¿Alguna vez has sentido que no perteneces a tu mundo?.
¿Qué no sabes que función hacés en el?.
¿Sin ningún propósito que te haga sentir realmente viva?.
Yo me siento así todos los días de mi vida.
Mi nombre es Skate Harrison; una chica común y corr...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Nunca digan nunca.
Un dicho muy viejo pero cierto. Y yo sé que se preguntarán a qué viene eso, pues:
Me tiró de lo alto de la cerca, cayendo de pie entre las hojas secas y salpicando mis botas de barro. Observó a mi alrededor, sintiendo como pequeñas gotas caen mi rostro.
No está lloviendo, pero es normal en Amdru que siempre estén cayendo minis gotitas todo el dia.
No es muy agradable estar aquí otra vez, mi corazón late en mi garganta por la perspectiva de lo que pueda. Es pleno mediodía, pero aún así mi cerebro no proceso todo lo ocurrido, aún tengo miedo de cerrar los ojos y al abrirlos tener esa cosa frente a mi.
Doy un paso al frente y sin pensarlo mucho, me adentro en el mar árboles del bosque de Amdru.
Ya me dolían los pies de tanto caminar y aún no conseguía mi teléfono por ningún lugar.
Oh, se me había olvidado comentarles. Si vine a buscar mi teléfono que en la mañana después de buscarlo por todas partes, recordé que en el último lugar en el que estuve con él fue aquí en el bosque. Y no se crean, no soy la mujer más valiente. Pero casi toda mi vida está en ese aparato, no puedo perderlo.
La nubes grises cubrieron el cielo y los árboles bailaban por el viento que mecía sus ramas, avisando que pronto caería una tormenta. Tendría que salir de ahí pero me frustraba no encontrar mi teléfono, hasta que escuché su tono de llamada cerca.
Sonriendo y dando brinquitos fui hasta donde estaba, encontradolo debajo de unas hojas secas. Su batería estaba baja, ya casi apunto de apagarse y en la pantalla se iluminaba el nombre de mi madre, colgué y guarde el teléfono en el bolsillo de mi chaqueta.
Tarareando una canción fui dando pequeños pasos para salir del bosque y aunque hace rato tenía en mi mente una guía, ya no sabía exactamente dónde estaba.
Me detuve abruptamente al escuchar una rama partirse bajo sus pasos y un gruñido que hizo que un escalofrío me recorriera y, sin pensarlo dos veces, empecé a correr emprendiendo la huida.
Podía escuchar sus pasos detrás de mí, cada vez más cerca.
Mis piernas rogaban un descanso pero mi mente gritaba que no parará, que no me detuviera, aunque el viento fuerte me hacia más difícil el camino y la llovizna que empezo a caer encharcaban mis zapatos.
Tropecé con una raíz, cayendo de bruces al suelo lastimando mi cabeza, pero me voltee con rapidez y con las manos temblorosas, me saque el arma de la cinturilla de mi pantalón y apreté el gatillo, escuchando el sonido del disparo y gotas de sangre mancharon mi rostro.