Los estruendosos truenos despertaron a Hermione Granger. No eran todavía las 7 de la madrugada cuando la chica decidió que seguir oyendo aquella escandalosa tormenta no le iba a permitir dormir. Miró con curiosidad al chico que se hallaba a su lado y no pudo evitar sonreír. Draco Malfoy tenía una mejilla aplastada contra la almohada, los ojos cerrados y la boca entreabierta, respirando con fuerza, y a la vez, elegancia. Sin duda el rubio había cambiado. Hermione le dio una leve caricia en la mejilla y se fue a la cocina, donde se dispuso a desayunar.
- Mmm - murmuró, mirando hacia arriba, pensando en su desayuno - Un vaso de leche caliente y unas tostadas con mantequilla... Y también un zumo de naranja, por favor.
Las cosas aparecieron sobre la mesa, y ella sonrió, inspirando aquel maravilloso olor a comida mañanera.
La chica se sentó y miró por la ventana mientras desayunaba. Los árboles de alrededor chocaban entre sí, y algunas ramas batían con fuerza sobre la misma ventana. La castaña bajó la persiana e intentó concentrarse en otra cosa, la tormenta le recordaba a la muerte, y la muerte, a su mejor amigo. Joder. No podía sacarse a Harry de la cabeza, lo había perdido para siempre. E intentaba asumirlo, pero los humanos siempre tenemos esa estúpida sensación de esperanza, como si en algún momento fuera a volver. Pero no, no iba a volver. Harry Potter estaba muerto. Hermione se limpió las lágrimas y apoyó su cabeza en sus manos. Suspiró y miró al techo, examinando su situación. Al menos no estaba sola.
- Buenos días, Granger - dijo el rubio entrando en la cocina. Bostezó, se desperezó y se sentó en la silla que había frente a ella.
- Quiero una manzana - ordenó él, haciendo que una manzana verde apareciera en la mesa - A saber desde cuando estás despierta... - comentó mordiendo la manzana.
- Una media hora - se encogió de hombros y le sonrió - Tú y tus manzanas.
- Siempre - le guiñó un ojo. Otra vez ese calorcito en su cintura. Mierda. Cómo Draco Malfoy la hacía sentir tan bien.
Cuando ambos acabaron su desayuno, uno tan sano y otro tan escaso, se turnaron para ducharse, y después se vistieron.
- No sé qué vamos a hacer hoy - murmuró ella. Tenía una camiseta roja, que dejaba su vientre al aire, y unos vaqueros azules de tiro alto, y una sudadera negra desabrochada.
- Con este tiempo no podemos salir - le dio la razón él, mirándola. Se había puesto una camiseta ajustada blanca y ojos pantalones de chándal grises.
- Mmmmm. Podemos hablar - propuso ella, jugando con un tirabuzón.
- Hablar... ¿De qué? - preguntó él.
- De ti, ¿estás mejor?
- Sí... ¿Y tú?
- Sí.
- No, has estado llorando - dijo acariciando con la yema de sus dedos su párpado inferior. Estaban sentados uno en frente al otro. Muy cerca. Al ver que ella no respondía, decidió hablar él.
- ¿Qué tenías con Weasley?
- Entre Ron y yo no hubo nada - ella sonrió, sincera - Es cierto que me gustó, pero dejó de hacerlo después de lo de Lavender. No merecía la pena. ¿Sigues con Pansy?
- Nah, lo mío y lo de Pansy fue algo pasajero. Algunas folladas de vez en cuando, sí.
Hermione se ruborizó y Draco rio.
- No me puedo creer que sigas virgen.
- Tampoco es para tanto.
- Lo es.
Ella rodó los ojos.
- Tendremos que arreglarlo.
- A ver cómo, si estoy encerrada en esta casa.
Draco alzó las cejas y le sonrió con picardía. Hermione se sonrojó y se hundió en su asiento. Su jodida sonrisa otra vez.
- Que inocente eres, Granger - dijo él riendo - Si no hubiera sido tan idiota, me hubieras caído genial en Hogwarts.
A Hermione esas cosas le llegaban demasiado, demasiado profundo.
- Tú me caes genial ahora - dijo ella.
- Tú siempre me caíste genial, en el fondo muy fondo.
Tenía que hacerlo, no podía resistirse. Aquella sonrisa y aquel perfume a tarta de manzana se lo estaban pidiendo a gritos.
- Draco.
- Dime.
- Déjame abrazarte.
Él sonrió y ella se echó sobre él, rodeándole con los brazos, mientras él la rodeaba con los suyos. Lloraban. Lloraban porque echaban de menos a sus seres queridos. Lloraban porque en un día ya se habían cogido cariño. Lloraban porque la vida es injusta, pero a la vez bonita. Lloraban porque se tenían el uno al otro. Lloraban porque se sentían cerca, se sentían semejantes. Lloraban porque necesitaban llorar.
- Todo va a salir bien, Hermione - sollozó él acariciándole el pelo.
- Estamos solos tú y yo. Solos tú y yo contra todo esto - murmuró ella con la cabeza apoyada en su hombro.
- Nos tenemos, Hermione, y aunque sea raro, ambos hemos cambiado.
- Voy a quererte, Malfoy, de verdad que voy a quererte. Y me temo que no poco.
- Lo harás - rio él con tristeza. Y continuaron abrazados por mucho tiempo, olvidando el pasado, sintiendo afecto. Agradecían la presencia del otro. Joder, qué bien olía Hermione. Joder, qué bien se estaba abrazada a Draco.
ESTÁS LEYENDO
Solos tú y yo.
FanficLa Segunda Guerra Mágica tiene un final trágico. Harry Potter cae muerto a los pies de Voldemort y los hijos de muggles, traidores a la sangre y oponentes a sus reglas, se verán condenados a la muerte. Hermione Granger no tiene otro remedio que huir...
