11

7.5K 741 90
                                        

B R O O K L Y N N


Mi hermano había sido la persona que más desesperadamente nos buscó cuando Sharon y yo desaparecimos. O eso me han contado. Curtis solo tenía dieciocho años ―casi diecinueve― cuando todo ocurrió. Él estaba en la universidad, disfrutando de lo lindo de ella, y por culpa de todo eso pasó los peores años universitarios posibles. Se sacó la carrera, pero con un año de retraso y con notas regulares. Que sus hermanas desaparecieran y a la vez su madre muriera no ayudó nada a sus notas ni a su salud mental.

El año y medio que pasé en aquel centro fue un alivio para él pues se dedicaba a la psiquiatría y trabajaba en ese mismo centro. Pude pasar horas y horas con mi hermano, pudimos apoyarnos el uno en el otro cuando más lo necesitamos, y tenerlo allí ayudó mucho en mi recuperación. Tanto física como mental.

Curtis era una de las mejores personas que existían sobre la faz de la tierra. Tenía un corazón gigante, era muy inteligente y, además, era bastante guapo. No se había permitido nunca tener novia o algún ligue porque decía que eran distracciones. Pero ya era un hombre hecho y derecho de casi treinta años y...

Quería liarlo con Hannah.

¡Venga! Eran amigos, hablaban todas las semanas para saber cómo estaba yo y estoy segura de que hubo alguna conversación subidita de tono.

―¿Y qué te parece Hannah? ―le pregunté un día, así de la nada, mientras veíamos un partido de baloncesto en la tele.

Curtis me miró y alzó sus oscuras cejas.

―¿Cómo que qué me parece Hannah?

―Pues eso, ¿qué te parece? Es guapa, ¿verdad? Y lista. Muy lista.

―No digo yo que no, pero... ¿A qué viene esto? ―preguntó extrañado.

―Haríais buena pareja, ¿no crees?

Lo escuché bufar pero se le mezcló con una risa. Negó con la cabeza mientras me miraba con un poco de diversión.

―¿Cuántas veces tengo que decirte que no quiero pareja, Lynn?

―Pues muchas porque no quiero que estés solo cuando me vaya. Si no es Hannah, al menos líate con alguien que te tenga entretenido cuando vuelves del trabajo. Aunque solo sea un polvete.

―Madre de Dios, voy a quemarte todos esos libros que te lees. ¿Por qué cojones te llevé libros románticos al centro? ―murmuró con dramatismo.

Yo me reí.

―¿No tienes nada con nadie o no me lo quieres decir?

―Ambas cosas. No tengo nada con nadie y si lo tuviera no te lo diría. ¡Eres mi hermana pequeña! ―exclamó siguiendo la misma línea de dramatismo―. Espero que tú no estés teniendo nada con nadie...

―¡Pero bueno! ¿Y a ti qué más te da? ―pregunté con diversión.

Su rostro pasó de ser diversión a ser pura seriedad.

―¿Estás acostándote con alguien, Lynn?

―No, Curtis. No me estoy acostando con nadie.

―Que me da igual, eh, pero quiero que me lo digas.

―No me acuesto con nadie.

Curtis me miró fijamente mientras me examinaba el rostro en busca de mentiras. No estaba mintiendo, así que no encontraría ni una trola en mis ojos.

―Ya sé que eres mayor como para tener cualquier cosita con alguien pero después de todo lo que pasaste no me gustaría ni un pelo que acabaras con alguna persona que... te maltratara o se aprovechara de tu vulnerabilidad y...

VULNERABLE ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora