El jugador de cartas

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Un chico alto, con el pelo decolorado, un piercing en la ceja y unos ojos azules que harían que cualquiera se perdiera en ellos se encontraba recargado en la puerta, con una sonrisa de diversión.

- ¿Qué tal?- Saludó-. Me llamo Valentín, parece que vos vas a ser mi nuevo compañero, es un placer, ¿cómo te llamás?

- Manuel, me llamo Manuel, un placer- respondí tratando de devolverle la sonrisa que no me había dejado de brindar.

El chico se acercó a la otra cama y se sentó viendo en mi dirección, parecía divertido por alguna situación que desconozco, la verdad es que ya me está poniendo nervioso su mirada tan atenta. Pero para no demostrárselo, me senté en la cama y lo miré directo a los ojos. Mantuvimos un rato la mirada del otro hasta que él quitó la suya y empezó a ver hacia el techo. Yo sonreí, viéndome victorioso de una batalla que yo mismo me inventé.

- ¿Es tu primera vez en un sitio de estos?- me preguntó regresando su mirada a mí.

- Sí- respondí, pero para que no quedara tan seco añadí- ¿y es la tuya también?

Soltó una risa y dijo-. No, no, ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que he caído en este lugar, pero aunque no lo creas, soy el paciente favorito de todos, me recupero rápido, pero siempre que salgo termino recayendo, nadie lo entiende- dijo riendo aún más fuerte.

Yo solo asentí y volví a recostarme, cayendo de nuevo en el pozo de auto-compasión que había creado cuando entré a este lugar. Escuché los resortes de su cama chirriar mientras se levantaba y luego se sentó en mi cama.

-Ey Manu, venga vamos afuera, a esta hora podemos hacer lo que queramos, nos tienen un montón de juegos de mesa y podemos jugar ping pong- yo negué con la cabeza a su proposición, en realidad no tenía ganas de nada-. Sé que es una mierda estar acá, creéme, pero si te hundís y no le ponés un poco de ganas será aún peor, ahora tenés mucho tiempo libre y lo podés disfrutar, y si no te gustan los juegos también hay una biblioteca, aunque debés ganarte el derecho, igual que para salir al patio sin supervisión, pero bueno, detalles, igual no lograrás obtenerlos si no hacés el intento de integrarte al menos- volvió a insistirme Valentín.

Estaba apunto de volver a negar, pero me puse a analizar sus palabras, y aunque me pese, en parte tiene razón, si pongo un poco de mi parte tal vez mi estadía aquí no sea tan mierda como lo he venido pensando.

Cansado y con ganas de matarme, me levanté lentamente, con una cara de culo increíble, y lo vi a él, sonriéndome victorioso por lo que estaba logrando que hiciera. Cuando me puse de pie, él imitó mi acto y me agarró la mano para llevarme afuera, fue tan sorpresivo que casi me enredo con mis pies y me estampo de cara contra el suelo. Por suerte no pasó.

El fruto de nuestra caminata, donde más bien fui arrastrado, fue llegar al salón común, donde estaba la mesa de ping pong, varios enfermeros por aquí y por allá, varios pacientes jugando o viendo por las ventanas. Cuando puse un poco más de atención me di cuenta que la mayoría de los pacientes eran adultos, en el salón jóvenes solo estábamos Valentín y yo.

-Eu Valentín- llamé su atención, el volvió su vista hacia mí y levantó sus cejas, en señal de que hablara- ¿dónde están los jóvenes? No veo a ninguno por aquí- dije moviendo mi cabeza viendo al rededor.

- Ahh eso, bueno, primero que todo, llamame Valen, y lo otro, pues en realidad solo éramos 3 antes de que llegaras, pero en este momento los otros dos se pelearon y están en el piso de arriba, así que somos vos y yo por el momento- me respondió guiñandome un ojo al finalizar su última frase.

Yo no dije nada, solo asentí, y volví mi mirada a los otros pacientes. Iba a ser aún más aburrido de lo que imaginé si todos los demás son adultos. En serio no me puedo creer mi suerte.

Valen me dio un codazo y empezó a caminar a una mesa donde estaban jugando cartas, yo lo seguí, ya que era el mejor plan que tenía en ese momento. Cuando llegamos él los saludó a todos y me presentó, ni siquiera dijo mi nombre, solo "chicos, él es el nuevo" y se sentó. Me hizo una seña para que trajera una de las sillas desocupadas hasta ellos.

Yo lo hice y me uní a la rueda, ya que la partida estaba en curso, Valentín y yo solo nos quedamos viendo como jugaban, la verdad no entendía una mierda, pero me hice el interesado en el juego. Cuando terminaron nos invitaron a unirnos, pero en pro de no pasar una vergüenza por no saber jugar y perder miserablemente, yo me negué, pero Valen aceptó gustoso, una sonrisilla que no duró mucho se instaló en su cara y repartieron las cartas.

Luego de tener las cartas en sus manos, Valen no mostró ningún tipo de indicio de que pasaba por su mente, su rostro se volvió increíblemente serio, como si hubiese levantado una muralla entre él y el mundo, su expresión mientras jugaba me resultó increíblemente magnética, contrarrestaba perfectamente con el chico que me sacó de mi cama para traerme a divertirme. Por momentos su cara cambiaba para unirse a las bromas o la conversación, pero desde mi punto de vista, nunca dejó ni una pista de su juego.

Fue sumamente satisfactorio verlo jugar, ganó de forma aplastante, todos empezaron a quejarse y su sonrisa usual volvió a aparecer, el muro entre él y el mundo desapareció, el Valentín de hace rato estaba de vuelta, pero el magnetismo que sentí cuando empezó a jugar seguía ahí.

Él volvió su vista y su sonrisa se volvió aún más grande, apoyó su brazo en la mesa y su cara en su mano, y siguió viéndome.

- ¿Y esa cara de tonto sorprendido?- soltó de repente con una risita.

Yo no había notado que tenía cara de tonto, bueno, más de la normal. Cuando me lo dijo yo quité mi mirada de él y cambié mi expresión por una más seria.

- Ya, pues nada, es que me sorprendieron tus habilidades para jugar a las cartas, nada más- dije sonando lo más creíble que pude.

- Sí, la gente siempre suele sorprenderse por mis habilidades- dijo en un tono algo gracioso.

Cuando lo volví a ver con una ceja alzada y una sonrisa, él volvió a guiñarme.

Luego de eso se levantó y me hizo señas de ir a otro lado, ya que los señores no aguantaron más de una partida con él y otros dos querían unirse.

Fuimos a sentarnos a una banquita que estaba cerca de la ventana, él prácticamente se desparramó sobre ella, y yo me senté un poco más decente que él. Pasaron unos minutos incómodos en donde solo mirábamos al suelo, hasta que él decidió hacerlo aún más incómodo, al menos para mí, recostándose en mis piernas.

San Maximiliano (Wosplik)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora