Hermione recordaba a la perfección aquel lugar, aquella mujer y aquel dolor espantoso. Era la tercera vez que sufría un cruciatus, y el primero había sido igual que aquel. En ese suelo, con esa bruja y otro insufrible interrogatorio.
- ¡¿DÓNDE ESTÁN TUS AMIGOS?! - gritó Bellatrix, desquiciada.
Hermione la miraba, con los ojos llenos de lágrimas de dolor, tanto físico como psicológico. Se negaba a decirle la verdad.
- Granger, sabes que no tengo problema en torturarte hasta la muerte, ¿verdad, cielo? - dijo la mortífaga con una sonrisa que expresaba plena locura.
Hermione no apartó su vista de la de ella. Sabía perfectamente de lo que era capaz la Lestrange, y más.
- Está bien, guapa, tú lo has querido - susurró en el oído de Hermione - ¡Cissy! El puñal, por favor.
Narcisa Malfoy cogió el puñal con las manos temblorosas. Hermione la miró. Si la vida no fuera tan injusta, ella estaría en una casa en el campo, con Draco y... ¿tres niños? Sí, tres niños. Se los imaginó. Un rubio, una rubia y otro moreno. Cada fin de semana los Malfoy irían a visitarlos. Pero eso no era la realidad, Draco no la quería e iban a asesinarla.
- Cissy, haz tú los honores - le ordenó Bellatrix - Tendremos que retocar esa cicatriz de su brazo - señaló la palabra "sangre sucia" que ella misma había dibujado - Y hacerle varios cortes profundos por el cuerpo. Después torturarla hasta que deje de respirar.
Hermione suspiró cuando Narcisa se arrodilló delante de ella, con puñal en mano.
- Su hijo está en una tienda muggle, cerca del acantilado - susurró la Granger, que se paró para toser - Es invisible porque tiene muchos hechizos que la protegen. Está con Ron y Ginny Weasley y Blaise Zabini. Pansy también estaba con nosotros. Cree que usted está muerta.
Narcisa sonrió con ternura.
- Ya he hecho esto una vez, reina, y me salió bien. Hazte la muerta.
Hermione sonrió y obedeció.
- Bella, no respira.
- ¿Tan débil es? - se impresionó Bellatrix, acercándose a la chica para comprobar si era cierto. Hermione aguantó la respiración - Bueno, pues qué rápido se ha acabado la diversión.
- Pansy - dijo Narcisa - ¿Por qué no tiras el cadáver al acantilado?
Pansy, que no sabía que la chica estaba viva, la levantó del suelo con los ojos llenos de lágrimas y la sacó fuera.
- No creas que te voy a tirar, Hermione. Mereces estar enterrada. Lo siento muchísimo. Sé que estás muerta, sé que no me escuchas, pero yo obligué a Draco a acostarse conmigo. Usé un imperio...
Pansy rompió a llorar.
- Le quiero, Hermione. Le quiero como nunca he querido a nadie y no fui capaz de afrontar que él se había enamorado de alguien que no era yo. Y ahora estás muerta por mí culpa y Draco está destrozado.
La tumbó en el suelo y le acarició el rostro. Fue entonces cuando abrió los ojos y la tapó la boca a Pansy antes de que esta gritara.
- Antes de que digas nada, estoy viva. Necesito una escoba. Rápido.
La chica obedeció.
- Tú te quedas, tenemos que venir a buscar a toda la gente que está encerrada allí dentro. Tenemos que ganar la guerra.
Dicho esto, la chica emprendió el vuelo, hasta llegar a la tienda donde se hallaban sus amigos.
- ¡Draco! - gritó.
Draco, que estaba dentro de la tienda con los ojos fundidos en lágrimas reconoció su voz y corrió hacia la puerta, cuando la abrió y la vio, la chica se abalanzó sobre él.
- HERMIONE - chilló Draco, estujándola entre sus brazos - HERMIONE, JODER.
Al oír los gritos, los otros tres chicos salieron de dentro de sus habitaciones. Estaban dispuestos a ir a saludar a la chica cuando Draco la levantó del suelo y se fundieron en un apasionado beso. Ginny y Blaise sonrieron.
Cuando ya todos se habían saludado, Blaise, Ginny y Ron decidieron ir a por comida.
- Tengo que curarme las heridas - dijo Hermione.
- Te ayudo - respondió Draco.
- Con un simple Episkey ya está, Draco.
- No, Hermione, después de lo que nos has contado... Bellatrix siempre hace heridas malditas, que se curan con agua oxigenada y algodón.
- Así lo hacían mis padres - sonrió ella.
- Túmbate en el sofá, yo te traigo ropa limpia.
Hermione se sentó en el sofá y cogió el agua oxigenada y el algodón. Y ahora... ¿debía quitarse la ropa? ¿Cómo iba a curarle Draco las heridas si no?
Cuando Draco volvió, se sorprendió muchísimo al ver a la chica semidesnuda sobre él sofá.
- Vaya - comentó ya sentado delante de ella - Con subirte la camiseta ya estaba...
- ¿Quieres que me vista?
- No.
Hermione rio al ver la sonrisa de Draco.
En cuanto el chico comenzó a pasar el algodón mojado por su cuerpo, volvió a pasarle exactamente lo mismo que aquel día en el baño de la casa. Cruzó las piernas.
- Draco...
- Dime.
- ¿Puedes quitarte la camiseta?
Draco la miró con las cejas alzadas.
- ¿Qué te ha hecho mi tía para que pierdas la inocencia?
- Hazlo, por favor.
- Si nos empezamos a quitar la ropa acabaremos haciendo cosas muy divertidas pero... estás cansada y llena de heridas. Otro día, ¿vale?
Dicho esto, la besó en la boca y la ayudó a vestirse.
- Eres preciosa.
- Tu madre está viva, Draco.
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Solos tú y yo.
ספרות חובביםLa Segunda Guerra Mágica tiene un final trágico. Harry Potter cae muerto a los pies de Voldemort y los hijos de muggles, traidores a la sangre y oponentes a sus reglas, se verán condenados a la muerte. Hermione Granger no tiene otro remedio que huir...
