Alfred frunció el ceño.
-Amaia...-Murmuró la mujer al borde del llanto.
-¿Tú que coño haces aquí?.-Preguntó la aludida con un tono que hasta a Alfred le pareció borde.
-Yo...quería verte...
-Pues ya me viste, adiós.-Intentó cerrar la puerta pero Alfred la detuvo mirándola impresionado.
-Amaia.-Le dijo. Ella lo miró.
-Tú no te metas.-Le murmuró.
-Me meto porque no se le cierra la puerta a la gente en la cara...¿Quién es?.-Amaia apartó la vista y miró a la mujer con los ojos llenos de rencor.
-Mi tía.-Dijo mirándola, la mujer apartó la vista.-Pero ya se va ¿verdad?.-La mujer la miró con los ojos llenos de lágrimas y se giró para irse. Amaia apretó la mandíbula y se fue cabreada hasta la cocina. Alfred que aún estaba alucinado salió rápidamente y tomó a la señora del brazo.
-Espere...-La señora se giró mirándolo con miedo.-No se vaya por favor.-Dijo amablemente.-Estoy seguro que Amaia no quería tratarla así...-La señora sonrió a medias.
-Oh, no te preocupes. Lo merezco de todas formas...-Bajó la vista y Alfred la tomó dulcemente por el mentón para que lo mirase.
-Nadie merecer ser tratado así.-La señora sonrió.
-Me alegro que Amaia haya encontrado alguien tan bueno...se ve que la quieres mucho.
-La amo.-Dijo él con los ojos brillantes.-Por eso es que quiero eliminar cualquier resto de dolor, miedo o rencor que haya en su corazón, quiero que sea completamente feliz...
-El rencor que siente hacia a mi es bastante justificado...
-Se equivoca. Lo más lindo luego del amor es el perdón, y yo sé que Amaia la perdonará, porque su corazón aunque ha sufrido mucho, es tan grande y puro que la perdonará...
-Es lo único que quiero ¿sabes?, no espero nada más de ella, sé que cuando vivía conmigo yo no...-Alfred levantó la mano para que se callara.
-No vale la pena recordar el pasado cuando es tan doloroso.- Sonrió encantadoramente y se hizo a un lado.-Adelante, por favor. Ahora es mi invitada de lujo.-Anunció y ella rió, que muchacho tan encantador, pensó.-¿Cómo es su nombre?.-Le dijo él cerrando la puerta a su espalda.
-Susana...-Dijo ella sonriendo medio avergonzada.
-Yo soy Alfred.-Le dijo él con su encantadora sonrisa.
-¿Y hace mucho que os casasteis?.
-Oh no.-Rió.-Hace unas semanas nada mas pero han sido las mas felices de mi vida.-La señora sonrió de nuevo. Este chico era demasiado encantador, se sentía tan feliz por su sobrina. La pobre había sufrido mucho y ella había colaborado en ese sufrimiento, por eso el saber que tenía a alguien como este chico la había alegrado mucho.
Vieron entrar a una chica preciosa muy parecida a Amaia restregándose los ojos que se detuvo mirando a la señora.
-Buenos días.-Dijo confundida y medio soñolienta.
-Hola.-La saludó Susana sonriente. Isabel miró a Alfred.
-Es la tía de tu madre.-Le anuncio él. Isa levantó las cejas.
-Ah...yo soy Isabel...
-La hija de Amaia.-Rió Susana.-Sois dos gotas de agua.-Isa sonrió a medias.
-Siempre me dicen que soy una miniAmaia.-Todos rieron.-Bueno, voy a lavarme al baño.-Y siguió su camino hasta la habitación de Amaia donde se encontraba el baño.
