-La comida está lista.
-No tengo hambre.
Milo giró sus ojos quedando en blanco unos breves segundos. Ya hacían casi tres semanas que estaban "viviendo juntos" y todo parecía ponerse cada día peor, a pesar de que los primeros días todo pintaba para bien.
La situación que creó fricciones entre ambos no fue más que una pregunta.
"-¿¡¡Qué me acueste contigo!??!
-Vas a matarme, no? No me hagas morir virgen. Por lo menos hazme ese favor.
-¿Tú ya enloqueciste, verdad?
-¿Qué tiene de extraño lo que te pido? Si es por tu afición al sexo fácil y las prostitutas, pues ya me has robado millones en estos pocos días. Considera eso como un pago para hacerlo.
-Entonces yo sería tu puta.
-Posiblemente. Pero mejor míralo del lado en que la puta sería yo y te estaría pagando a ti por sexo.
-No lo haré.
-¿Necesitas más dinero para ceder? Puedo darte más claves para que lo tengas.
-No importa cuánto dinero te quité, nunca accederé a tal requerimiento tuyo.
-¿Y porque? Si vas a matarme, ¿Porque no me das solo eso para no acabar mis días como el perdedor que siempre he sido?
-Por que tú eres muy diferente a todos, Cam.
-¿Acabas de llamarme "Cam"?..."
Después de ese intercambio tenso de palabras, ninguno de los dos podía hablarse o mirarse a los ojos sin sentir que la sangre se les subía a la cara, por parte de Milo por haberle tratado con "cariño" y por parte de Camus, el corazón le comenzaba a ir a una velocidad desmedida y algunas veces se le hizo imposible respirar bien.
Esos pocos episodios le hizo preocupar bastante al rubio y tuvo que llamar a Lord Belier para que alguien viera por su rehén de una manera mejor de la que él podría.
El médico amigo de la familia aristocrática, le dijo que podía tratarse de un episodio asmático pero como el joven heredero jamás había sido diagnosticado con dicha enfermedad, no sabían que más podría ser, por lo que solo le dieron un inhalador y le pidieron que tuviera calma, que si cooperaba todo saldría bien.
-Todo terminará pronto, así que quédate tranquilo, Camus.
-No me importa morir, Lord Shion. Pero he de pedirle un favor.- El nombrado le miró con confusión pero le hizo una seña con la mirada para que lo alejara de dudas. -Supongo que mi padre ya ha de estar buscándome, por lo que me gustaría pedirle que si le pide intervenir, acepté ayudarle pero haga lo posible para interferir en cualquier pista o indicio que puedan llevar a mi encuentro. Ya sea vivo o el hallazgo de mi cadáver.
Shion y Milo lo miraron impresionados. De verdad que a ese joven no le interesaba morir y hasta quería hacer lo posible para que nadie lo encontrará.
Al ver la determinación del francés, a Shion se le ocurrió una idea pero, antes de llevarla adelante, debía de discutirla con su esposo e hijo y luego comunicarla a los demás miembros de su organización.
Pero aunque algunos se opusieran, el lo llevaría a cabo de igual manera, ya que él era la cabeza de todo y lo que él decía, se hacía.
-Ten por seguro que así lo haré. Ofreceré mi ayuda y entorpecere todo lo que pueda en la investigación. Nadie te encontrará jamás.
Luego, ya sintiendo que no tenía nada para hacer, se retiró pero le pidió a Milo que le siguiera.
-Usted dirá, Señor.
-No lo mates.
Los ojos azules del heleno se abrieron a más no poder.
-¿Disculpe?
-Tengo una idea pero debo de hablarla con mi esposo, mi hijo y tus compañeros. Mientras tanto, tratalo bien y no hagas que esto pase de nuevo. No te pido que se hagan amigos pero si quisiera que se llevarán bien.- Su guardaespaldas le abrió la puerta del auto y se dispuso a subir pero se volteó para decirle una última cosa al rubio menor. -Hay algo que te ata a él y debes averiguarlo. Yo no te lo diré hasta que llegue el momento exacto en que ambos se den cuenta de la situación que los asedia pero estate seguro de eso, de que hay algo que te une al diamante, prácticamente desde antes de que nacieran.
Después si se marchó de aquél suburbio perdido en la mayor miseria francesa y dejó atrás a esos dos jovencitos que no se imaginaban lo que se les venía encima.
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-Debes comer. No me hagas obligarte.
-No tengo hambre, desde hace más de un mes te vengo diciendo que no se me dan las ganas de comer. ¡No puedes obligarme!
-¡Puedo hacerlo y lo haré!- Abandonó su lugar en la mesa solo para buscar su arma y apuntarle directamente en la frente. -¡Come o te vuelo la cabeza!
Camus, cansado de que todo se hiciera a base de amenazas y gritos, se puso de pie también y comenzó a mirarlo, no con odio, pero si con mucho cansancio. No iba a seguir dándole el gusto de asustarse o tensarse cada que este le apuntaba con esa maldita pistola, por lo que siguió ese impulso interno y le hizo frente.
-Anda. Disparame. Dispara y enfrenta a Lord Shion por haberlo hecho.
Escucharlo hablar con tanta seguridad y determinación, a Milo lo asustó y no mucho paso para comprender que no tendría que tener otra oportunidad como esa para entender y saber cómo era en realidad aquél pelirrojo.
-No voy a negarmelo más. Tienes más agallas de las que imaginé.
-Tu serás huérfano pero yo tuve que crecer solo en un mundo donde te comen vivo si no te pareces a ellos. Un entorno en el cual te marginan si no eres igual o más hijo de puta y ambicioso de lo que fueron los que antes de ti estuvieron. Yo me crié, prácticamente, bajo mis propias reglas y estructuras, nadie me dijo nunca lo que debía de hacer y que no, porque todos ya daban por hecho de que nací sabiéndolo, pero estaban errados pues yo cree mis normas y hasta el día de hoy vivo bajo ellas. Él que secuestraste no es ni la milésima parte de quién es ahora tú rehén.
Milo ahora fue quien se tenso al oírlo decir aquello. La voz, la postura, la mirada y hasta el brillo en los ojos le habían cambiado. Definitivamente era verdad lo que le decía. Camus era alguien diferente a quien secuestró hacía casi dos meses.
El Camus del comienzo, obedecía, a regañadientes, pero lo hacía y siempre intentaba no hacer enojar y siempre tenerlo contento pero el Camus que tenía ahora frente a él, se le notaba igual o más ambicioso de lo que él fue en el comienzo de su delictiva vida, y también era obvio que esa faceta era una que luchaba y haría hasta lo último por sobrevivir.
Camus era como un depredador, frío y sin emoción alguna y ahora Milo era la presa indefensa, a la cual no le sería fácil liberarse de su ataque.
Mirándose fijamente y sin siquiera retroceder un solo paso, se quedaron durante largos segundos en silencio y solo haciendo eso, solo observándose y buscando el momento indicado, en el que Milo intentaría tomarlo y esposarlo para que no intentará hacer nada contra él y Camus buscaba el instante perfecto para hacer de Milo su "gran trofeo de guerra".
Un leve movimiento hacía atrás por parte del escorpión dorado y el pelirrojo tomo esa oportunidad para lanzarse a su presa.
Milo no tuvo tiempo a reaccionar ante eso pero apenas su mente volvió a tierra se dió cuenta de que Camus estaba encima suyo y sus manos perdidas bajo su camisa, mientras que él tenía sus dedos enredados en las largas y suaves hebras rojas, tironeando de ellas y sacando leves suspiros al joven sobre él.
Estaban sumidos en el beso más lascivo y desesperado que jamás se haya visto.
Debía admitir que le gustaba más de lo que creyó pero cuando su "lucidez" regresó, se dió cuenta de que su misión no era esa, si no que debía de robar su fortuna y luego matarlo. Crear un lazo tan íntimo era peligro. Muy peligroso.
Debía detenerse y debía de hacerlo ahora.
Estiró su mano y tomó su arma.
Un poco de sangre lo salpicó y no pudo evitar sentirse la peor persona del mundo.
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Secuestrado
FanfictionCamus Diamonds, heredero del hombre más rico de toda Francia, desaparece luego de terminar con sus obligaciones en un día típico de Universidad. Lo que parece ser un trabajo mas con el mismo final que tuvo veces anteriores.. Se transforma en lo mejo...
