Capítulo 25 || El alcohol, las malas ideas y los verdaderos pensamientos

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Desde aquel encuentro, las nevadas no se habían detenido ni un solo día y eso hacía que todas las situaciones tomaran un tinte entre nostálgico y casi depresivo. Todos lo estaban pasando mal, pero por sobre todos los demás, Degel y Milo eran quienes más mal lo pasaban.

Por otro lado, la casa Belier-Libe, se había transformado en algo parecido a un fuerte o unas instalaciones súper secretas de guerra, y por esa situación, todos los involucrados en el asunto, acabaron viviendo bajo el mismo techo, bajo la protección y supervisión de los Lords, y eso también terminó por incluir a Albafica Poisson y Degel Diamonds. Aunque los mayores entendieron perfectamente el porqué de esa decisión, al padre de la rosa, le daba una sensación de sofoco enorme tener que estar siempre mirando sobre su hombro, pendiente de cualquier cosa que pudiera ocurrir, empezar a mostrarse casi paranoico en ciertas situaciones, al punto de parecer desconfiar de hasta su propia sombra e ir casi como un niño a pedir permiso a Shion o Dohko para salir a donde sea. Estaba cansándose realmente rápido de la manera en la que Shijima los arrojó a vivir, que de verdad tenía ganas de acabar con todo eso, yendo directo con el pelirrojo para matarlo con sus propias manos, pero sabía mucho mejor que hacer eso solo les desgraciaría la vida a sus hijos mucho más de lo que ya estaba.

El pensar en sus hijos le dio un poco de calma, ya que hacía mucho tiempo que había podido compartir una tarde o hasta una comida con Dite y Cardinale, y pensaba que ese encierro, en parte, era lo mejor que podía haberles pasado en el último tiempo, aunque una parte suya, una muy grande, solo deseaba que todo acabara pronto para volver a su casa, a su vida normal y dejar todo este tortuoso asunto en el pasado. Aunque si lo pensaba bien por otra parte, tenía una oportunidad enorme para poder cumplir con un deseo que desde hacía muchos años conservaba. Era algo cruel aprovecharse de la situación, pero no tendría otra chance, por lo que intentaría hacer realidad su sueño.

Pero por su propio lado, Degel no quería saber nada de nadie, ni siquiera quería sentir su vida misma. Desde que sus hermanos se mostraron nuevamente, y con eso, se supo que el gran amor de su vida, no se había suicidado en realidad, el francés mayor había colapsado finalmente y, dejando salir años y años de angustias ocultas, falsos daños y autoincriminaciones en todas las muertes que no fueron por su responsabilidad, se quebró de la peor manera y cayó en una depresión más grande de la que ya le habían diagnosticado varios años atrás y por la que hasta ese mismo día, llevaba tratamiento a espaldas del mundo entero.

Poco más de veinte días habían transcurrido desde ese día en que la verdad se supo y desde ese mismo instante, Degel no volvió a decir palabra alguna con nadie. Shion había mandado casi de inmediato a las mucamas, a acondicionar una habitación para tenerlo allí, pues por las actitudes que había tomado inmediatamente luego de que vio a Kardia, le hicieron preocuparse en demasía por su seguridad, por lo que decidió tenerlo cerca para vigilarlo de que no cometiera locura alguna, y por su lado, Dohko había logrado conseguir de inmediato a uno de los mejores psiquiatras de París para que le diera algo de ayuda al galo, pero ni eso servia ya que Degel simplemente se levantaba de la cama para sentarse al lado de la ventana durante todo el día, mirando la nieve caer, ignorando a cualquiera que se le acercara, ignorando las preguntas de su hijo cuando este le cuestionaba si se sentía bien o necesitaba algo, ignorando al médico cuando llegaba y se sentaba a su lado para tratar de ayudarle a mejorar, y hasta ignorando a las mucamas o hasta a la misma Shaina cuando le decían que la mesa estaba servida y podía bajar a comer, que estaban esperándole. Ni siquiera se giraba a mirar cuando le subían la comida y se la dejaban al lado de la cama para que dispusiera de ella cuando quisiese.

Con solo abrir la puerta y mirar hacia adentro de la habitación, cualquiera que viera a ese hombre en semejante estado, casi catatónico, con la mirada perdida en un punto sin sentido, todo el día sentado en el mismo lugar, llorando en silencio, sin secar sus lágrimas que dejaban sus marcas en aquella piel casi pálida, se iba a dar cuenta casi sin pensarlo ni dudarlo, que de aquella persona que era el terror de cualquier ser humano en este mundo, ya no quedaban ni los rastros de su sombra ya que lo único que ahora se tenía de aquel increíble y casi irreal ser, no era más que un hombre simple que se estaba abandonando a sí mismo, que se estaba dejando morir lentamente, sufriendo en silencio y sin importarle nada.

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