Me levanté con el ánimo por las nubes, todo era miel sobre hojuelas para mí. Valen y yo fuimos a desayunar juntos, nos sentamos con Daniel y Teo, que como parecía usual se la pasaron peleando. Pero ni sus discusiones sin sentido me bajaron el ánimo.
Luego de la sesión de besos con Valentín anoche me sentía en las nubes. ¿Quién iba a decir que el amargado del grupo de mi colegio iba a terminar como colegiala enamorada y feliz en su burbuja?
Solo hubo una cosa que me arruinó la existencia ese día. Terapia con Alejandro. Y el recuerdo de lo que le dijo a Mateo ayer me enfureció de nuevo.
Para culminar con mi desgracia, tenía la cita temprano en la mañana, prometiendo que el resto del día se volvería una mierda gracias a eso.
En serio, puede que tal vez le dé demasiada importancia al tipo, importancia que claramente no merece, pero hay algo en él que no me termima de cuadrar, simplemente es como un tipo de instinto que te dice cuando alguien es mala persona. No lo sé, igual y estoy muy paranoico. Pero lo cierto es que no lo aguanto.
La cita con él era justo después de la terapia de grupo, donde si bien no he compartido nada mío, participo un poco más. Al menos dando uno que otro comentario, no es mucho, pero la encargada dice que es un avance.
El protagonista de nuestra terapia grupal de hoy fue Teo, como era de suponer. Contó, de manera muy dramática, su experiencia en el segundo piso, quejándose de lo horrible que fue y de lo mucho que los extrañó a todos.
Pero nadie le prestaba especial atención, además de mi persona, la doctora y Daniel, que si no hubiese visto el beso de ayer nunca habría sospechado de su mirada de interés hacia él.
Aunque pasaran discutiendo y pegándose el uno al otro casi todo el tiempo, extrañamente me parecían muy dulces y una buena pareja, ya que cuando no lo hacían se veían como si fuesen lo más importante para el otro. Y era todo un espectáculo para apreciar.
Tristemente la terapia llegó a su fin, y tuve que irme con el imbécil aquel. La verdad es que no habíamos progresado nada, pero de igual manera tenía que aguantarlo, no es como si pudiera pedir que me cambiaran el terapeuta, ¿o sí?
Entré completamente fastidiado a su consultorio, donde él se encontraba ya sentado en su particular silla frente al sillón.
Ni siquiera saludé, no me interesaba. Nunca había tenido tan pocas ganas de asistir a terapia como ahora. Usualmente él trata de sacarme conversación acerca de mi vida y de por qué inicié con las drogas. Yo siempre le invento una historia estúpida, que nada tiene que ver conmigo, para que me deje en paz y que pase la hora.
Pero esta vez ni siquiera tenía ganas de inventarle una mala mentira, esta vez no quería hablarle del todo. Era completamente frustrante tener que aguantarlo y a sus estupideces.
- ¿Qué tal Manuel?- saludó apenas me senté, pero yo no respondí, solo me quedé viendo su estúpido rostro con una ceja elevada-. Bueno, veo que nos levantamos con el pie izquierdo. Que tal si nos olvidamos de los saludos y empezamos con lo que nos importa, ¿podés recordarme por qué empezaste con las drogas?
Sabía por qué lo preguntaba, era la pregunta que siempre hacía al empezar la sesión, pregunta a la que siempre respondía con una historia diferente. Pero esta vez no lo hice, ni siquiera respondí, simplemente lo ignoré por completo.
Puede que fuese una actitud infantil o lo que sea, pero no me importó, no me importó en lo absoluto, además, tengo 18 años, aún estoy a tiempo de ser un poco infantil. De todas formas no iba a progresar nada con él, así que poco importaba si no le dirigía la palabra.
Me quedé callado por al menos 15 minutos, él tampoco dijo nada, solo se quedó observándome muy atento, esperando que dijera algo, pero nunca lo hice. Así que soltó un suspiro y volvió a hablar.
- Manuel, sé honesto conmigo esta vez, ¿por qué iniciaste a consumir drogas?
Su tono era cansado pero a la vez divertido. Tal vez por eso no lo soporto, tiene ese aire de "lo sé todo y me parece gracioso que los demás sean estúpidos". Ahg, lo detestaba.
Seguí sin responder, manteniéndome firme a no dirigirle la palabra. En estas dos semanas ha sumado tantos puntos en contra, y su ataque a Mateo fue la gota que derramó el vaso. Mi paciencia es poca, con él era aún menor, y ya había logrado rebasar mi límite.
Él esperó otra gran cantidad de tiempo antes de volver a hablar, supongo que esperando a que el milagro de que le dirigiese la palabra ocurriera. Pero no.
- Muy bien, ¿podés al menos decirme qué te pasa? Sé que desde el inicio no te he agradado, y me has hecho tus terapias bastante difíciles, ¿pero que hay de especial en el día de hoy para que, ni siquiera la primera sesión que tuvimos fuese tan difícil? Esa es generalmente la más problemática, pero con vos parece ser hoy- dijo ahora sí completamente cansado-. Y por favor dejá la actitud infantil que estás tomando, si tenés algo que decirme, decímelo a la cara.
Aunque me duela admitirlo, en lo último que dijo tiene razón. Debería decirle las cosas a la cara, tal vez así me saque un poco de frustración de encima.
- ¿Por qué le hablaste así a Mateo ayer? ¿Quién creés que sos?- dije más calmado de lo que esperaba.
- Ahh, eso. Así que eras vos el que estaba con él- se masajeó su frente al decir esto-. Primero que nada, no me creo nada, soy un psicólogo de este hospital y tu amiguito estaba interrumpiendo mi terapia.
- Puede ser, pero tampoco era la forma ni las expresiones para hablarle, podés ser hasta el dueño del lugar que no importaría. Esa no fue la forma de hablarle y no hay excusa. Es una persona y merece respeto, no ser tratado como inferior por una estupidez como esa- dije soltando todo lo que llevaba en mi pecho desde ayer.
- Mirá niño, conozco a Mateo mejor que vos, después de todo fue mi paciente pero...- iba a seguir con su discurso pero lo interrumpí.
- ¿Fue? ¿Ya no es?- pregunté con total interés en su respuesta.
- Ah, sí, luego de su pelea con Daniel pidió un cambio de terapeuta para cuando volviese- respondió restándole importancia.
- ¿Eso se puede?- volví a preguntar.
- Sí, claro, pero ese no es el punto- él siguió hablando pero yo ya no lo escuchaba.
Sus comentarios al fin me fueron de utilidad. Sí podía cambiar de terapeuta, debí haber parecido un imbécil al creer que no.
- Y yo aquí perdiendo mi tiempo- solté al momento que me levantaba y dejaba la habitación rápidamente.
Ni siquiera volví a verlo, sé que se enojó y me pidió que volviese a entrar y demás. Pero lo ignoré por completo, yendo directo a buscar a la doctora que daba las terapias grupales.
Cuando entré ella hablaba con una señorita bastante joven, pero que vestía una bata como los demás doctores del lugar.
- Oh, no sabía que estaba ocupada, lo siento, espero afuera- dije haciendo el intento de salir, pero sus palabras me detuvieron.
- No, no, pasá, ¿qué ocurrió? ¿No deberías estar en terapia?- cuestionó acomodándose en su silla.
- Ah, sí, de hecho de eso quería hablar, no me siento muy cómodo con el doctor Alejandro, y hoy me enteré que podía solicitar un cambio, así que no quise esperar más- solté nervioso, alternando mi vista entre la señora a la que me dirigía y la joven sentada frente a ella.
- Oh, ya veo. Bueno, me alegra que seas sincero al respecto, se nota que estás tratando de mejorar ya que buscas un lugar donde te sintás cómodo para avanzar- esto lo dijo con una sonrisa en su rostro-. Manuel, te presento a la nueva psiquiatra, Elena, ella se unirá a partir de hoy. Tal vez puedas empezar las terapias con ella a partir de ahora- sugirió la mujer.
La joven, ahora indentificada como Elena, se levantó de su asiento y me extendió su mano.
- Es un placer- dijo con una voz suave y amigable.
Okay, ella sí me daba buena espina. Así que tomé su mano y sonreí en su dirección. Definitivamente sería un gran cambio, pero no podía quejarme.
~~~
Ahora sí se viene lo chidoooo.
Bai.
Xoxo
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San Maximiliano (Wosplik)
FanfictionManuel es enviado por sus padres al hospital de rehabilitación San Maximiliano, luego de que estos descubrieran la marihuana que escondía en su habitación. Ahí conocerá a Valentín, un paciente "modelo", pero que recae cada vez que lo dejan salir. El...
