La mañana siguiente llegó más rápido de lo que hubiese deseado Wei Wuxian. Aquella noche soñó con él mismo en tercera persona, en un lugar que no conocía. El sitio estaba lleno de conejos, pero ninguno parecía querer ser acariciado por él. Wei Ying seguía intentando atrapar uno cuando, de pronto, sintió unos pasos. Unas manos que sostenían al conejito más blanco y esponjoso de todos se aproximaban; cuando elevó la cabeza para ver a la persona que había atrapado al animalito para él, despertó.
Una vez abrió los ojos, aquel sueño había quedado en segundo plano, pues la primera imagen consciente que su cerebro proyectó fue la de Jiang Cheng con el torso descubierto, el cabello suelto y goteando agua. Soltó un suspiro y cubrió sus ojos con el antebrazo. Qué injusto era esto... Se suponía que aquella noche iba a pedir aclaraciones con respecto a la carta de la segunda prueba, pero la situación dio un vuelco y terminó a punto de besarse con Jiang Cheng. Y era ahí, precisamente, donde todo era caótico. ¿Wei Wuxian quería ese beso? Pero todo era más complejo que eso; si hubiese existido ese beso y, para qué negarlo a estas alturas, ambos lo querían, aquello hubiese desatado el celo del omega. Quizás las cosas hubiesen ido demasiado lejos.
Lo único que podía hacer por ahora era intentar pensar en lo que habían conversado luego de aquello: que fluyera todo y que ocurriera lo que tuviera que ocurrir. Por suerte, Wei Wuxian era un gran especialista en volatilizar sus preocupaciones.
Hoy sería un día algo tenso: era la tercera prueba. Pero no era eso lo que estresaba a Wei Wuxian, sino que la mismísima Madam Yu era quien había diseñado la actividad. Básicamente, dos cosas pasaban por su cabeza como hipótesis: algo cruel o algo prácticamente imposible de realizar. Bueno, tal vez ambas.
A mediodía. Esa era toda la información, pero seguramente alguien le daría detalles antes de que fuese la hora.
Como nunca, aquel día despertó temprano. Eran exactamente las ocho. Se preparó para salir y, al abrir la puerta, lo primero en su campo visual fue una gran espalda.
—Eh... buenos días. ¿Podría, por favor, moverse? —dijo Wei Wuxian con su habitual rostro jovial mientras se aproximaba para salir.
—Buen día, joven amo. Lo siento, pero en este momento los invitados están transitando los pasillos —respondió el guardia, volviendo su rostro al frente.
—¿Y qué tiene que ver eso? ¿El suelo se romperá con el peso de una persona más? —refutó el omega a modo de broma, pero con un toque de molestia.
—Resguardamos a cada momento que podemos al joven amo Wei Wuxian. Los invitados no deben interactuar libremente con usted. Cumplimos órdenes.
—¿Desde cuándo se han vuelto tan estrictos?
—Siempre ha sido de esta manera. Mayormente no lo ha notado porque los horarios en que usted se mueve son muy distintos a los de los demás. Por lo tanto, si controlamos en dónde están los jóvenes pretendientes y sus acompañantes, entonces no hace falta que lo resguardemos a cada instante a usted.
—¿Tanta desconfianza hay?
—El amo Jiang Fengmian quiere todo recurso disponible para protegerlo. Además —el guardia le dirigió una pequeña sonrisa—, él piensa que mantener las distancias permitirá al joven amo llevar sus días lo más normalmente posible. Por favor, comprenda.
Wei Wuxian entendió en ese momento: su tío sólo lo cuidaba, como siempre.
Unos segundos pasaron y el guardia se retiró.
Caminando hacia el gran comedor, Wei Wuxian fue interceptado por otro guardia, pero este no era cualquiera: era la mano derecha de Jiang Fengmian, quien básicamente era de la familia, y verlo ahí solo podía significar una cosa: Jiang Fengmian había regresado y, por ende, también Madam Yu.
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Wei WuXian, el omega más deseado.
RomancePor convencionalismos sociales además de tradición, cuando un omega resaltaba sobre los demás por distintos atributos como belleza, astucia, inventiva, personalidad, elegancia u otras habilidades difíciles de encontrar en un omega. Estos se volvían...
