Capítulo veintidós

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Emma:

Era viernes. La semana se había pasado volando, aunque lamentablemente aún tenía que soportar las clases del día. Era la primera hora de la mañana y ya quería salir corriendo a mi casa para refugiarme en mi cama. Estaba cansada porque anoche Kendall me llamó cerca de las dos de la madrugada para decirme que tuvo una discusión con Chad, y como buena prima que soy, me quedé consolándola para que su llanto no se multiplicara y sus padres se enteraran de que se sentía triste por un chico.

Chad en estos días estaba distinto, no era el mismo chico molesto de la semana pasada. Ahora estaba más calmado, más centrado en sus cosas y notoriamente triste. Se ve que el fallecimiento de su perro lo dejó bastante golpeado que ahora su comportamiento había cambiado. Me caía mejor este Chad, para ser sincera. Pero no me agradaba su cara de niño triste todo el tiempo, sacaba mi lado empático más de lo que debería y comenzaba a extrañar que se riera de todo, porque no me gustaba verlo de esa forma por más que no me llevara del todo bien con él.

El motivo de la discusión no estuvo muy claro, la verdad. A veces, Kendall solía explicarse omitiendo algunos detalles, y después me salía con cosas del pasado, cosas que tampoco entendía y sentía que la cabeza se me iba a explotar de tanta información entreverada.

La primera clase del viernes no me tocaba con Kendall. Cambiaron el horario de todas las clases por no sé qué motivo y ahora empezaba mi viernes sola. Ni siquiera James estaba conmigo en la clase.

Solté un suspiro cuando la profesora entró a la clase y creí haber notado que me miró. Rogué para que no me dijera algo y me tapé la cara disimuladamente. Empezó con su aburrida materia y solté otro suspiro —esta vez de alivio— nada audible. Apenas empezó a escribir algo en la pizarra supe que tendría que copiar mucho y que nos dejaría la maldita tarea que arruina los fines de semana. Podía optar por no hacerla y decir que olvidé hacerla cuando el día de la materia volviera a tocar. A veces yo era un poco rebelde en ciertas cosas, aunque no tanto porque después me bajaban la nota y le tenía que explicar a mi mamá qué era lo que pasaba. Como siempre, le decía que la profesora estaba loca y que a todos nos había bajado la nota.

Típica excusa.

Pero funcionaba, así que...

Salí de la clase con dos hojas repletas de tarea. La maestra sí estaba loca si pretendía que hiciéramos todo esto. Caminé por los pasillos intentando dar con Kendall, pero no la vi por ninguna parte. Entonces, cuando vi a Maddie, el recuerdo de Aiden y ella besándose me golpeó en la cara como un balde de agua fría. El martes a la salida papá se retrasó y me tuve que quedar en el estacionamiento a esperarlo. Cuando me di la vuelta para ver quiénes estaban detrás de mí, a lo lejos los vi a ellos, intercambiando saliva como si no hubiera otro día en la tierra. Sentí una presión en el pecho y supe que tenía que apartar la mirada, pero como a veces era una masoquista, me quedé con la vista pegada a ese dos. Claro que me dolió mucho. Al principio hice como si nada me pasara, pero después, cuando llegué a casa, me quedé sin ánimos de nada.

Al otro día de ese acontecimiento no vi a Aiden y ayer tampoco. No sé qué le pasaba, quizá estaba enfermo, pero algo en mí presentía que alguna cosa no andaba bien. ¿Estaba bien? No nos conocíamos mucho pero ya me preocupaba por él. Su personalidad era tan simple y amable que me generaba ese efecto.

Maddie me enganchó mirándola y sonreí falsamente cuando curvó una sonrisa en su boca. No me agradaba verla por lo que vi el martes, pero sabía que Madison no tenía la culpa de nada y que mis celos no podían hacerme odiar a una persona. Aiden y yo ni siquiera éramos amigos, no tenía ni siquiera el derecho de sonreírle falsamente a su chica. ¿Era su chica? ¿Ya eran novios o todavía no?

La Tristeza De Sus Ojos #D3Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora