Capítulo cuarenta y siete

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Emma:

Desperté en mitad de la noche algo destapada y con frío. Me tapé perezosamente con las mantas y cerré los ojos para dormir, acomodándome del lado izquierdo de mi cuerpo, pero el sonido fuerte de un trueno me sobresaltó un poco y, también, me hizo acordarme que hoy no dormía sola en mi cama. Aiden era mi acompañante en esta noche de lluvia fuerte, y me preocupé un poco cuando intenté buscarlo con mi mano a mi costado y no lo encontré.

La luz de un refucilo alumbró parte de mi habitación y me dejó ver a Aiden sentado en el borde de la cama, dándome la espalda y, al parecer, cubriéndose la cara con sus manos. Me senté lentamente y lo observé desde la oscuridad, sin hacer ningún tipo de ruido.

Principalmente no sabía bien qué tenía que hacer. Seguramente él estaba llorando, y la pena que aquello me daba me dejaba bloqueada: ¿Él necesitaba un abrazo o que lo dejaran llorar en paz? Porque Aiden a veces solía ser un poco inesperado en cuanto a ello.

—¿Aiden? —pronuncié con un poco de miedo.

Lo vi negar.

—Ahora no, Emma —soltó con dolor. No me hablaba mal, no lo decía malintencionado ni quería alejarme a toda costa de él. Pero ese tono que usó fue el más cansado que escuché salir de él desde que lo conozco.

¿Qué es lo que quiere una persona cuando está triste? Algunas quieren compañía y, otras, soledad. ¿Pero es real ese sentimiento? El deseo de estar solos... ¿Queremos estarlo o solo alejamos a las personas para que no nos vean quebrarnos? ¿Por qué rechazamos palabras de aliento? ¿Es porque creemos que no nos ayudarán o porque no creemos en ellas?

—Lo siento, no quería molestarte —me disculpé, muriéndome de ganas de ir a darle un abrazo.

Volvió a negar, pero esta vez se dio la vuelta para mirarme.

—No, lo siento yo. Ven aquí —pidió con la voz rota, y sin pensarlo dos veces, me acerqué a él para darle un abrazo.

Me envolvió con sus brazos y besó por un largo rato mi cabeza. Lo única que se oía era la lluvia golpeando contra mi ventana, y los truenos que parecían no querer cesar.

—¿No podías dormir?

—Tuve un sueño y desperté.

—¿Una pesadilla?

—Sí... Bueno, no, en realidad no. O no lo sé. No sé cómo tomarlo.

—¿Qué pasaba en el sueño? —me alejé para poder acariciarle las mejillas. Las tenía húmedas. Sí estaba llorando.

—Ella aparecía en él.

—¿Ella?

—Mamá —se le quebró la voz.

Quise llorar. Aiden acababa de perder a su mamá y horas después soñaba con ella. Esto a él le hacía doler el corazón, le hacía extrañarla aún más, y lo volvía a partir en dos. Solo esperaba que en el sueño ella no le haya pegando, insultando ni despreciado, porque entonces, eso significaba que mi novio caía más en picada.

—¿Qué pasaba en el sueño?

Sonrió un poco.

—Es estúpido —negó, dejando caer otra lágrima.

La limpié.

—¿Qué pasaba? Nada de lo que hayas soñado fue estúpido, Aiden. Sea lo que sea, nada lo fue.

—Ella... era buena conmigo. Me... trataba bien. Era como si fuera otra persona, y no la madre que siempre conocí. Hasta me pidió disculpas.

—¿En serio? —sonreí porque él lo hizo.

La Tristeza De Sus Ojos #D3Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora