Capítulo diez

4.8K 455 39
                                        

Emma:

La mañana siguiente subí las escaleras de uno de los pasillos del instituto y me dirigí a la sala de proyección. Tenía la almohada pegada a la cara y a mi alma la había abandonado en mi cama en el momento en que sonó la alarma y mamá tiró de mis pies para que saliera de mi lugar de descanso.

Era martes y ya sentía las ganas de que fuese fin de semana para dormir todo lo que yo quisiese. 

—¿Se murió alguien? —elevó las cejas cuando llegué a su lado.

—Estoy cansada, Kendall. No me molestes. 

Rodó los ojos y me senté junto a ella.

—Recién pasó la directora y nos avisó que la profesora no vendrá. 

—¿Ah, no? —pregunté contenta. 

—Creo que dijo que se enfermó o no se qué, no presté mucha atención. 

Bueno, no quería decir que me alegraba de que la profesora Scott se enfermara, pero sí me ponía contenta que no viniese porque eso significaba que tenía una hora libre. Me gustaba la materia, pero no cuando teníamos que ver vídeos sobre el tema. Me aburría bastante, la mayoría de las veces intentaba no quedarme dormida. El tercer año nos habíamos pasado prácticamente todas las clase viendo vídeos y era tedioso saber que probablemente el cuarto año iba a ser exactamente igual. 

—¿Y por qué estás aquí en vez de estar fuera como siempre que tenemos tiempo libre?

—Dijeron que no podemos salir. 

—¿Por?

Se encogió de hombros. 

—Qué sé yo, Emma —guardó su teléfono y me miró con cara de buenita. Me iba a pedir algo, de eso estaba segura—. ¿Serías tan amable de prestarme tu teléfono? —entrelazó sus manos. 

—¿Para...?

—Hablar con Chad. Es  que me quedé sin crédito?

—¿Y el abono?

—No está funcionando bien, no sé qué le pasa a esta porquería.

—¿Y yo qué voy a hacer si tú tienes mi teléfono?

—Te lo devolveré enseguida, lo prometo —aseveró con convicción.  

Suspiré y se lo entregué después de sacarlo de mi bolsillo. Me sonrió en modo de agradecimiento y desbloqueó la pantalla sin problema alguno. Aproveché el momento y coloqué mis brazos en forma de almohada para recostar mi cabeza en ellos y cerrar los párpados un ratito. 

—Avísame cuando termines. 

—Ajá. 

El sonido de las teclas siendo presionadas me molestaron un poco, pero luego dejé de hacer hincapié en ellos. Sentía que mi alrededor no existía, pues lo parecía porque casi nadie emitía algún ruido, y eso era bueno para la Emma cansada. 

—Emmita... —me sacudieron el brazo—. Emmita... —canturreó otra vez y me quejé por lo bajó, aún sin moverme—. Emmita, querida, mi amor, mi vida, mi cielo, tienes que despertarte... —me volvió a empujar. 

—No quiero, Kendall, déjame tranquila —le respondí con la voz cargada de pereza. 

—Te voy a pegar si no te reincorporas. 

—No lo harías. 

—Sabes que sí. 

—No —bostecé, y sentí un manotazo en mi cabeza que me obligó a enderezarme y a frotarme los ojos. El ardor empezó a molestarme en la parte golpeada y miré mal a mi prima.

La Tristeza De Sus Ojos #D3Donde viven las historias. Descúbrelo ahora