Lo imposible

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Parpadeó una vez, luego otra; al principio, desorientado. Arriba suyo, se alzaba la inmensa oscuridad de un cielo nocturno completamente estrellado. Bajo suyo, la mullida hierba verde del suelo del bosque le servía de colchón. No era demasiado cómodo, debía admitir, pero estar estirado sobre aquel blando suelo era mejor que nada. Mejor que estar muerto. Y, de todas formas, él nunca había sido quisquilloso en lo referente a un lugar donde dormir. Podía hacerlo en cualquier lado. Siempre había podido. Y, aunque era conciente de estar despierto, no se movió. Dolía demasiado. Cada centímetro de su cuerpo punzaba como si fuera a desintegrarse de un momento al otro. Particularmente, sentía esa peculiar sensación en su brazo derecho y sintió, por un instante, el deseo de asegurarse que su miembro siguiera allí. Ladeando la cabeza, exhausto, examinó su brazo estirado sobre la hierba –de igual forma que el otro- en forma de cruz. Seguía allí, adherido a su cuerpo y a su carne. El dolor era atroz, horripilante, pero era un dolor que podía soportar. Después de todo, había soportado peores tipos de dolor a lo largo de su vida. Y se había sobrepuesto a todos y cada uno de ellos, esta vez no sería diferente. No, no sería diferente. Además, él había sabido perfectamente las consecuencias de utilizar el Rasenshuriken una y otra vez, aún si en modo ermitaño el daño era reducido no por ello desaparecía por completo, y lo había utilizado de todas formas. Y no se arrepentía. No, no lo hacía.

Volviendo a enderezar su cabeza, contempló una vez más el cielo. Seguía exactamente igual, nada había cambiado en él, en el mundo. Pero, para Naruto, todo había cambiado y continuaría haciéndolo. Y estaba bien, porque eso era lo que había buscado y esperado por el resto de su vida. Aún si ahora no se sentía tan bien como se suponía debía hacerlo. Pero, se convencía, de que era a causa de sabía que los problemas no cesarían; sino empezarían o empeorarían un poco más. Pero eso también estaba bien, él estaba dispuesto a enfrentarlo todo por Sasuke y Sakura. Estaba dispuesto a todo por las personas que le importaban, por los lazos que se había rehusado a romper. Y lo haría. Lo que fuera, el precio a pagar, lo pagaría.

La visión de un rostro familiar observándolo directamente a los ojos, lo hizo parpadear. En un principio, había visto la silueta borrosa, pero –definitivamente- no había forma de confundir aquellos rasgos tan característicos de aquella persona.

—Oy, Naruto. Estás despierto.

El rubio quiso asentir, pero el dolor en su cuello y espalda y –básicamente- en el resto de todo su ser, se lo impidieron. Aún así, no tenía ninguna dificultad para hablar, nunca lo había hecho.

—Esa es una pregunta estúpida... Kakashi-sensei...

El hombre de cabello plateado y rostro parcialmente cubierto sonrió debajo de su máscara. Naruto lo supo, porque ya había descifrado cada mueca debajo de aquella tela y cómo esta se fruncía de diferentes formas de acuerdo al gesto realizado. Esa, definitivamente, era una sonrisa.

—Supongo... —rascó su nuca, aún permaneciendo acuclillado junto al que una vez fuera su pupilo. Contemplando las heridas de Naruto con ojo crítico, con el único que tenía descubierto—. ¿Cómo te sientes?

Naruto sonrió, a pesar de la extenuación y el dolor y el entumecimiento de su cuerpo, enseñando completamente su dentadura perlada —Podría estar mejor. Estoy bien.

Kakashi asintió, observando al chico sonreír como si el mañana no trajera ninguna promesa funesta, como si todo fuera a estar bien y ninguna tormenta se avecinara. Como si el mundo no importara, ni el dolor ni el sufrimiento ni nada de que veían día a día. Como si su cuerpo no pareciera quebrarse de un minuto al otro. Haciéndose el fuerte, como siempre. Tal y como era Naruto. Por un instante, la imagen de Obito Uchiha pasó por su cabeza.

Sentándose a su lado, musitó —Me recuerdas a alguien.

Naruto, al oírlo, giró la cabeza en dirección de Kakashi —¿Uh? ¿Qué dijo Kakashi-sensei?

4X: Un nuevo comienzoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora