Capítulo cuarenta y dos

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Emma:

Los paramédicos se llevaron el cuerpo de la madre de Aiden y noté en los ojos de mi novio cuánto le dolía haberla perdido a pesar de todas las cosas que ella le hizo pasar. Pero era como él decía... Al final de todo, ella era su madre. Peter, el tipo que Aiden siempre me dijo que detestó desde el día que lo conoció, hizo presencia en el departamento y terminó haciendo un escándalo grande al enterarse de lo que había pasado, y para ser sincera, había muchas malas palabras que él formuló que yo no conocía en lo absoluto pero que claramente eran repugnantes.

Ahora comprendía más a fondo el asco que Aiden le tenía a ese tipo. El olor a porro que traía encima me daba ganas de vomitar, y sé que si mi padre se hubiera quedado a esperar a que la policía llegase y la ambulancia también, él mismo se habría encargado de sacar a ese tipo a las patadas del departamento. Pero la policía se encargó de ello y lo amenazaron con meterlo preso si no se largaba de la cuadra. Por supuesto que no le agradó nada, y solo por hacerle daño a Aiden, empezó a decir que mi novio era vendedor de droga. No entendí por qué lo decía si Aiden en ningún momento dijo nada en contra suya, ni siquiera le dirigió más palabras que las necesarias para contarle que su madre tuvo una sobredosis, pero tampoco hice mucho hincapié en ello porque yo estaba más que segura de que Aiden jamás harías eso.

Él no era así. No era de ese tipo de personas.

En la habitación de la fallecida encontraron varias bolsas de droga y botellas de alcohol escondidas en el armario, y la policía no se detuvo solo allí, siguió buscando por todas las habitaciones de la casa. Creo que el comentario de Peter les hizo eco en sus mentes y quisieron asegurarse de que Aiden tampoco fuera un drogadicto o vendedor (o ambas) como su progenitora.

Aiden estaba bastante inquieto mientras la poli revisaba su cuarto y la de los niños y me atreví a preguntar qué le pasaba.

—¿Estás bien, Aiden?

Claramente él estaba pasando un momento muy malo, así que no estaba bien, pero él sabía a lo que yo me refería.

—No, me pone nervioso que la policía esté en mi casa, dando vueltas todo lo que encuentran frente a ellos —respondió, cruzándose de brazos y suspirando pesadamente.

Me aferré a su brazo y le acaricié la espalda mientras apoyaba mi cabeza en su antebrazo.

—Tranquilo, Aiden —dije con suavidad—. No tardarán tanto. Luego te ayudo a ordenar todo.

—La verdad es que la limpieza no me importa mucho, me tiene preocupada el asunto de mis hermanos. Eso es lo que me trae inquieto.

Sabía bien que, aunque yo más de tres veces le aclaré que mi familia y yo lo ayudaríamos, él iba a sentirse mal y estresado por el asunto de sus hermanos. No era para menos. Aiden tenía el derecho de preocuparse, de sentir miedo, de tener inseguridades respecto a este tema tan delicado. Pero no iba a mentir, me gustaría que dejara de sentir ese miedo y confiara al cien por cien cuando le decía que mis padres le iban a dar una buena mano y resolverían este problema.

—Tranquilo, Aiden. Todo estará bien.

—¿Y por qué entonces no siento que así sea?

Suspiré poniéndome de pie frente a él. Bajó su mirada para verme a la cara y tomé su rostro entre mis manos. Amaba tocar el rostro de Aiden.

—Porque acaba de pasar algo muy fuerte en tu vida, por eso —lo miré con compasión.

Lo veía y el corazón se me destrozaba porque el de él estaba roto. La partida de su madre claramente había tenido un efecto muy grande y malo en su vida, se lo podía ver en sus ojos avellana, se sentía vacío y roto por dentro, y a pesar de no tener lágrimas cubriendo sus iris, se podía notar la tristeza de sus ojos. Más que la de antes.

La Tristeza De Sus Ojos #D3Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora