Capítulo 10: Egoísta.

1.6K 65 2
                                        

Dos semanas después.

-Estoy bien, mamá, he conocido a gente.

-¿A gente? ¿A quiénes? – Preguntaba rápido al otro lado del móvil.

-Conocí a una chica en una cafetería, se llama Rosie, y nos estamos haciendo buenas amigas, también conocí a un chico, Austin, estudian también en la universidad. – Dije para tranquilizarla.

-Ah que bien, Edward me comentó algo de un tal Harry. – Mierda... Bocazas.

-Sí... no te preocupes, Harry es... - Dudaba en decirle que Harry era el famoso Harry Styles de la foto de mi habitación, pero si no se lo decía ella se enteraría de otra forma y la verdad no sé qué es peor. – Mamá... Harry es...

Decidí por contarle todo, evitando algunos detalles, y vaya si me costó tranquilizarle. Salió a la luz "mamá leona" como yo suelo llamarle. Esa típica madre protectora. Al principio no le pareció muy convincente, pero ella siempre ha sido comprensiva, nunca ha podido desconfiar de mí.

-Cuéntame que tal todo por casa.

-Pues cariño, no llevas tanto tiempo fuera. – Escuché su risa al otro lado. – Tu hermana va a apuntarse a una escuela de verano, yo estoy bastante liada en la oficina, por raro que suene.

-Eso es bueno – Reí también. – ¿Y tía Ana?

-Ya ha vuelto del viaje, llegó hace una semana. – El tono de su voz cambió, supuse que estaría contenta.

Ana es su hermana más pequeña, estaba de viaje con sus amigas por Grecia. Ella tiene 28 años, y a pesar de que nos llevamos a penas 8 años, la considero más como una amiga que como tía. Dicen que soy muy parecida a ella en cuanto a carácter y forma de ser. Las dos tenemos nuestras leyes y la mala leche.

-¿No estás contenta de que esté de vuelta?

-Sí, claro, estoy contentísima. Esta mañana mismo he estado con ella. 

-¿Y nada más? No hay nada que contar... nuevo, ni nada... - Vamos, hay algo más.

-No, no hay nada de qué preocuparse. – Dijo más alegre. No sé si fiarme, pero no puedo hacer más.

Seguimos así un rato más y con dificultad nos despedimos. Después de esta llamada estoy un poco echa mierda... no soporto no estar con mi madre. ¿Por qué tendría que venir aquí? Ni si quiera he pasado tiempo con mi padre. Y mis amigas, odio entrar a Facebook y ver todo lo que hacen. Todo lo que hacen sin mí.

Bajaba las escaleras y tocaron a la puerta, pero no fui a abrir. Paso de que alguien me vea de este humor. Corrí para ir al jardín de atrás. Cerré la puerta tras de mí y me acosté en una de las tumbonas que estaba bajo la rafia que cubría una pequeña caseta sin paredes y aun que no estuviéramos a la misma temperatura, cerré los ojos e imaginé que estaba en la playa. En mi casa, Alicante.

-Esperaba que me recibieras tú misma. – Dijo una voz ronca a mi derecha, abrí los ojos y giré mi cabeza para verlo, para mi sorpresa estábamos a unos centímetros, y él sonreía.

-Quería estar sola, ni si quiera sabía que vendrías. – Dije casi indiferente, de verdad que no estaba de humor, Harry no debería estar aquí, o acabará salpicándole.

-En eso se basan las sorpresas tonta. ¿Qué haces? – Dijo cogiendo otra tumbona y sentándose a mi lado.

-Pensar. – Dije sin más.

-¿Puedo saber en qué? A lo mejor puedo ayudarte. – Dijo poniéndose sus gafas de sol y girándose para poder hablar bien conmigo. Yo en cambio recuperé mi anterior postura.

-Estoy pensando en volver ya a España. – Harry no habló en ese momento, se quedó callado, escuchaba su respiración. Imitó mi posición y se acostó boca arriba.

-¿Estás segura? – Dijo tranquilo. – Porque creo que aquí no estás tan mal.

-Harry no tengo aquí a mis amigos, ni a mi familia... no estoy tan bien.

-Eres bastante egoísta, ¿no?

Concluyó levantándose a toda prisa, de un momento a otro escuché la puerta del jardín cerrarse de un portazo. Me levanté corriendo tras él, cuando no debería hacerlo, ni si quiera sé por qué se ha puesto así. ¿Yo soy una egoísta? ¿Por querer estar con los míos?

-¡Harry, para! – Logré decir antes de que cerrase la puerta principal.

-¡NO! - Gritó dándose la vuelta para mirarme. - Me voy, no tendría ni que haber venido.

-Es que ni si quera sé por qué has venido, ¿por qué te has puesto así?

-Venía a contarle a mi amiga que los chicos y yo hemos firmado para un nuevo disco. – Nos quedamos callados los dos después de sus gritos. – Pero no tengo ninguna amiga aquí por lo que veo. Ni tú tampoco.

Ahora sí, cerró la puerta y desapareció, y yo como una gilipollas me quedé ahí plantada sin nada que decir.

Entonces esta egoísta cayó en el problema, le molestó que dijera que no tenía aquí a mis amigos.

Siempre he dicho que mi carácter es mi problema, y mi boca no me ayuda. Digo cosas sin pensar, y a veces a quien no debo. Y esta vez la he cagado pero bien. Mis palabras no tenían ese significado. Claro que tenía amigos aquí, pero Lola y Patricia son mis hermanas y nunca había estado lejos de ellas. 

Pegué un grito histérico ahí mismo y volví a reaccionar cuando escuché el ruido del motor de su coche. Esperé un rato pensando en qué podía decirle para disculparme.

-No me cuelgues, no me cuelgues, no me cuelgues, vamos...

Decía una y otra vez con el teléfono en manos libres mientras escuchaba los tonos que me indicaban que Harry estaba disponible. Había esperado un rato para llamarle, pero ya llevaba 5 llamadas seguidas, y en todas me colgaba a los cuatro tonos. 

Decidí mandarle un mensaje aunque no me lo quisiera contestar. Le pedí perdón de mil maneras y no lo pensé más. No podía estar así con él. Me importaba demasiado. Nos habíamos unido mucho estas semanas y este era nuestro primer conflicto. Desde el primer día pensé que nuestra amistad no duraría más que un par de días, pero seguimos hablando todos los días después de la cena en su casa, y nos hemos visto también casi todos los días.

Nos hemos unido mucho en poco tiempo y nunca me había pasado esto con nadie.

Cogí la pelota de vóley que metí en la maleta. Hacía más de dos años que no la cogía. No sé ni por qué la metí en la maleta. Bajé al jardín de nuevo y empecé a botarla, di varios toques y la lancé a la pared. Empecé a jugar yo sola, cada vez le daba con más fuerza, a cada golpe que daba más me cabreaba, pero más descargaba adrenalina.

Ya llevaba cerca de una hora dándole al balón. Paré en uno de los golpes fallidos y cuando fui a recoger la pelota miré mis manos. Estaban rojas, hinchadas. La peor parte se la llevaron los nudillos de mis pulgares. Estaban aún más rojos y podía verse ya la sangre aparecer. El balón era viejo, y estaba un poco desgastado y despellejado, lo que hizo que los golpes fueran más bruscos. 

Dejé el balón a un lado y me tiré al césped. 

-Oye, eres buena en eso. – Dijo de nuevo otra voz, me levanté para verlo y estaba ahí parado, apoyado en el marco de la puerta.

-Louis, no te había visto. – Caminé hacia él para saludarlo.

-Normal, con esos golpes que dabas, creo que mejor que no me hayas visto. – Dijo riendo y yo le imité. – Vamos, te invito a cenar por ahí.

-No hace falta que actúes, sé que has venido por Harry. – Solté una pequeña risa cínica y pasé mi mano por mi pelo para echarlo hacia atrás. Mal hecho Ade, Louis ha visto mi mano.

-En primer lugar qué te hace pensar que vengo por Harry, y segundo, vamos a que te cure eso. – Dijo preocupado mirando las marcas de mis manos. – ¿Cómo una enana como tú puede dar esos golpes? Bruta...

-Seré pequeña para ti, pero no soy tonta, y sé que Harry os habrá montado una buena en casa como le hayáis hablado al llegar. En cuanto a los golpes... Práctica. – Dije victoriosa al descubrir lo que quería, pero acepté esa cena.


Extrañas coincidencias (Harry Styles) Terminada/Editando.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora