Llegamos a casa y yo intentaba actuar como si no estuviera muriéndome de lo nervios, pero así era. Sentía como si estuviera en un déjà vu: la vez que llevé a Arabella a que conociera a Michael, día que yo temblaba y ella cantaba reggaeton. Pues esta vez yo estaba igual, y hasta me sentía algo decepcionado ¿No le parecía importante conocer a mi familia? Quiero decir, si, me había dicho que tenía ganas de hacerlo, que le hacía ilusión... pero de ahí a importarle había un gran trecho.
¿Sería otro momento en el que me mostraba su autoestima de papel?
No quise darle más vueltas y simplemente abrí la puerta de casa, dejando entrar un dulce olor característico de la comida de mi madre.
"¡Estamos en casa!" dije soltando la mano de Ara y dejando la chaqueta a un lado. Ella hizo lo mismo a mi lado, quitando su chaqueta vaquera y quedándose en una camisa blanca a rayas oscuras que le quedaba de vestido.
Llevaba el pelo en un moño desordenado, ese que suele poner para estar por casa. La verdad era que no estaba especialmente preparada pero estaba preciosa. Aunque yo tampoco era muy objetivo.
"Qué dolor," se quejó Ara. "peor que una friega de guindillas en el trasero."
Sonreí, en verdad si que estaba preocupada.
"¿Nerviosa?" Pregunté enternecido.
Ella soltó una pequeña risa. "Claro que no, tengo la regla y mis ovarios se están cayendo a cachos. Eso si es nervio."
"Oh, vale." Dije un poco decepcionado.
"¡Mi niño!" mi madre salió de la cocina y se acercó rápidamente, abrazándome con fuerza. "¡Qué delgado estás!"
"Tranquila, cuando salga de aquí no estaré tanto." Mi madre era la típica que si hacía de comer para cinco, parecía que era para diez y tenía que acabarse sí o sí.
"Por supuesto," me sonrió al soltarme y luego se giró hacia mi novia. "¿Tú debes de ser la famosa Ara?"
"No sé si famosa, pero soy la Ara de Ashton." contestó, y sentí que por un segundo mi corazón se paró. Sonreí. "Y tú eres Rose ¿no?"
Mi madre rió y tampoco pudo evitar sonreír. Ara parecía provocar esa respuesta en todos los Rawcliffe. "Lo soy, encantada cielo."
Se dieron dos besos y yo me despedí de ellas, queriendo ir a buscar a mi padre y de paso dejarlas un rato solas para que se pudieran ir conociendo. Llegué a la habitación favorita de mi padre, la habitación en la que guardaba pequeñas esculturas de los dioses griegos, mapas sobre la búsqueda de la Atlántida y un montón de libros (que por su gran cantidad una parte de ellos se encuentran también en mi habitación).
La verdad es que aunque no te gustara la mitología esa habitación parecía mágica.
"Hola, capullo." dije apoyándome en el marco de la puerta y cruzándome de brazos. Él apartó la vista del libro que estaba leyendo y me miró, por un segundo sonrió pero intentó disimularla con su típica cara de hombre serio.
"Hola gilipollas ¿otra vez gorroneando a tus padres?"
"¿A caso alguna vez dejé de hacerlo?" Bromeé y la vista se me fue a unas fotos en la pared. En concreto en una, en la que aparecíamos mi padre, mi hermano y yo. Sin poder evitarlo mi sonrisa se borró.
"No estaría mal que ese gilipollas también gorroneara de vez en cuando ¿cierto?" Dijo al fijarse en que estaba mirando.
Eso es lo que había deseado muchos años, que mi hermano volviera y que todo fuera igual que antes pero ya no, no puedo cambiar el pasado. Lo único que puedo y tengo que hacer es aceptarlo, para luego aprender de él.
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chaising butterflies
Romance«No pienses que estoy huyendo de mis sentimientos o mi futuro. O incluso de ti. Yo solo estoy persiguiendo mariposas.» portada perfecta hecha por daniela, @beoncheshire
