos y depilados de mi edad. Eros, de una forma u otra, es la mezcla perfecta entre ambos tipos. Si a eso le añadimos que me mata su sonrisa y que lo único que me provoca es hacerlo feliz para que nunca deje de sonreír, podemos concluir que estoy perdido.
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La Bitácora Homosexual de Rey James Del Rey
RomanceUn jugador de dodgeball homosexual que en secreto escribe una bitácora de sexo en Wattpad donde detalla sus fascinantes y calientes encuentros y experiencias sexuales con otros deportistas y fanáticos, los pormenores de su vida promiscua, y da conse...
