Epílogo | Definitivo

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18 de diciembre

Emma

—Emma, hola... Soy yo, Aiden. Solo llamaba para... —se detuvo un momento para tomar aire. Podía notar que estaba llorando y eso me partía en mil pedazos el corazón. Durante mucho tiempo tuve la necesidad de protegerlo, era como un sexto sentido que se había instalado en mí cada que se trataba de él—. Solo te llamo para decirte que te amo mucho. Y que lo siento. Y... para decirte gracias. Solo eso... Cuídate mucho, por favor. Y sé feliz, ¿sí? Te amo, Em —repitió, y un segundo después el mensaje se cortó.

Pegué mi teléfono a mi pecho y me senté sobre la cama, culpándome por no haber visto sus llamadas a tiempo. El mensaje de voz me dejó un mal sabor de boca, un nudo en el estómago y la necesidad de ir a verlo. Algo estaba sucediendo. Ese mensaje suyo me aterraba porque sonaba a despedida.

Tomé mi campera y bajé las escaleras con el celular en manos, dispuesta a hablar con mis padres. Apenas mi padre cruzó miradas conmigo, dejé escapar un par de lágrimas. Mamá entreabrió los labios para decir algo, pero papá se le adelantó.

—¿Por qué estás llorando?

—¿Ha pasado algo malo, Emma? ¿O es por lo del otro día? —mamá intercambió miradas con papá.

—Creo que Aiden está a punto de hacer una locura. Quiero ir a verlo antes de que sea tarde —solté, conteniendo los sollozos.

—¿Una locura?

—Sí, ma, me llamó dos veces pero yo no vi sus llamadas, y me dejó un mensaje de voz que... —detuve mis palabras, se me hacía complicado poder continuar, así que simplemente dejé mi teléfono sobre la mesa y reproduje el mensaje para que comprendieran mi miedo.

—Emma, hola... Soy yo, Aiden. Solo llamaba para... Solo te llamo para decirte que te amo mucho. Y que lo siento. Y... para decirte gracias. Solo eso... Cuídate mucho, por favor. Y sé feliz, ¿sí? Te amo, Em.

El audio finalizó y mis padres se miraron entre sí. Pude notar en sus ojos que pensaban en lo mismo que yo. Aiden estaba a punto de cometer una locura, si es que no lo había hecho ya. Esa punzada profunda y dolorosa se instaló en el medio de mi pecho, y sentí por un momento que me faltaba el aire.

—Papá, llévame a verlo. Ahora —supliqué, pero él ya se había levantado de la mesa.

—Brisa, quédate con Jackson y Kate, iremos al departamento a ver qué está ocurriendo.

Mamá asintió y se levantó de la mesa.

—Manténganme avisada, por favor.

Papá sacó el auto de la cochera y me metí enseguida.

—Rápido, por favor —pedí.

—¿Hace cuánto te ha enviado ese mensaje de voz?

Me fijé.

—Hace casi diez minutos —respondí.

—Llegaremos a tiempo, ya verás —intentó calmarme. Algo en mí me decía que sería lo contrario. Que no llegaríamos a tiempo.

Quise quitar las malas ideas de mi mente, pero este momento era uno negativo, y no podía meterle positividad por más que me empeñara en ello. El mal sabor de boca y los nudos en mi estómago eran más intensos con el pasar de los minutos. La ansiedad estaba matándome.

Mordí mis uñas con nerviosismo y fue cuando me percaté de lo temblorosas que mis manos estaban. Quise calmarme, quise dejar de llorar, pero tampoco podía. Bajé la ventanilla a pesar del frío, y el aire fresco lograba ayudarme a respirar. El auto pareció ser tan pequeño de pronto...

La Tristeza De Sus Ojos #D3Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora