Capítulo VIII - i've never felt so alone

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- ¿Qué estás haciendo, Dominic?

El chico simplemente no escuchaba, estaba sordo en ese momento, solo pensaba en coger sus cosas, quizás tomar un tren, un avión, un bus, cualquier cosa que lo llevara lejos de ahí.

- Dominic, escúchame.

El chico seguía sin responder, solo guardaba el resto de sus cosas.

- ¡Alexander, mírame ahora mismo!

Dominic soltó su billetera de las manos para observar a Jackson a los ojos.

- ¿Cómo me llamaste?
- Alexander.
- No vuelvas a repetirlo.
- No me estabas tomando atención, ¿qué más querías que hiciera?
- No lo sé, ¡¿quizás dejarme tranquilo?!
- Sabes que no haré eso.

El mayor se afirmó en el marco de la puerta.

- Dom, te amo, no hagas nada, no te vayas.
- Jackson, tengo que hacerlo, ese tipo puede volver, incluso cuando esté durmiendo y dispararme en la cabeza, haciéndolo parecer un suicidio.
- Te estás volviendo paranoico.
- No, ese hombre es capaz de todo, he convivido lo suficiente con él, por eso lo digo.

Jackson se acercó al muchacho y lo abrazó, el chico estaba al borde de las lágrimas. Lo único que quería era llorar y morir en sus brazos.

- Solo quiero tener una vida en paz.
- ¿Qué quieres hacer?

El chico pareció pensarlo un buen momento.

- Volver a casa.

Parker besó su mejilla y secó sus lágrimas. El menor se alejó de Jackson y empezó a ordenar sus cosas nuevamente.

- Tengo que adelantar mi viaje, hablaré con el dueño del departamento en Seattle, le pagaré el doble.
- ¿De dónde sacarás dinero?
- Jack, soy millonario.
- ¿Estás bromeando?
- No.

El mayor lo observó algo sorprendido, ¿Dominic?, ¿millonario?, era casi imposible, aunque con los nuevos datos que tenía, ya nada le era imposible.

- ¿Cómo?
- Ahorré todo lo que gané en el trabajo que hice con aquella mafia, lo que gané en tu empresa, lo de mi familia, todo lo tengo guardado, casi nunca toco ese dinero, digo casi, porque le envío dinero a Daniel para pagar su departamento y para que pueda comer.
- ¿Por qué lo haces?
- Daniel es mi hermano mayor.
- Le pago bien atendiendo el bar.
- O sea que el bar también es tuyo, ¿no?
- Dominic, la mitad de la ciudad me pertenece, no es novedad para nadie.
- Que ego tan grande tiene, señor Parker.

Jackson lo abrazó y el chico sonrió correspondiéndole.

- Jackson...
- No digas lo que estoy pensando.
- Tengo que tomar un avión a Seattle.
- No, por favor.
- Lo siento.

El chico deshizo el abrazo, tomó una maleta llevándola al pasillo que daba a la salida. Tomo su celular y pidió un Uber indicando que iría al aeropuerto JFK. Tenía un conocido ahí y sería más fácil todo el acceso. La furgoneta estaría ahí en media hora.

El chico sacó una peluca larga rubia junto a una gafas de sol, también una falda tipo escosés color rosado, una camiseta transparente con diseños de margaritas y se puso otra de color rosa pastel, junto a un chaquetón largo. Estaba usando botas y unas calcetas de flores.

Se fue en dirección al baño y volvió unos 15 minutos después, lucía irreconocible, era una chica.

- ¿Cómo me veo?
- Como una adolescente, joven Cooper.
- Gracias, Trent. ¿Jackie? - miró al mayor.
- Te ves... bien. - El mayor sonrió pero no duró mucho. - Trenton, ayúdale a dejar sus cosas al auto que vendrá a buscarlo. Después ve a casa, toma un descanso.

El cambio de humor del mayor tomó por sorpresa a Dominic. De todas formas, sabía que sería así. Sabía que todo terminaría ahí.

- Jack...
- Hasta siempre, Dominic... o Alexander, como sea.

El menor observó a Jackson irse por la puerta sin siquiera voltearse a verlo. Su corazón se sintió oprimido, no quería que terminara así.

Hace unos momentos atrás, estaba teniendo el mejor sexo de su vida, con el hombre que deseó por meses. Con el hombre del que estaba enamorado.

- Tranquilo joven Dominic, el señor siempre ha sido así, no le gusta las despedidas.

El chico observó al guardaespaldas y dejó correr una lágrima que rápidamente atrapó.

- No importa, Trent, sabía que esto pasaría.

Ambos buscaron las cosas empacadas de Dominic y bajaron a recepción, esperando al auto que llegó un minuto después. El chico se despidió de Trent y subió al auto.

Decir que se fue llorando todo el camino sería mentir. Pero el chico tenía esas ganas, quería llorar, gritar. Por no tener una vida normal. Por escapar siempre.

- Señorita, ya llegamos.

El conductor le sacó de sus pensamientos y el chico bajó junto con sus cosas. Solo tuvo que mandar un mensaje al dueño del departamento y estaría listo en cuanto diera un paso en la ciudad.

Llamó a Edward, su amigo del aeropuerto y le dijo que estaba afuera, dándole indicaciones de como estaba vestido.

El hombre de unos 30 años apareció y lo abrazó.

- Vaya cambio, Dominic.
- Yo también te extrañé, Ed.

El hombre lo acompañó hasta el área de embarque, para que el chico pueda abordar al avión.

- ¿Tiene su pasaporte y su poder judicial para poder viajar, señorita?
- Ed, cállate.

El mayor rió y tomó su pasaporte, dándole un vistazo rápido a su nombre, se lo devolvió y sonrió en su dirección.

- Aquí está, madame Rosalie.
- Gracias, sir Edward.

Ambos rieron y el chico abordó el avión.

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