¿Cuál es el momento, en el que decides mandar todo a la mierda y poner en riesgo la vida de ensueño que creías tener? ¿En qué preciso momento te das cuenta, que todo lo que creías bueno, era malo, y viceversa?
Mara Soler, ex miembro reconocido del...
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No había salido del baño aún, no tenía ni las fuerzas ni las ganas para estar rodeada de presas y funcionarios. Quería estar sola. Necesitaba estar sola. Al contrario de lo que muchos piensan, para ella la soledad era algo realmente positivo en su vida. Siempre había sido una persona sociable y alegre pero que necesitaba de un momento de soledad para liberarse de sí misma y conseguir internalizar aquellos momentos en su vida que la afectaban de una forma negativa. Para su condena, era algo que no podía disfrutar como quisiera allí dentro.
Estaban sentada en el suelo con la cabeza entre sus rodillas pensando en lo que había pasado y en lo que debía hacer. Por un lado estaba lo que todo el mundo esperaba que hiciera, salir del baño y seguir espiando a Zulema, por su familia y por la vida que tenía fuera. Pero luego estaba la otra parte de ella, la parte oscura y suicida, que lo que le pedía era ir a llamar a Castillo y mandarlo a la mierda; a él y a su investigación. Dejar a la mora tranquila y hacer que la búsqueda del egipcio sea un dolor de cabeza para la policía.
Unos sonidos agónicos la hicieron volver a la realidad. Esos sonidos parecía que provenían justo del baño que tenía al lado, por lo que se levantó de un salto preparada para intentar ayudar a la pobre a la que estuvieran maltratando.
—Maca, Maca. Abre. —la voz de la Risos sonaba con angustia, gritando desesperada.
Cuando Mara salió del baño consiguió ver cómo Estefanía entraba corriendo en otro de los baños con una sospechosa prisa. No sabía que estaba ocurriendo pero algo bueno, no era. Se fijó a su alrededor y vio como Saray observaba la puerta del baño que aún estaba cerrada: la que había justo en medio de donde estaba ella y donde había entrado con desesperación la mulata. Para Mara esa fue la primera vez que no sabía descifrar a la gitana. No sabía que era lo que se le pasaba por la cabeza pero algo iba mal y ese algo venía de la puerta del baño que aún permanecía cerrada, por lo que, se apresuró a abrirla y descubrir la sorpresa.
El cuerpo de la mora colgaba de la pared gracias a la ayuda de una sábana que oprimía su cuello. Ésta pataleaba desesperada por la falta de aire que sentía sus pulmones.
—Maca, suéltala, venga. —escuchó de nuevo a Rizos.
La chica como si de un robot al que le acababan de pulsar el botón de on/off se tratara, se apresuró a desplazarse rápidamente para ir a dar con Ferreiro. No sabía por qué, pero unas ganas locas de reventarle la cara era lo único que se le pasaba por la cabeza.
Fueron exactamente tres los pasos que le bastaron para ponerse en el mismo lugar donde estaba la Rizos suplicándole a Macarena que soltara la sábana. Ésta aún no lo hacía, no la escuchaba.
—Te está diciendo que la sueltes, joder. —sabía que las palabras no le iban a bastar, por lo que optó por poner sus dos manos detrás de la nuca de la rubia y con una fuerza descomunal llevar la cara de Ferreiro a su rodilla, propinándole un rodillazo que le hizo soltar la sábana de manera inmediata.