Capítulo VII: El patrón de las muertes

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—Vamos a estar toda la vida con esto —se quejó Dora cuando terminamos de traer los últimos diarios

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—Vamos a estar toda la vida con esto —se quejó Dora cuando terminamos de traer los últimos diarios.

—Y eso que solo trajimos los del día posterior al asesinato —agregué, lo que solo empeoro la situación.

—¿Alguna trajo algo para anotar? Creo que sería mejor que investiguemos ahora y no después.

Solté un largo suspiro ante el cambio de idea de Alex. No quería leer todo eso, yo odiaba leer.

—No, pero sé dónde mis padres guardan hojas para imprimir y creo que en el mostrador hay una caja llena de lapiceras —musitó Dora. Su voz había sonado cansada—. Ahora voy a buscar todo, no me tardo —avisó y se levantó de su lugar.

Por lo visto, el cansancio había eliminado cualquier rastro de miedo de su cuerpo. O quizás solo había olvidado que las escaleras no tenían luz y que la biblioteca en general estaba mal alumbrada.

—¿Qué tan duro te está resultando todo esto, Ela? —me preguntó Alex al mismo tiempo que se sentaba en frente de mí.

Me encogí de hombros, sin saber muy bien qué contestar.

—Aunque suene extraño, no duele tanto como solo dejar que la herida se cierre. Me distrae, por muchos recuerdos que me traiga, investigar todo esto me distrae, me da algo que hacer para no pensar que mi hermana ya nunca va a estar en mi vida... —Al final de la frase, se me quebró la voz.

Lo que le estaba diciendo era verdad. Solo iban dos días desde que habíamos comenzado con eso, aun así, había logrado disipar un poco el dolor. El único problema era que no podía estar todo el día centrada en la investigación y, en cuanto despejaba la mente un poco, las punzadas intensas en mi corazón y las lágrimas no paraban hasta dejarme agotada, hasta quedarme dormida.

—Lo comprendo, creo. —Se acomodó la cabellera castaña y sus ojos volaron a otro punto de la habitación. Conocía esos gestos, él siempre los hacía cuando se sentía incómodo—. Lamento si yo no logro ser tan... sensible con lo que respecta a Ada, lo intento, pero yo no tenía ningún vínculo con ella así que es un poco complicado. No puedo unirme a tus conversaciones con Dora, ni siquiera sé qué decirles cuando comienzan sus charlas sentimentales y nostálgicas y... Otra vez estoy hablando mucho, ¿no? —inquirió con frustración.

Gracias a su mueca y el tono de voz que utilizó, en mis labios se dibujó una pequeña sonrisa. Me causaba mucha gracia como Alex siempre empezaba a divagar y se cortaba a la mitad para preguntar si estaba hablando demasiado. No importaba el tema, siempre que eso sucedía, yo esbozaba una sonrisa.

—Por lo menos mi frustración te hace sonreír —refunfuñó en voz baja.

—No te enojes —pedí y traté de suprimir la sonrisa.

—No me había enojado, me había avergonzado —se justificó y dos segundos después golpeó su frente con la palma de su mano—. No se supone que dijera eso en voz alta.

Noche de tormenta (completa)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora