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Nunca me había gustado viajar.
La primera vez que viajé en avión, a un pequeño pueblo de Canadá cuando tenía ocho años, el avión había tenido un problema con los motores y tuviera que hacer un aterrizaje forzoso en otro aeropuerto cerca de la frontera con Estados Unidos. Supongo que era normal que no tuviera mucha confianza en esas cajas voladoras.
Pero esa vez, por lo menos, pude agarrar la mano de mi padre todo el trayecto, dándole un pequeño apretón cada vez que oía un ruido extraño (y podría asegurar que la mayoría de esas veces no eran más que ruidos que hacía la gente que se encontraba a mi alrededor) pero mi padre siempre, siempre se giraba para mirarme con una sonrisa tranquilizadora, justo antes de agarrar mi nariz entre sus dedos y luego poner su dedo pulgar entre los demás, intentando hacerme creer que robara mi nariz. Y aunque me pareciera una tontería siempre me hacía reír, y así me olvidaba del ruido extraño hasta que llegara el siguiente.
Sin embargo esta vez viajaba solo y estaba realmente de los nervios, aterrorizado más bien. Me encontraba sentado en uno de los asientos que daban al pasillo del avión, rodeado de gente desconocida que no se daba cuenta de lo asustado que estaba, incluso cuando mis dedos no paraban de golpear el apoyabrazos de mi lado derecho y mi labio inferior se mantenía entre mis dientes.
Para distraerme decidí poner música, así que me coloqué un auricular y rápidamente empezó a sonar Coldplay. También observaba cómo la gente iba entrando en el avión, dejando su equipaje de mano en la parte de arriba y sentándose, mientras el asiento a mi lado seguía totalmente vacío.
Cuando casi todos los asientos estaban llenos, la gente dejara de entrar y yo ya estaba buscando un chicle para hacer más llevadero el despegue, a la lejanía escuché una voz escandalosa. Por no decir chillona.
"¡Lo siento! nos habíamos perdido. Este aeropuerto no es como el de Colorado ¿cómo es eso de que se divide por terminales?"
Aparté la vista de la señora del asiento frente a mí y miré de dónde provenía la voz. Me encontré con una entrando por la puerta mientras las azafatas la miraba mal, quizá por su tardanza o por su equipaje de mano excesivo.
Recuerdo que lo primero en que me fijé en ese momento, fue el pelo de la chica que había hablad; el cual era azul casi fluorescente, oscuro por las raíces y que se iba aclarando hasta las puntas, casi llegando a ser blanco un poco azulado. Empezó a caminar al interior del avión.
Por un momento me recordó al pelo de una sirena, cuando ni siquiera había visto una sirena en mi vida, a parte de la que aparece en Los piratas del Caribe. Simplemente relacioné a la chica con el mar, y supongo que tampoco me equivoqué demasiado.
Esta se paró de repente justo a mi lado, haciendo que las otras casi se chocaran contra ella. Pero ella no se inmutó y levantó su enorme mochila (que podría pasar por maleta) y la colocó en el compartimento, con bastantes dificultades, encima de la fila en la que se encontraba mi asiento.
Mientras lo hacía pude escucharla tararear una canción, y cuando la reconocí me sorprendí: Us against the world, una de mis canciones favoritas del grupo que estaba escuchando. No sabía si decirle algo o callarme, pero finalmente me decidí por lo segundo. Ni siquiera sabía que decirle.
Tras unos segundos anunciaron que el avión despegaría en nada y ahí sentí mi estomago dar una vuelta. Era una sensación horrible, una mezcla entre miedo, nervios y frustración por estar así por un simple vuelo. Suspiré.
Entonces me sentí observado, giré la cabeza y me encontré con la chica del asiento de al lado mirándome inquisitiva. Tragué saliva.
"¿Estás bien? Se te ve... Pálido."
Sentí mi cara enrojecer. Ella era muy guapa. "Sí, es solo que no llevo muy bien lo del avión. Ya sabes, volar, explotar por los aires, caer en picado en una montaña nevada..."
Ella rió, probablemente por la idiotez que acababa de decir.
"Tranquilo, eso no suele pasar. Y si pasara creo que tendríamos toboganes o algo así para bajar."
"Oh, pues ya me quedo más tranquilo." Mentira.
Ella volvió a reír, se notaba que ella lo hacía mucho. Y me gustaba, era todo lo contrario a mí.
"Lo siento, nunca sé que decir en estos casos," pausó un momento, justo cuando el avión empezaba a moverse. "Pero si sé que hacer: dame la mano, eso ayuda."
Me ofreció la mano y me quedé unos segundos observándola, luego a la sonrisa de ella y no pude evitar que me la contagiara. Acepté su mano y me recosté contra el asiento cerrando los ojos fuertemente. "Por cierto, soy Arabel." Dijo en el momento en que empezamos a subir, elevando un poco el tono de voz. Recuerdo que en ese momento pensé «qué nombre más precioso, si algún día tengo una hija la llamaré así».
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chaising butterflies
Romans«No pienses que estoy huyendo de mis sentimientos o mi futuro. O incluso de ti. Yo solo estoy persiguiendo mariposas.» portada perfecta hecha por daniela, @beoncheshire
