Capítulo dieciocho

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Emma:

La cena no fue tan mala como esperaba, pero tampoco fue algo cómodo. Tener a Aiden en la misma mesa que mi padre era algo nuevo para mí. Como había dicho, nunca llevé a ningún muchacho a mi casa como para que se hiciera una cosa fuera de lo común. Me la pasé, literalmente, dura. En un principio, la conversación por parte de mi padre era escasa, no hacía mucha mención de nada, pero luego comenzaron a venir las preguntas hacia mi compañero y no pude evitar rodar los ojos en más de una ocasión.

Miré varias veces a mi madre para que hiciera algo, pellizcarlo, quizás, pero no me hizo caso y el jefe siguió con las preguntas. Aiden estaba sentado a mi lado, parecía disfrutar de la comida y no reparar mucho en las interrogaciones. Quizás ya se esperaba algo como esto o quizás le daba igual o intentaba aparentar tranquilidad. Él respondía a las indagaciones del pesado de mi padre con educación y, por la forma de hablar de Aiden, papá no tenía por qué hacer ningún mal comentario sobre él cuando se fuera. Se sentía como si estuviésemos en la cena en donde mis progenitores conocían a mi novio.

Pobre del chico que algún día quisiera algo conmigo.

Las inquisiciones eran básicas; empezaban con cosas de la escuela y luego con lo de su trabajo. Después, Katherine empezó a hablar de muchas cosas a las cuales no le presté atención y papá se tuvo que callar para escucharla o sino ella haría uno de sus tan irritables berrinches y no sería agradable para los invitados. Nick y Cassie estaban sentados al lado de mi madre, y el pequeño, después de que mi hermana se callara, no paró de hablar durante un buen rato. Ese niño era de lo más hermoso, muy parecido a su hermano, aunque con un toque de travesura en los ojos. Si bien tenían un parecido, habían otras cosa en las que no coincidían para nada, como en el color de pelo; el de Aiden era negro pero no tanto, en cambio, el de su hermano, era demasiado negro.

Mamá le preguntó a Aiden sobre su madre, sobre cómo estaba y cómo se llamaba. Cuando lo hizo, pude notar que mi compañero se tensó en su asiento y se tocó el moretón de un costado del cuello. No estaba segura, pero como había pensado mientras estudiábamos, creo que su madre le pegaba. Me dio una sensación rara en el cuerpo notar cómo Aiden agachaba la mirada y le respondía a mi madre. Nadie, excepto yo, se había dado cuenta de ello, y agradecí que en ese momento él no tuviera la atención de todos sobre él. También agradecí que Katherine le comentara algo a Nick en voz alta.

—¿Y qué planeas estudiar cuando termines el colegio, Aiden? —preguntó mamá con ese tono dulce que siempre usaba con sus hijos.

Por más que Aiden no pareciera incómodo con mi padre, sabía que le resultaba más cómodo hablar con mi madre. Ella siempre llevaba una sonrisa en la cara y era amable —no cuando se enojaba, ahí se transformaba en un ogro— y te generaba confianza.

—No sé bien... aún estoy indeciso con eso. Me tiene que ir bien estos dos años que me quedan para ver si consigo una beca. No tengo el dinero como para pagar una universidad.

Mamá asintió.

—Estás igual que Em, ella tampoco sabe qué quiere hacer. Tienen tiempo de pensarlo bien.

—¿Y qué tal es el trabajo? ¿Cómo te tratan? —inquirió papá.

Aiden se encogió de hombros y agarró el vaso de agua. Papá lo observó.

—Es muy cansador, no hay minutos libres porque siempre está lleno de personas. La mayoría me trata bien, pero una de las encargadas de caja, no tanto.

—¿Es estricta?

Negó.

—No, lo que tiene es que como ascendió de puesto, se cree más que los cajeros. Cuando empecé a trabajar ella cobraba y no era mala, ahora que tiene un lugar más arriba piensa que tiene derecho de decirte cualquier cosa y de cualquier forma.

La Tristeza De Sus Ojos #D3Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora