xxv

1.7K 202 35
                                        

Mercy dejó caer los vasos de plástico que llevaba. No había sido intencional. Solo estaba impresionada. Quizá fuera solo el frío, la fiesta o que Michael estaba en el baño, y Jared le había abierto la puerta.

—Oh, hola, Mercy, ¿cómo estás? —saludó Jared, cínico como solo él podría llegar a ser— ¿Te unes a nuestra charla?

Mercy se volvió hacia Michael, quien estaba recostado de la pared de brazos cruzados y mirada baja. Se fijó en él hasta que se dignó a mirarla.

—Voy a matarlo —le gruñó ella, señalando a Jared.

Michael cerró los ojos, luciendo culpable.

—¿A mí? —Jared se echó a reír— Cariño, no puedes pagar tus frustraciones con gente que no tiene la culpa.

—¿Frustraciones?

—Como, por ejemplo, encontrar a tu novio con su ex en un baño. O lidiar con la inseguridad sobre qué pudieron haber estado haciendo.

—Para —pidió Michael—. Detente ahora.

—¿De verdad, Mike?

—No lo llames así —masculló Mercy, apretando los dientes.

Jared parecía entretenido como el infierno.

—Lo he llamado de muchas formas, Mercy, formas que ni te imaginas.

—Detén tu ridícula competencia, Jared —Michael surgió de su posición inmóvil.

—No puede competir conmigo —dijo él, y fue  un golpe bajo que Mercy sintió muy fuertemente.

—No, no puede. Y es porque ella tiene algo que tú nunca tendrás, Jared, y ese algo soy yo.

Mercy tomó la mano de Michael, apoyándolo.

—La amo a ella, y si no puedes entenderlo, que mal por ti. Pero déjanos en paz de una jodida vez.

Jared, con los labios cerrados en una línea recta, seguía mostrándose petulante. Sin embargo, en algún punto —quizá cuando Michael abrazó a Mercy por la cintura de forma protectora, o cuando ambos se miraron a los ojos— hubo un quiebre en su firmeza. Mercy, por primera vez, sintió lástima por él.

Porque él también quería a Michael. En su manera engreída, con su carácter déspota y con todos los defectos que tenía como persona, lo quería. Y Mercy había sentido de primera mano lo que era ver a la persona que amaba con otro, incapaz de hacer nada al respecto.

Eventualmente, Jared se fue. Había alzado la banderilla blanca: se había rendido. Y Mercy sintió un profundo alivio por ello.

—¿Afuera te raptaron, o algo? Tardaste, Mercy, y tuve que lidiar con él —dijo Michael, pero no estaba molesto. Más bien buscaba aligerar el ambiente.

Mercy sonrió, sarcástica.

—Hablaremos de eso cuando me digas qué habías estado haciendo con Jared mientras no estaba, ¿vale?

Michael sonrió de curvando solo un lado de sus labios, y la besó fugazmente, a la vez que entrelazaba sus dedos y pasaban por el alcohol derramado en el suelo para salir de aquel caos.

Nota mental: no volver a ninguna fiesta, nunca más.

En casa, Mercy estaba en ropa interior, descansando sobre un Michael completamente desnudo, cubierto por una delgada manta. Era tarde, o muy temprano, dependiendo del ángulo en que se viera.

Mercy acariciaba los vellos del pecho de Michael, y él estaba cayendo dormido, agotado. Mercy adoraba como se veía al dormir, o cuando estaba durmiéndose, o cuando estaba despierto. En realidad, amaba como se veía siempre.

that something | cliffordDonde viven las historias. Descúbrelo ahora