René Goscinny

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"La única cosa que tenemos que temer es que el cielo caiga sobre nuestras cabezas"

El brilloso esmalte violeta se esparcía sobre mis uñas de manera increíblemente pareja, había que admitirlo Joey tenía habilidad en esto.

-Creo que hasta puedo oír a mi madre regañándome por tener los dedos con mas esmalte que las uñas- habló la morocha casi en un susurro.

-Tu madre solía preocuparse mucho por su apariencia?- pregunté con leve curiosidad. Lo ultimo que hubiera pensado es que Joey provenía de una familia lujosa y cuidadora en apariencias teniendo en cuenta su clásico pelo enmarañado y su estilo hippie a la hora de vestirse. 

-Si, demasiado para mi gusto. Lo sé, no tengo ni una pizca de glamour en mi- contestó mis pensamientos- Madre ama de casa obsesionada con combinar atuendos y manicura intacta. Padre trabajador de oficina, no sabe lo que es pasar dos horas seguidas dentro de la casa, a menos que este ebrio o durmiendo. Hija que se dejó influir por hippies adictos a la marihuana y termino como hippie adicta al vodka y cerveza negra- finalizó con una leve carcajada al mencionar sus gustos en alcohol. 

Esto terminaba de confirmar que cada persona es un baúl de misterios, por mas libro abierto que sea.

-Y tú?- pregunto Joey al ver mi semblante pensativo- Familia perfecta? Hija mayor se mete en el narcotráfico por un novio delincuente y termina en un centro juvenil? Defiéndete, cuéntame tu historia- no iba a contestar, apreciaba como la morocha se había abierto hacia mi pero no pensaba hacer lo mismo. Solo quería que algún imprevisto surgiera y me haga salir de la ,ahora, incomoda conversación. 

Cuando ya el tiempo de silencio e incomodidad se había largado lo mas posible ,un pequeño papel perfectamente cortado se deslizo por debajo de la puerta. Y sin razonar, tomé con la mayor velocidad posible mi imprevisto deseado. Cuando mis uñas recién pintadas lograr abrir el papel, dejando unas leves marcas en tono violeta, logre distinguir unas siete palabras con una caligrafía que podía ser confundida con la de un niño de primaria: "Alguien ha dicho que soy feo?". Más que claro, Cole había escrito el papel.

-Que sucede?- Joey se puso de pie al ver que mis ojos había quedado petrificados mirando el papel mientras mi boca esbozaba una sonrisa poco propia de mi. 

-Joey, necesito irme. Lo lamento!- abrí la puerta situada delante mío y comencé a correr con tanta rapidez que logre ver la fisonomía del rubio caminando hacia el jardín.

Al ser tan alto sus pasos eran muy largo, tuve que correr mas rápido. Detuve mi paso al llegar delante de Cole y con la voz agitada logre decir:

-Como asumes que esa parte de la frase era dedicada a ti?-

-No puede ser la parte siguiente porque mi rostro no es angelical ni por asomo- contestó divertido al ver mi respiración agitada y mi rostro sonriente. 

-Puede ser que yo lo haya visto angelical..- contraataque. Me sentía feliz, una cosa simple como tontear con el rubio me ponía feliz.

-Créeme nadie lo ve- y el tonteo había desaparecido por un momento. Mis pensamientos entraron en ebullición tratando de averiguar como hacer que el divertido Cole volviera, cuando vi el bolígrafo utilizado para escribir la carta en una mano.

Tomé su mano y escribí mi próxima frase. "La única cosa que tenemos que temer es que el cielo caiga sobre nuestras cabezas"- René Goscinny. Coloque su palma contra su pecho y mantuve apoyada mi mano sobre la suya por una milésima de segundo.

-No la leas hasta que me vaya- y como llegué me fuí. Corriendo hacia toda velocidad devuelta al dormitorio.


-Ingrid

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