Capítulo cuarenta y tres

3.7K 371 60
                                        

Emma:

Lo vi meter la llave en la cerradura y luego abrir la puerta para permitirle primero el paso a los niños y a mí. Cuando cerró la puerta detrás de él se quedó observando la desordenada sala que habían dejado los policías y luego hizo un corto contacto de miradas conmigo.

—Guarden algo de ropa en sus mochilas, chicos —ordenó Aiden y los pequeños asintieron con la cabeza y desaparecieron de la sala.

No sabía cómo ellos se lo habían tomado, mucha charla no había podido tener con mi novio cuando salió de la sala en la que se metió para darle la noticia a los chicos, pero por cómo Cassie agachaba la mirada y tenía las mejillas rojas, me daba una idea. Nick, por otro lado, no parecía estar afectado, porque en el auto iba cantando tranquila y alegremente una canción que, según dijo, le enseñaron en el jardín.

Nicholas era el más pequeño, y por lo general, los más chicos son los más apegados a sus padres, pero él no lucía con esa preocupación de ya no poder ver más a su madre. Y para ser honesta, no sabía si eso era bueno o era malo. Me daba, en cierta parte, una sensación rara. Creo que Aiden se sentía igual que yo.

Y volviendo a centrarme en él, a su mirada triste y su actitud decaída, le di la señal a mis pies para que empezaran a conducirse detrás de él. Cruzó el pequeño pasillo y se metió en el cuarto, dejándome la puerta abierta porque sabía que lo estaba siguiendo. Abrió su armario, vació su mochila de las cosas de la escuela y metió un poco de ropa.

Tomé asiento en su cama y seguí cada uno de sus próximos pasos en silencio. No sabía si era el momento de decir algo, y si lo era, tampoco sabía qué decir. Me sentía impotente. Sabía que él se encontraba muy mal emocionalmente y que cargaba también con su malestar físico, pero no sabía qué era lo que quería que le dijera o qué podía hacer para levantarle el ánimo. Me daba miedo que no superara esto, temía que considerara a este el mayor golpe de su vida y que él se quedara en el suelo, ni ánimos para levantarse después de la caída.

Sentí la desesperada necesidad de verlo sonreír o de que me dijera, al menos, una sola palabra. O que volviera a mirarme, aunque fuera, una milésima de segundo. Pero necesitaba que tuviéramos contacto mutuo. No sé. Yo misma sentía ganas de llorar de lo mal que me ponía la situación, me sentía inútil. Quería ayudar a mi novio y no podía hacerlo porque no podía ser capaz de idear algo para levantarle el ánimo.

Pero algo me dijo que nada lo haría poner mejor. Al menos, no por un tiempo. Y no sabía bien si podía tomar a aquello como un consuelo para mi sentimiento de impotencia e inutilidad o qué.

Dejó la mochila sobre la cama y se puso otra campera encima. Luego metió su documento en uno los bolsillos de su pantalón y subió el cierre de su abrigo con la mirada puesta en el suelo. Su cabeza estaba sumida en malos pensamientos, él estaba en su propio mundo, y ese mundo parecía estar a un millón de años luz. Inclusive me daba la sensación de que él estaba enojado conmigo.

Salió del cuarto sin decirme una palabra y la decepción entró en mi cuerpo. Me levanté y, mientras él se metía en la habitación de los niños, yo decidí irme a la sala a esperarlos. Me sentía como una intrusa en la casa.

—¿Iremos a casa de Emma en el auto? —preguntó Nick apareciendo en la sala—. Porque tengo frío y no quiero caminar. Quiero irme a dormir —se quejó.

—Sí, mi padre está esperando afuera, iremos con él en el auto —respondí por Aiden, quien, aún, seguía sin dirigirme la mirada. Eso dolía. Pero supongo que debía entenderlo.

Lo que me consolaba es que Aiden no estaría estos días solo, iba a poder verlo porque dormiría en casa por un par de días para evitar justamente eso: la soledad. Me alegraba también porque a los niños les vendría bien salir de ese departamento y pasárselas entretenidos con mi hermana y sus juguetes.

La Tristeza De Sus Ojos #D3Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora