Capitulo 31 || Cortando máscaras y eligiendo bandos.

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-¿Hola?

-Milo, hijo. Soy yo.

-Ah. Hola abuelo. ¿Qué sucede?

-Necesito que vengas urgente a casa.

-¿La abuela está bien? ¿Tú estás bien?

-Tu abuela y yo estamos bien, pero necesito que vengas por algo completamente diferente.

-¿Puedo preguntar qué es? Es que estoy algo ocupado aquí en la casa.

-Milo... Tienes que venir ahora. No puedo decirte nada más que eso, pero te explicaré hasta la última palabra y duda que tengas.

El rubio frunció el ceño con molestia y miró a su pareja, que lo miraba con confusión desde entre las sábanas, mientras tomaba un té de desayuno.

-De acuerdo, abuelo. Me visto y voy para allá.

-Trae a tu prometido. Esto es algo que él debe saber, ya que luego debe de hablar con su padre al respecto de esto.

-Esta bien. Ahora le digo y salimos para allá.

-De acuerdo. Gracias pequeño.

-Nos vemos, abuelo.

Cortó la llamada, pero no tuvo que hacer nada más que eso, ya que, al darse la vuelta, vio como Camus, sin indicación alguna de su pareja, salía con un poco de apuro de la cama y comenzaba a vestirse.

-¿Sucedió algo malo?

-No lo sé, pero se oía bastante preocupado. Como si algo realmente malo hubiera ocurrido.

-¿La señora Garnet está bien?

-Me dijo que si, que nada estaba mal ni con él ni con mi abuela, pero que quería verme urgente. Bueno, a los dos quería vernos.

La misma mueca de desconcierto que llevaba el rubio, se le contagió a su pareja apenas si le dijo esa última cosa. A Camus le parecía todavía más extraño todo eso, ya que, si bien, Krest apoyaba todo lo que hiciera feliz a su nieto, a Garnet no le gustaba nada la idea de que su niño estuviera en una relación con un hombre y mucho menos que ese hombre sea el hijo de la persona que ella aún consideraba responsable total de la ruina de la familia que su hija había creado. Si hubiera sido posible, también hubiera acusado a Degel de la muerte de Calvera, pero como era algo público la enfermedad que la llevó, nunca pudo ensañarse de la manera que le hubiera gustado, aparte de que su estado deteriorado de salud, con el correr de los años, nunca le fue posible enfrentarse al galo mayor como le hubiese gustado. Garnet detestaba a Camus mucho más de lo que detestaba a Degel, y haría lo que estuviera a su alcance para separarlos, pero la fuerza con la que Milo defendía su relación, la fuerza con la que defendía a Camus y hasta como defendía a Degel, le hizo entender muy bien que le sería imposible hacer tal cosa, aunque eso no significaba que ella dejaría de intentarlo, para desgracia de los jóvenes.

Camus no podía dejar de pensar en eso mientras iban de camino a ver a Krest, y un enorme sentimiento de desconfianza crecía más y más en su interior a cada minuto que pasaba. Desde hacía tiempo sabía que su vida, su entorno, todo lo que conocía, no era para nada como lo creyó y la idea de que iba a toparse con otra mentira siendo descubierta era lo primero que se le venía a la cabeza cada que despertaba. Sus días, últimamente, estaban repletos de incertidumbre y desconfianza, miedo también algunas veces, miedo de que Shijima se le aparezca de repente y le quite a su padre, a su novio, sus amigos, miedo de que su locura llegara a su límite e hiciera cualquier barbaridad en la que nadie pudiera detenerlo y lo deje totalmente solo y a su merced, porque por más fuerte que Camus fuera , si se veía totalmente solo y sin una sola persona en donde buscar apoyo, inevitablemente quedaría vulnerable y Shijima podría manejarlo como quisiera.

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