Emma:
Me acerqué hacia el auto y Kendall se bajó para ayudarme con las bolsas. Abrí la puerta del copiloto y me metí dentro al mismo tiempo que mi prima subía del lado del piloto.
—No sabes a quién vi.
—¿A quién viste? —preguntó después de poner el coche en marcha, y yo bajé la ventanilla de auto.
Por poco se me olvidaba hacerlo. Siempre que me subía a un auto me descomponía. Bueno, me empezaba a marear. A eso lo había sacado de mi mamá. Según me contó, el problema comenzó durante el embarazo y se mantiene hasta ahora. Cuando íbamos en el auto siempre teníamos que dejar que el aire natural se adentrara en el ambiente cerrado, o sino nos hacía mal y teníamos que pedirle a mi padre que se detuviera porque creíamos que íbamos a vomitar.
—Al chico nuevo, el que repitió de curso.
—¿Estaba comprando? ¿Te saludó?
—No, él trabaja ahí, pero sí, hablamos un poquito. ¿Qué sabes de él? —inquirí, con ganas de saber. Kendall se caracterizaba mucho por su capacidad de saber las cosas primero que todos. Era muy popular en la escuela, y siempre terminaba por enterarse de primicias muy interesantes, y yo tenía la suerte de que las compartiera conmigo.
—Muy poco.
—Dime lo que sepas.
—No lo quieren mucho en el colegio, es porque es pobre.
—¿Qué? —eso no tenía sentido. Sabía que se burlaban de Aiden pero no pensaba que era por eso.
Estúpidos adolescentes sin corazón.
—Como escuchas, la gente es así de cruel. Vivimos en un mundo muy malo porque la gente es una completa mierda —dobló por una esquina.
—El mundo no es malo, la gente es mala —concordé.
Me abroché el cinturón al darme cuenta de que no lo había hecho. Si mamá estuviese conmigo ya me habría regañado. Es un por un accidente que tuvo hace muchos años, uno en el que casi muere. No sabía demasiado al respecto porque nunca quiso contarme con lujos de detalles, siempre parecía incómoda cuando tocábamos el tema, y papá, para sacarla de la tensión en la que parecía sumergirse, me empezaba a hablar de algún otro tema.
—¿No lo quieren por ser pobre? —pregunté más para mí que para ella.
—Ajá —se llevó una masita a la boca. ¿En qué momento abrió el paquete?
—Por casualidad, ¿ese paquete de masitas que está en tu regazo es el que mamá me pidió que comprara?
Me miró por un segundo y luego asintió.
—Tengo hambre.
—¿En qué momento sacaste eso de la bosa?
—Cuando no mirabas.
Rodé los ojos.
—¿Qué me decías sobre Aiden? —retomé el tema.
—Ah, ya sabes su nombre... ¿Es porque prestaste atención en clase cuando tomaban asistencia o porque él te lo dijo?
—Fue él.
—¡Qué bien! —exclamó y yo la miré sin entender por qué tanta emoción—. ¿Le dijiste tu nombre?
—Sí.
—¿Él primero o tu primera?
—Yo.
—¡Ya andas coqueteando! Dieciséis años tarde, pero es mejor que nunca.
—No estoy coqueteando —repliqué—. Sólo intentaba ser amable.
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La Tristeza De Sus Ojos #D3
Fiksi PenggemarAdvierto que la novela tiene contenido sensible. Si vas a leer, lees bajo tu propia responsabilidad. "No tener nada, a veces también es tenerlo todo." © Copyright 2022 PROHIBIDA LA COPIA Y/O ADAPTACIÓN DE LA HISTORIA. DE LO CONTRARIO DENUNCIARÉ.
