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Cuando Bakugou llegó el día acordado por Midoriya al hospital y vio a su esposo sentado en una de las bancas del exterior, llevando una sudadera con capucha para que no le molestaran mientras esperaba sintió que todo lo que sucedía era irreal. Hace unos días había acompañado al pecoso con el doctor, donde en compañía le explicaron el procedimiento. 

- llevo muchos años entrenándolo -dijo Eri ese día mientras sacaba desde su mochila distintos elementos, dejándolos sobre la mesa de conferencia en la cual estaban todos sentados, mirándole- en vez de afectar tu cuerpo de golpe, trataremos de hacerlo más lento y lo más concentrado posible en... bueno, su cerebro, que es la parte afectada -dijo mientras tomaba una manzana en cada mano, sonriendo suavemente. En ese momento y con distintos objetos fue explicando con objetos como planeaban llevar a cabo el procedimiento, asegurando que harían lo posible por volver en el tiempo lo más cerca a la fecha del accidente, antes de la pérdida de actividad cerebral mientras Midoriya era sedado. Las probabilidades de que pasara algo no eran más altas, y en cuanto le preguntaron a Izuku si estaba dispuesto a correr el riesgo el peliverde miró a Bakugou unos segundos antes de asentir con su cabeza de forma suave, asegurando que haría lo que fuera por volver a la normalidad. 

Se habían hablado solo una vez entre la reunión y el día del procedimiento, para decirle a que hora sería y en que hospital. Katsuki caminó a él con una sonrisa antes de que Izuku alzara su mirada y le diera una mueca torcida al verlo, levantándose mientras se colocaba el lazo de su mochila al hombro, tragando saliva. Cuando entraron y comenzaron el proceso para hospitalizarlo, Bakugou notó con preocupación como el pecoso iba callado todo el tiempo, hablando solo lo necesario. Casi una hora después, cuando ya se encontraba en su habitación y en la camilla, mirando el techo mientras que sentado a un costado, el rubio le miraba en silencio.

- ¿sabes por qué me motivé a hacer esto? -le murmuró el pecoso mientras apretaba sus labios y se giraba a ver al ojirubí, quien ladeó su cabeza cuando le puso toda su atención a sus palabras- cuando me quedé en la casa de mi madre me dediqué a revisar mis cosas viejas, y encontré mucho que estaba relacionado a ti, de verdad, hubieses visto la cantidad de cosas que tenían tu cara o tu nombre -le murmuró mientras se acomodaba para mirarle, suspirando- y entre eso encontré un video, fue un poco extraño verlo ya que, bueno, era yo sin camiseta y tú durmiendo atrás, donde hablaba lo que era mi testamento

- ¿hay un video con tu testamento? -le dijo el rubio confundido mientras se sentaba mejor y veía como el oji esmeralda le asentía con su cabeza, sonriendo dulcemente.

- hablaba de como quería repartir las cosas y todo eso, pero al principio del video decía que sabía que tú llegarías solo hasta el testamento si algo me ocurría porque me conocías bien -dijo el menor mientras sonreía un poco y fruncía sus labios luego, alzando sus hombros- me di cuenta de que yo no pertenezco aquí, y no solo cambio mi vida, sino también la tuya y la de muchas personas más -aseguró mientras se estiraba suavemente y tomaba entre sus manos una de las del pecoso, tan tibia como siempre- perdona por haber tardado tanto -le susurró mientras entraba el médico junto con una enfermera y Eri, ya preparada para comenzar con su trabajo. 

- Izuku -murmuró Bakugou mientras la enfermera comenzaba a suministrar el sedante por medio de la vía venosa, haciendo que el pecoso sonriera de forma dulce, aún sosteniendo su mano. 

- fue un gusto conocerte, Bakugou -le murmuró con una sonrisa antes de que Bakugou alzara su mano y besara con cuidado el dorso, haciéndolo sonreír de forma dulce mientras cerraba sus ojos y negaba con su cabeza, suspirando de forma pesada. Tenía sus labios fruncidos mientras colocaban los electrodos en su cabeza, preparando en encefalograma para que a Eri no le fuera complicado trabajar. 

- bien, esto es lo que haremos -dijo el médico mientras señalaba la pantalla- según la ficha, cuando tuviste el accidente no tuviste actividad cerebral por un tiempo, así que volveremos a ese momento y retrocederemos 5 minutos, para asegurarte de que hay actividad cerebral, no debería doler, solo debería ser como un pestañeo -aseguró el doctor explicándole más al pecoso que a nadie dentro de la habitación. Bakugou no se dio cuenta cuando fue que Midoriya se quedó dormido, y presenció en silencio desde una esquina del cuarto como fue que el pequeño equipo trabajó, guiándose por el monitor y la singularidad de Eri para devolverle a su esposo finalmente. Como hablaron, retrocedieron un poco cuando notaron la pérdida de la actividad cerebral y cuando finalmente terminaron todo, dejaron el monitor conectado para poder analizar todo hasta que despertara. 

De un momento a otro, Bakugou se dio cuenta que en esa camilla, aunque inconsciente, se encontraba su esposo acostado, dormido por los sedantes. Agradeció de un abrazo a Eri y estrechó manos con los profesionales antes de volver a sentarse junto al rizado, esperando en silencio a que despertara. Se distrajo del aburrimiento con un libro que era de Izuku, alzando su vista de forma muy serena de ve en cuando para ver como su esposo aún dormía, todo aparentemente bien. Se encontraba concentrado leyendo hasta que un salto grande a su lado y un grito desgarrador lo hizo saltar a él y tirar el libro al piso, para ver como su esposo gritaba de forma asustada mientras miraba de forma desorientada a todos lados, pálido como el papel. 

- Deku! -gritó él mientras se levantaba y le tomaba por los hombros, sintiendo como debajo de sus manos su esposo temblaba y su respiración era incontrolable, pero sus esmeraldas reflejaban alivio mientras los clavaba sobre los rubíes, inundándolos de lágrimas. 

- K-Kacchan! -gritó con alivio mientras se largaba a llorar sin escrúpulos. Fueron sentimientos encontrados que tuvieron ambos cuando ambos supieron que al frente suyo tenían al amor de su vida. 

A Bakugou le gusta MidoriyaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora