Nathan.
Estaba a punto de quedarme dormido cuando mi celular sonó. Con mucha flojera lo tomé y contesté.
— ¿Qué quieres? –dije cuando escuché la voz de Thomas.
— ¡Necesito que vengas por mí! ¡Rápido!
— ¿Dónde estás? ¿Qué pasó?
—Mi auto me dejó tirado. Estoy frente al McDonald’s que está al lado de la dulcería de Margot. ¡Me urge que llegues, Chelsea ya debe estar desesperada!
Gruñí.
—Bien, voy para allá. –colgué.
Maldije en mi mente a Chelsea, a Thomas y a su Chevrolet Sail viejo, mientras tomaba las llaves de la barra de la cocina.
Salí de la casa y me subí al Jeep Rubicon color guinda que tanto amo. Se llama Natasha Rubí Kelly. Sí, mi auto tiene nombre, ¿y qué?
Manejé hasta donde se encontraba Thomas, me estacioné detrás de su carro e hice sonar el claxon. Salió de la dulcería con dos bolsas de plástico y se subió.
— ¿Qué traes ahí? –le pregunté mientras ponía en marcha el Jeep.
—Unos dulces para mi hermana. ¡Sus favoritos! –respondió agitando las dos bolsas.
— ¿Me das uno?
—No.
Rodé los ojos y seguí manejando hasta que llegué al aeropuerto. Estacioné el auto en el primer lugar que encontré, lo apagué y salimos.
—Más te vale que los dulces no se derritan en mi Natasha. –le advertí.
Él hizo como si no me escuchó y corrió hacia las puertas de entrada.
Cuando lo alcancé se encontraba viendo a todas partes, parecía perdido.
— ¿No la ves?
—No. –Miró el reloj de su muñeca que le regalé en su cumpleaños pasado- El avión aterrizó hace veinte minutos.
Hice una mueca y me dediqué a buscarla con la mirada. Aunque no creo que la reconocería, ya que no la veo hace unos ocho años, en cambio Thomas la vio el año pasado.
Pasaron diez minutos y escuché que Thomas gritaba emocionado.
— ¡Ahí está! ¡Ahí está! ¡Chelsea, Chelsea! –gritaba y señalaba.
Desvié mi vista a donde él señalaba; una chica se estaba acercando con una gran sonrisa estampada en su rostro y unas grandes valijas.
Me quedé viéndola un poco embobado. Tenía un enrulado cabello castaño que le llegaba un poco más debajo de los hombros, y unos bellísimos pero pequeños ojos verde mar que recordaba muy bien. Su nariz era ligeramente respingada, y tenía unos delgados labios color rosa pálido que hacían que me dieran unas tremendas ganas de besarlos. Mi mirada fue bajando un poco más, traía una blusa de manga corta color verde con un estampado de flores y un pantalón de mezclilla oscuro pegado.
Elevé de nuevo mi vista para encontrarme con una cicatriz en su frente, ésta comenzaba en el punto medio del inicio de su cabello y atravesaba en forma de diagonal hasta su ceja izquierda. ¿Con qué se habrá hecho aquella cicatriz? ¿Desde cuándo la tendrá?
Chelsea Stone definitivamente ya no era la niña rara de hace ocho años…
— ¿Y tú qué? ¿No piensas saludarme? Sé que no estás feliz de verme, pero vamos, hombre, ¡han pasado siete años! –Dijo abriendo sus brazos para darme un abrazo.
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Let me hold you, let me love you.
Teen Fiction«Déjame abrazarte, déjame amarte» Créditos de portada: DreamGetaway. Obra registrada en Safe Creative ®