-¿Qué...que pasa?.-Alfred se hizo a un lado asustado y cayó al suelo. Amaia frunció el ceño aun con la respiración acelerada y se asomó viéndolo tirado en el piso con cara de horror.
-¿Alfred?.-Murmuró. Él la miró con los ojos como platos.
-No puedo...no puedo desaparecer...-Dijo en un susurro.
-¿Qué?.-Amaia vio como la miraba con miedo.
-No puedo escuchar lo que piensas...no puedo...-Se levantó asustado haciendo que Amaia se levantara de la cama también.
-¿Estás bien?.-Alfred respiraba entrecortadamente. Vio como cerraba los ojos y luego los abría.
-¡No puedo!.-Exclamó.
-¡Alfred!.-Le dijo ella para que reaccionara.-¿Qué pasa?.-Lo tomó suavemente por sus fuertes brazos.
-No tengo mis poderes, Amaia.-Ella levantó las cejas.
-¿Qué? Pero...¿estás seguro?.
-¡Claro que estoy seguro!.-Dijo con horror.
-Bueno bueno...calma.-Dijo confundida.-¿Los ángeles no perdéis los poderes a menudo no?.- Él la miró con sorna.-Vale, solo preguntaba.
-Es que...no puede ser...no no...-Caminó alrededor de la habitación poniendo a Amaia nerviosa.
-Alfred ¿podrías dejar de caminar de un lado a otro?.
-¿Tú me has escuchado? ¡no tengo mis poderes!.-Se colocó las manos en la cabeza.
-Bueno, quizás es mucho mejor así...- Él la miro frunciendo el ceño.-Al menos no te desapareciste esta vez.-Rió entre dientes.
-¿Qué?...dios no.-Se sentó en la cama.-Vale esto, esto tiene que ser algo pasajero...quizás por todo lo que sentí con el beso...-Murmuraba para si mismo mientras Amaia lo miraba divertida.
-¿Ah si? ¿Sentiste muchas cosas con el beso?.- Él la miró de una forma que la hizo carcajear.
-No es gracioso, Amaia, esto...esto...nunca me había pasado.
-Lo imagino.-Dijo sin dejar de mirarlo divertida.
-Mamá...-Isabel llegó a la habitación y al ver aquella escena frunció el ceño.-¿Paso algo?.
-Parece que el angelito se ha quedado sin batería.-Dijo mirando a Alfred.
-No es gracioso.-Dijo nervioso cerrando los ojos.
-No entiendo.-Dijo Isa.
-Dice que no tiene sus poderes. Como si fuese superman...-Rió Amaia.
-¡Basta!.-Exclamó Alfred.-No es gracioso, Amaia, ¿no lo ves?. Soy humano...¡soy un humano!-Se levantó de nuevo de la cama tocándose para darse cuenta de que todo aquello era real. Amaia frunció el ceño al ver que Alfred comenzaba a sudar.
-¿Alfred?.
-Soy...soy...humano...-Comenzó a temblar y su cuerpo comenzó a estremecerse con los sollozos.
-Alfred, cálmate...-Se acercó a el tocándole el brazo, e incluso debajo del jersey notó que estaba caliente.-Estás hirviendo...¿te sientes bien?.
-No...no me...-Y antes de terminar de hablar de desvaneció sintiendo que perdía las fuerzas y cayendo en los brazos de Amaia.
Unos dedos le acariciaban la piel y abrió los ojos. Nunca se había sentido tan cansado. Se sentía tan humano, tan vulnerable, que todo le daba muchísimo miedo. Vio el rostro de Amaia mirándolo con cariño, levantó su mano acariciándole la mejilla y ella sonrió a medias. Sentía mucho frio, un frio que nunca había experimentado. Se revolvió y se dio cuenta que estaba casi denudo entre las sabanas, solo llevaba sus calzoncillos... tenía frio, aunque sentía el cuerpo empapado en sudor, tenia frio.
