Me quedé deambulando por el pueblo hasta que dieron las once, pues con el simple pensamiento de volver a casa, una sensación de temor me invadía completamente. Algo irónico teniendo en cuenta que lo único que había hecho en estos últimos días era quejarme por todo pues sólo quería volver a tener una vida medianamente normal, lejos de problemas fuera de lo común y con la única familia que me quedaba, mi padre.
El aire congelado penetraba en mis huesos y decidí que ya es hora de volver hacia la taberna. Las calles estaban completamente desérticas y tan solo la tenue luz de algunas farolas me servían de compañía ayudándome a no tropezar con piedras y bordillos.
Llegué hasta la puerta trasera de la taberna y es ahí cuando me di cuenta de lo peligroso que era esto. Estaba parada en medio de la noche en un lugar para nada iluminado y sin personas cerca, es decir, sin testigos que corroboraran que había sido asesinada por una panda de locos.
Temblé desde mi sitio planteándome el hecho de volver sobre mis pasos, pero la curiosidad me pudo, pues la escena de antes que había vivido en la taberna había logrado despertar por completo mi curiosidad, tan sólo esperaba que el viejo dicho de la curiosidad mató al gato no se aplicara a mí.
La puerta trasera se abrió y la cabeza de James asomó con prudencia para ver si deambula alguien más por ahí a parte de mí. Si no hubiera sido por el hecho de que estaba completamente asustada, me habría burlado de él.
–Pasa rápido Harriet.
Al escuchar mi nombre una sensación de alivió me inundó completamente. Se acordaba de mí. No estaba loca. Vamos progresando.
Subí los peldaños y cerré la puerta detrás de mí.
Ethan estaba sentado en una de las sillas y movió su mano feliz mientras esbozaba una sonrisa amable. No parecía el mismo chico de antes que estaba sentado en la taberna horas atrás. Aquel Ethan estaba más serio, sumido en una función en la que él era el director y todo salía como lo había planeado.
Max apareció por la puerta por la que había pasado yo minutos atrás. Su pelo estaba revuelto hacia la derecha y sus manos estaban escondidas en los bolsillos de una chaqueta negra.
–¿Qué hacéis aquí y a qué viene todo el numerito de antes?
–¡Yo también te he echado de menos! –exclamó Ethan con sarcasmo para después reír infantilmente.
–Si, si yo también. –rodé los ojos exasperada.
–¿Te acuerdas de Paradise? –habló Max por primera vez mirándome directamente a los ojos.
–¿Cómo iba a olvidarlo? –pregunté sin entender a qué venía todo esto.
–Pues ha sido atacado. –siguió James aparentando normalidad.
A continuación, empecé a reírme exageradamente. No entendía nada. –No estoy loca, ¿no?
–No lo estás pequeña. –sonrió James comprensivamente.
–Puede que esto te cause un poco de confusión. –habló Max.
–¿Más que saber que tengo poderes y que existe un mundo paralelo al mío? –añadí con sarcasmo.
–Sip. –siguió Ethan. –Mucho peor. ¿Estás lista?
–¿Acaso alguien estaría listo para algo como esto?
–Haces muchas preguntas Harriet. –dijo James dándome una mirada cómplice.
–Por dónde empezar...–suspiró Max revolviéndose el pelo.
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Paradise
FantastikYo soy la esperanza de este mundo y que este título recaiga sobre mí ha hecho que me enfrente a problemas inusuales, salí de mi sueño y ahora estoy en una pesadilla de la que no puedo despertar. ¿Y tú? ¿Cómo sabes que no estás en un sueño? ¿Desperta...