Ryan
La velocidad y yo no somos muy amigos que digamos. Todo empezó cuando mi padre tuvo varios accidentes, todos por exceso de velocidad. Esta vivo de milagro, pero eso no significa que su cuerpo no tenga algunas consecuencias de esos accidentes. Miro a Angela que esta echa un desastre con tanta sangre en su cara y brazos. Se ve muy mal, pero aun así sigue luchando para mantenerme vivo. Creo que si la subestimé un poco cuando la vi.
¿Pero quién no lo haría? O sea, solo mírenla es una persona tan delgada y pequeña que nunca creerías que podría tener la fuerza y su espíritu de lucha hasta que la ves peleando y dejando todo de si en el campo de batalla. Así que acepto mi error de juzgar sin conocer, ahora solo la dejare hacer su trabajo sin pelear tanto
Bueno, puede que pelee un poco.
Angela se estaciona al frente de su apartamento, que parece más una casa, y apaga el carro rápidamente para bajarse. Miro con horror su espalda llena de sangre, pero ella no le presta atención. Es como si no hubiera pasado nada, aunque estoy seguro que por dentro tiene que estar aguantando todo el dolor que siente. Me bajo del auto también y de momento un grito me pone alerta.
¿¡Qué sucede!?
¿Vamos a morir?
Miro hacia Angela y la encuentro con otra mujer revisándole mientras le habla en otro idioma que no se. Tal vez sea italiano.
—¿Qué diablos te sucedió?— Angela solo mira mientras que ella comienza a hablar en el otro idioma. —Un giorno morirai per salvare la vita di altre persone.
«Algún día morirás por estar salvando la vida de otras personas.»
Angela sonríe y le besa la frente antes de susurrar en italiano también:
—È il mio lavoro, zia, sai com'è.
«Es mi trabajo, tía, ya sabes cómo es esto.»
Creo que me ha hechizado voz proyectando ese acento tan perfecto. Es como si acariciara cada palabra que sale de su boca y lo hace sonar tan sensual que me quedo mirándola como idiota y ella se da de cuenta porque me mira divertida.
—Vamos a entrar a curarte todo esto, no vaya a ser que te de una hemorragia.
—¿Este es tu supuesto apartamento?—Le pregunto a mi guardaespaldas y ella niega mientras sigue a la señora que no me ha presentado
—Este no es el apartamento del que te hable, es la casa de Akira—. Me señala a la mujer que viene hacia nosotros con un maletín de primeros auxilios. —Ella es como mi enfermera personal. Ha curado cada herida que me he hecho en esta profesión.
—Y créeme que han sido muchas, a esta chica no le da miedo la sangre. Un gusto en conocerte chico—. Acepto su mano cuando me la ofrece y le sonrío.
—No puedo tenerle miedo a la sangre si tengo que verla siempre cada vez que acepto este tipo de trabajo—. Angela se quita la camina y creo que siento ganas de vomitar otra vez cuando veo el cristal incrustado en su espalda baja.
Akira hace una mueca y mira bien la herida antes de ponerse unos guantes, busca unas pinzas, alcohol y unas gasas.
—Bueno, esto va a doler pero eso ya lo sabes—. Parece que va a ponerle algún tipo de anestesia porque busca una aguja y la llena de un líquido transparente. Angela se recuesta en el sillón y deja que Akira comience a trabajar.
Sus ojos se encuentran con los míos y no sé cómo debo verme pero la risa que suelta me hace dejar ir un poco de la tensión que sentía. Veo como Akira toma el pedazo de cristal con la pinza y sin avisar la saca rápidamente. Los ojos de mi guardaespaldas se cierran con fuerza y suelta un pequeño gemido de dolor, pero no hace nada más. Ya yo estuviera llorando y rogando que me durmieran para no sentir más dolor. Akira limpia la herida a profundidad lo que hace que Angela la maldiga y esta solo sonríe antes de inyectarle algo.
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Guardaespaldas (EDITANDO)
Gizem / GerilimMi nombre es Ángela Croft y soy la hija de los dos mejores guardaespaldas que ha tenido Estados Unidos. Mi padres son los guardaespaldas de cada presidente que toma el liderazgos del país. Desde los 6 años mis padres me enseñaron a defenderme y se t...
