Capitulo 6 | | Busquemos nuestra verdad

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Shion, a menos que haya sido alguien invitado por él mismo o por su esposo, no permitía que nadie que no fuera parte de su organización, se sentará a comer con él en el comedor principal.
Por dicha razón, Camus tuvo que desayunar, almorzar y cenar solo en la habitación de Milo, mientras que el rubio lo hacía con sus compañeros y sus jefes.

A Camus, si le preguntaban, no le interesaba para nada ese acto, ya que siempre se la había pasado solo y el comer en la misma mesa con su padre fue algo que jamás tuvo, ni siquiera cuando era pequeño.
Pero a pesar de haber superado eso y sentirse fuerte, una parte de él de verdad que deseaba el tener un momento familiar o al menos, un instante con aquel que se hacía llamar su padre, ya sea solo una pregunta de "¿Cómo fue tu día?" O "¿Cómo vas con tus estudios?". Hasta un simple "Ten un buen día" para él habría hecho la diferencia en muchas ocasiones.

Ahora lo que tenía era solo un cabestrillo apretándole el brazo mientras se curaba de su herida, un enorme plato de pasta y camarones que, por alguna razón, le daba culpa comer, cientos de sentimientos encontrados por aquel que lo secuestró y le disparó y la enorme intriga de querer saber quién era realmente Milo Mettaxas Mikaelis y porque Lord Belier cada que podía les hablaba por encima de los secretos del pasado.

Cuando supo aquello, no había podido dormir en días enteros y solo se quedaba mirando fijo a Milo, pues mientras estuvieran en la mansión Belier, se les había ordenado dormir en la misma cama, cosa que en un principio los abochornó un poco a ambos pero a la hora de dormir, no se hicieron muchos problemas cuando Milo se acostó al lado del galo, quien permanecía encerrado en el cuarto, ya que, en esos primeros días, estaba tan sedado para pasar el dolor, que a penas si podía mantenerse en pie.

De ese entonces ya habían pasado casi tres semanas, y si bien todavía no se llevaban bien del todo, podían permanecer juntos en un mismo lugar sin que Milo quisiera golpearlo por insistente y sin que Camus se le insinuara de todas las maneras sujerentes que pudiera.

-No comiste nada.

Camus salió de sus pensamientos al escucharlo. Cuando sus ojos se hallaron, fue como si el mundo se hubiera detenido para los dos.

-¿No tienes hambre?- Cuestionó el rubio sentándose a su lado.

-No es eso. Me refiero a que tengo un poco de hambre pero apenas si me dan ganas de probar algo, aparte de que se me complica un poco pues es mi brazo lastimado con el que siempre hago las cosas.

-Lastime tu brazo hábil. Lo siento.

-No te hagas problema. Además, si vamos a hacer esto juntos, deberé de tener toda la habilidad posible.

Milo lo miró enternecido pero también algo preocupado al escucharlo decir eso. Le quitó los cubiertos y se acomodó para ayudarle a comer.

-Entonces, ¿Ya pensaste en aceptar la propuesta de Lord Shion?

-La verdad es que no lo pensé.- Le dijo mientras se sonrojaba al ver que Milo estiraba el tenedor con algo de pescado en el. A pesar de que sabía que odiaba eso, no iba a negarse, más sabiendo que el heleno lo hacía con buenas intenciones. -Digo, no tendría un estilo de vida diferente al que llevaba antes, pues los lujos y el dinero allí seguirían, y lo mejor de eso sería que usaría mi dinero en lo que quiera sin tener que rendir cuentas a nadie, pero no se si aceptar o no. Temo a algunas cosas.

-¿Temes que algún día nos alcancen y acabar en la cárcel?

-Eso es lo que menos me interesa y a lo último que le tengo miedo.

-Hasta ya hablas como uno de nosotros.

Rieron por esas últimas palabras dichas y Milo no pudo evitar suspirar al ver las sonrojadas mejillas del muchacho frente a él.
Se lo quedó mirando atento durante varios segundos, se le hacía terriblemente bonito el verlo tan suelto y despreocupado, a pesar de su herida, pero era justamente esa herida la que lo hacía bonito a sus ojos.
Que Camus estuviera en esa condición, le hacía pensar que era un pequeño niño que necesitaba toda la protección que pudiera darle para que nada más le pasara.

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