Emma:
Aiden y yo volvíamos a casa sintiéndonos ambos más tranquilos. Él comenzaba a sentirse mejor corporalmente y en lo sentimental ya se había calmado un poco, no respiraba con dificultad, no levantaba la voz para rechazarme y no andaba inquieto. Me había costado un rato lograr que se tranquilizara, pero ese costo de tiempo había servido para ambos.
—Esta noche mis padres tendrán una fiesta de la hija de unos amigos del trabajo de papá, y con mis hermanos no queremos ir, así que nos quedaremos en casa. Podríamos tú y yo ver una película en mi cuarto, protegiéndonos del frío y comiendo algo rico. Seguramente los niños querrán quedarse jugando con Katherine.
Sonrió.
—Suena bastante bien, Em.
—¿Sí? Qué bueno. ¿Qué te gustaría comer hoy?
—Podríamos ordenar pizza, ¿qué te parece?
—Eso sí que suena bien —afirmé y me aferré a su brazo con fuerza.
Llegamos a la casa riéndonos. A Aiden le había causado mucha risa cuando un perrito con collar azul vino corriendo hacia mí y empezó a tironear mi bolso para quitármelo. La dueña del cachorro se disculpó conmigo por la actitud de aquella preciosura y me aseguró que siempre hace lo mismo cuando ve cosas que le llaman la atención. Me alegraba ver cómo ese dolor que Aiden traía, al menos por un rato, estaba siendo acallado por una risa sincera.
Papá estaba en la sala peinando el cabello lacio y largo de Kat mientras que los hermanos de Aiden y Jackson seguían descansando en la parte de arriba. Aiden subió las escaleras detrás de mí y le asigné una cómoda habitación con buen calefactor para que estuviera cómodo y pudiera reponerse lo antes posible.
—Puedes meter tus cosas en el ropero así no quedan todas en el bolso y se te hace más cómodo sacarlas cuando quieras ponerte algo.
Cubrí la cama con otra frazada mientras que Aiden estaba en la otra habitación asegurándose de que sus hermanos se encontraran bien. Regresó rápido, por lo que supuse que mi padre tenía razón, los niños estaban plácidamente dormidos. Ahora solo quedaba que Aiden se acostara y dejara de maquinar cosas que le hacían mal. La sonrisa claramente ya se le había borrado y ahora las negatividades del día volvían a darle duro a su cabeza.
—¿Quieres que te traiga algo? —pregunté mientras él se quitaba las zapatillas y las dejaba a un costado de la cama.
—No hace falta.
—¿Te duele algo?
—Por suerte, no —respondió amablemente y metió ropa en el armario. También aprovechó para meter los apuntes, libros y carpetas del instituto. Lo ayudé con los últimos dos apuntes y le señalé la cama para que se metiera de una vez dentro de ella.
Cuando se acostó soltó un suspiro y cerró los ojos un momento.
—Se ha largado a llover muy fuerte —comenté prestándole atención a su rostro.
Abrió los ojos.
—Los días de lluvia son muy lindos para descansar —seguí—. Así que aprovecha a descansar mucho. Te despertaré a la hora del almuerzo y luego puedes volver a dormir si quieres. Total, a mi padre no le molestará nada. Entiende lo que estás pasando y que te sientes mal y quiere ayudarte a estar mejor.
Sonrió levemente y su mirada se perdió en mi rostro.
—Tú tienes una familia maravillosa —dijo después de un par de largos segundos que se me hicieron eternos.
Se sentó en la cama para darme un beso en la boca y regresó a su anterior postura cuando llegué hasta la puerta de la habitación para irme a la planta baja.
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La Tristeza De Sus Ojos #D3
FanfictionAdvierto que la novela tiene contenido sensible. Si vas a leer, lees bajo tu propia responsabilidad. "No tener nada, a veces también es tenerlo todo." © Copyright 2022 PROHIBIDA LA COPIA Y/O ADAPTACIÓN DE LA HISTORIA. DE LO CONTRARIO DENUNCIARÉ.
