Me encontraba en la cocina hablando con un chico que acababa de conocer llamado Yao. Estábamos tomando vodka; ya había perdido por completo la cuenta de cuánto alcohol había bebido, pero en ese momento el adormecimiento se sentía bien, como una anestesia rápida.
—¿Quieres ir arriba? —me preguntó con una sonrisa sugerente.
¿Debería ir?
—Bueno, vamos —acepté, dejándome arrastrar.
¿Qué mierda estoy haciendo?
Subimos las escaleras tambaleándonos. Estaba mareada, con las náuseas rondando la garganta; sabía que tomar en exceso había sido un grave error y estaba segura de que me arrepentiría de cada segundo.
Una vez arriba, entramos a una habitación a oscuras. Yao se acercó de inmediato a mí y comenzó a darme besos húmedos en el cuello. No terminaba de procesar lo que pasaba, pero la sensación física me envolvía. Me recostó sobre una cama de sábanas blancas y frías; se quitó la camiseta de un tirón y luego me quitó el buzo, mirándome con un deseo crudo y urgente. Estaba a punto de desabrocharme el brasier cuando la puerta se abrió de golpe, estrellándose contra la pared.
—¿Qué haces, hijo de puta? —la voz era un grito afilado, aunque el alcohol me nublaba los sentidos y me impedía reconocerla de inmediato.
—Nada, nada, yo ya me voy —balbuceó Yao, visiblemente asustado al ver la reacción de quien acababa de entrar, mientras se agachaba apresuradamente para recoger su camiseta del suelo y salir casi huyendo de la habitación.
—¿¡Qué mierda pasa contigo, Brisa!? —era Luli. Su rostro reflejaba pura desesperación e ira.
Se acercó a zancadas y me arrojó encima el buzo que momentos antes yacía tirado en el suelo de la habitación. Una profunda ola de alivio me recorrió; agradecí en silencio que Luli hubiera llegado justo a tiempo, porque a estas alturas, con los sentidos anulados, ya no habría vuelta atrás.
—No lo sé, Luli —balbuceé, sintiendo que el cuarto entero se inclinaba—. Me quiero ir a casa. ¿Me puedes llevar? —todo me daba vueltas, una marea pesada amenazaba con desmayarme.
—Necesito encontrar a Martina. Espérame aquí, no te muevas —pidió Luli antes de girarse y salir corriendo al pasillo.
No sé cuántos minutos pasaron desde que salió de la habitación. El tiempo se volvió borroso, eterno. Como ella no regresaba y el sueño me pesaba como plomo en los párpados, tomé una decisión impulsiva: decidiría irme sola.
Grave error.
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COMPLICATED
Fiksi PenggemarUna chica de cabello azul, un secreto que quema, una familia que rechaza y un amor tan complicado que duele respirarlo. Brisa y Angie están a punto de descubrir que la línea entre salvarse y destruirse es muy delgada.
