Emma:
Kat pegó un salto de la cama y salió a las corridas de la habitación en cuanto escuchó a papá gritar desde abajo que ya tenía los helados que queríamos y el juguete con el que la había chantajeado. Negué con la cabeza por su desesperación y entusiasmo y decidí parar la película que mirábamos y sacar mi tomar mi teléfono para matar el tiempo.
Me metí en instagram y le di me gusta a varias de las celebridades que me gustan. Una idea ronda por mi cabeza e intento ignorarla y seguir mirando fotos, pero no tardé más de cinco segundos en meterme en el buscador de la aplicación, volviendo a intentar dar con aquél chico.
Busqué su nombre y, después de presionar varios perfiles y salir de ellos, al fin pude encontrarlo a él. No había sido tan difícil, para empezar tendría que haberme fijado en instagram en vez de en facebook, me habría ahorrado tiempo. Pero, para mi desgracia, Aiden Roy tenía la cuenta privada y sí o sí tendría que mandarle una solicitud de seguimiento para poder ver esas siete publicaciones que tenía en su cuenta.
¿Qué podía hacer? No es que fuera algo tan malo mandarle una solicitud, pero no quería que cuando él viese mi petición se diera cuenta de que lo había buscado en aquella red social. Claro, podía presionar «seguir» con la simple excusa de que quería avisarle sobre la respuesta de mis padres, pero no se me hacía muy convincente, por lo que me quedé mirando la pantalla sopesando mi siguiente acción. ¿Por qué teníamos que hacernos tanta complicación con cosas tan simples? Aquello era más fácil que levantar un lápiz, pero no... yo sola me complicaba las cosas.
Esa era una desventaja de ser yo... siempre tan insegura de todo...
—¡Volví! —gritó la pequeña y saltó a la cama con bolsas colgadas en su antebrazo. Desesperada, sacó una caja rosada con lila y blanco y me la enseñó con entusiasmo y una sonrisa pegada en el rostro. Era un bebé de plástico que traía varias prendas al costado del muñeco, inclusive con un chupete, una mamadera y un peine azul con brillito—. ¡Mira! —gritó—. ¡Papá me trajo esto de la tienda de regalos!
Dejé el teléfono a un costado de la cama y sonreí intentado tener el mismo entusiasmo que ella. Y pensar que estas cosas me encantaban cuando niña y ahora ni me llaman la atención.
—¿Me dejas verlo? —le pedí y Katherine afirmó.
—Pero no lo rompas.
Negué.
—Obvio que no, nena.
—El peine tiene brillos, ¿viste?
—¡Sí, lo vi! Te gusta mucho, ¿verdad? ¿Qué te parece?
—¡Me encanta! —arrebató la caja de mis manos—. Me voy a jugar a mi cuarto, Emma —sus pies alcanzaron el suelo y corrieron hasta la salida.
—¡Oye, espera, Kat!
Se detuvo.
—¿Ya me abandonas? ¿No miraremos más la peli?
—Es que quiero jugar, por eso —se encogió de hombros y abrazó la caja—. No te enojes.
—No lo hago, pero al menos quédate a tomar los helados aquí, ¿te parece? —Kat sopesó mi pedido y luego terminó afirmando. Se acercó a la cama con cara de felicidad y me pareció supertierna por cómo se entusiasmaba con un juguete. Mi padre malcriaba mucho a mi hermana, siempre le daba los gustos, le cumplía los capricho a excepción de algunas pocas veces. Esperaba que eso no fuese un problema en el futuro en cuanto a la actitud de la pequeña.
Volvió a subirse a la cama y rebuscó algo entre las bolsas.
—¡Me olvidaba! Papá te compró algo.
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La Tristeza De Sus Ojos #D3
Fiksi PenggemarAdvierto que la novela tiene contenido sensible. Si vas a leer, lees bajo tu propia responsabilidad. "No tener nada, a veces también es tenerlo todo." © Copyright 2022 PROHIBIDA LA COPIA Y/O ADAPTACIÓN DE LA HISTORIA. DE LO CONTRARIO DENUNCIARÉ.
