-Amaia...Amaia...-Amaia entreabrió los ojos encontrándose con aquel precioso rostro con el que creyó haber soñado la noche anterior. Se sobresaltó sentándose en la cama y tapándose con las sabanas.-Has apagado el despertador cuatro veces.-Le dijo él divertido.-Creo que es hora de que te levantes.-Ella aún estaba un poco alucinada por ese despertar. Sacudió la cabeza cerrando los ojos y mirándolo de nuevo.
-¿No fue un sueño?.
-¿El que?.
-¡Tú!, no pudo haber sido...o maldición, dime que todo esto es una broma y que no eres un ángel de verdad.-Él rió por lo bajo.
-En realidad soy un Ángel Serafín.-Dijo divertido. Amaia se levantó de la cama presurosa.
-Esto tiene que acabarse. Me estoy volviendo loca de verdad. ¿Qué tengo que hacer para que te vayas?.
-Dejar que cumpla mi misión.
-Claro la puñetera misión que no sabes cual es ¿no?.-Alfred asintió sentando en la cama.
-Oye, tu sofá es un poco incomodo ¿eh?, casi no pude dormir.
-Pues jódete porque yo no te invité a dormir.-Se quedó en medio de la habitación mirándolo y una vez más no pudo evitar admirar la belleza de aquel ser.
-¿No te han lavado nunca la boca con jabón?.
-Pues no, y créeme que tú no vas a ser el primero. Y ya enserio, puedes irte, chaval. No necesito a nadie. Ni siquiera a un ángel.
"Por mas bueno que este". Él rió.
-Quizás deberías saber que puedo escuchar eso.
-¿Puedes escuchar el que?.
-Lo que piensas, puedo saberlo.-Ella lo miró desconcertada.
-¡Eso no es justo!.-Dijo avergonzada.
-No, pero es muy útil.-Dijo pícaro. Amaia aún cabreada entró al baño dejándolo allí sonriente.
Se quitó la camisola y se metió dentro de la ducha.
-Puedo escuchar eso.-Dijo divertido del otro lado de la puerta. Amaia apretó la mandíbula.
-¡Metete en la cabeza de otro, anda!.-Le dijo cabreada. Lo escuchó reír.
-Deberías darte prisa, se hace tarde y tienes que conseguir un buen trabajo.
-Sé bien lo que tengo que hacer ¿eh?. Déjame en paz...-Le contestó.
"Lo que me faltaba, que aun ángel viniera a sermonearme en la mañana..."
-Eso también lo puedo escuchar.-Dijo con voz divertida.
-¡Para de escuchar lo que pienso!, es de mala educación.
-Lo siento, no lo puedo evitar...
-Ya, claro...-Terminó de ducharse y salió del baño aún medio cabreada, la presencia de Alfred estaba comenzando a ponerla nerviosa.
Él pareció no inmutarse al verla solo con la toalla alrededor del cuerpo.
-Es tarde...
-Y una mierda.-Dijo ella. Caminó hacia el closet y luego se giró para mirarlo.-¿Y podéis ver mujeres en toalla?, digo, ¿no es pecado o algo?.-Él rió demasiado divertido, pensaba que esta mortal era con la que mas se había reído.
-De donde vengo estamos acostumbrados a no vestirnos con estas ropas.-Le dijo señalándose el jersey marrón que aún tenía puesto. Ella levantó las cejas.
