Capítulo cincuenta (especial)

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Este es un capítulo de sorpresa, uno especial, por eso es cortito. No se preocupen, aún faltan dos capítulos para terminar la novela.

Emma:

Cuatro noches casi sin poder dormir. Cuatro noches llorando. Cuatro noches sin saber nada de él.

Era impresionante la manera en la que ese chico se había colado en mi mente. Pensaba en lo que seguro estaba pasando y se me partía el corazón y las lágrimas se acumulaban automáticamente en mis ojos.

El día en que todo pasó, después de que mi padre llevara a Aiden y sus hermanos a su departamento, me senté a un lado de la cama a llorar. Mamá me oyó y se sentó a un lado de mí para abrazarme fuerte y decirme que todo estaría bien. Me dolía tanto que en su momento me pareció absurdo que me dijera aquello, pero eran palabras de una madre con experiencia en este tipo de situaciones y eran palabras que, fueran tontas o no, necesitaba oír.

—Sé lo mucho que te duele, a mí también me rompieron el corazón.

—¿También saliste con alguien que vendía drogas? —pregunté con la cara arrugada, y esnifando.

—No, pero me lastimaron, y sea cual sea el motivo, un corazón roto es un corazón roto.

—Quiero odiarlo —confesé escondiendo mi rostro entre mis manos.

—No lo odies. No te hagas eso.

—Se suponía que haríamos las cosas bien. Siempre me he preocupado por Aiden, siempre que le sucedía algo, ahí estaba yo, apoyándolo y él me rechazaba. Notaba actitudes extrañas en él, y cuando le preguntaba, solamente metía excusas. Pudo venir de frente, sin necesidad de ocultarme algo. Podíamos ayudarlo. Podía detenerse. Podía confiar en nosotros. Pero siempre se cerraba en él y era difícil descifrarlo. Siento que he estado con un desconocido todo este tiempo.

—Entiendo tu punto de vista, y en cierta parte también quiero entenderlo a él, porque la ha pasado demasiado mal en sus dieciocho años de vida.

—Y si lo entiendes también a él ¿por qué no quieres que vuelva a acercarse a mí?

—Porque te ha puesto en peligro. Y con tu padre no podemos dejar pasar eso. Y tú misma deberías saber qué es bueno para ti y qué no lo es.

—Me da miedo que le pase algo, mamá.

—A mí también, cielo, pero la venta de drogas es un negocio negro muy complicado y peligroso. Dos tipos más hoy fueron a prisión, y exactamente esos tipos tienen otros amigos que pueden querer cobrar venganza contra Aiden después de lo de esta noche. No puedes estar en medio.

—Lo sé.

—Te prometo que todo estará bien. Dejará de doler en algún momento. Te levantarás de esta caída.

El cuartó día sin él, les pedí a James, Chad y Kendall que viniesen a casa después de la escuela. Yo no asistí porque no me sentía con ánimos de ir y mi cansancio por la falta de descanso me habría hecho dormir encima del banco del salón y que me enviaran a dirección. Mis amigos y mi prima no sabían nada de lo que había ocurrido porque yo no quise abrir la boca hasta ese momento. Los tres se quedaron con la boca abierta, y me abrazaron entre todos cuando no pude evitar llorar. Después de eso, buscamos una película de risa, ordenaos pizza y compramos refrescos y helado.

Junto a ellos me distraje, y me di cuenta de que les había agarrado mucha confianza a James y a Chad después de desconfiar tanto de ambos. Y también me di cuenta de que eran buenos amigos, porque la manera en la que me apoyaron me hizo sentir mucho mejor.

Al día siguiente bajé las escaleras de casa preparada para ir al instituto. Sentía un nudo grande en el medio del estómago, un nudo que se debía a mi ex novio. Era casi seguro que Aiden no iba a querer presentarse en el colegio, pero ese «casi» aún formaba parte de la oración. Desayuné muy poco y mis padres lo notaron, pero no hicieron absolutamente ningún comentario. Mamá metió en mi mochila un paquete de frituras y galletas y una botella de agua en caso de que se me apeteciera para más tarde, pero era obvio que no se abriría mi apetito durante toda la mañana.

La Tristeza De Sus Ojos #D3Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora