Capítulo 31

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* Capítulo largo de nuevo. Disfruten. El siguiente es el FINAL.





La única voz que escuchaba era ese martilleante susurro que decía: "¿Vas a abandonarlos, a dejarlos a su suerte, supuesta héroe? Me descepcionas. La verdad creía que alguien tan lista e inteligente como tú, lograría poder evitar esa desgracia. Veo que fuí traicionada, engañada y llegué a ser una ilusa, ¿no?"

Los susurros continuaban. La llamaban de todo; la conciencia era una dama caprichosa y llena de exigencias. Pero su deseo egoísta la quería retar.

Quería irse de allí. Ir a abrazarlo.

La mirada penetrante de Plagga llamó su atención. Ambos. Tikki y su kwuami mantenían la mirada iluminada; no se sabía siquiera de que color eran sus ventanas del alma. Recitaban un conjuro.

Quizás para poder salvarse o restaurar sus energías, llegó a imaginar. Después de todo, ella no tendría escapatoria. Moriría allí. Sola.

—Guardianes del tiempo, Miraculous del mundo del Ying-Yang, ¡escuchen! —Los dos pequeños gritaron. La cuenta regresiva se detuvo por unos... 5 segundos. Estaba en 3—. Te pedimos protección a esta alma. Portadora del Miraculous de la Destrucción. ¡Onda clemencia!

3...

Sonrió ante la cantinela. No funcionaría...

2...

O, ¿si?... No. Imposible.

1...

Los tocó. No sabía porqué pero ese fué su último movimiento. Un halo de luz la cubrió y la explosión resonó en todo su esplendor. Los vidrios estallaron y ella sintió que cada molécula suya estaba siendo desgarrada. Sus ropas —de civil— se hicieron polvo. Abrazó a sus pechos y cerró los ojos. Pronto cayó en un sueño en que pensó, no habría retorno.

¿Adiós Adrien? ¿adiós... mamá?

Unos chasquidos la despertaron. Simplemente se hallaba casi desnuda. Era un lugar muy blanco, sin ninguna mancha. Se dió cuenta rápidamente que no era aquel lugar en donde murió.

—¿Así es el cielo que aseguran que existe las religiones? —preguntó. Su eco se perdió en la lejanía; sintió frío.

Al levantarse, un potente viento le dió más escalofríos. Arrugó la frente y volteó, para ver que sucedía a sus espaldas. Al verlo, casi chilla del susto. Unas potentes alas negras salían de su espalda y aleteaban poderosos. Eran nuevos. ¿Podría... volar?

Lo intentó. Y lo logró. Examinó los cielos con una alegría inmensa. Se sentía en paz... Hasta que vió eso. De casualidad. Desde ese momento, odió esa palabra.

Una cabellera rubia se agitaba contra el viento. Correspondía a su querido novio. Unos potentes berridos y gemidos salían de su boca; desesperado, trataba de quitar esa... ¿barrera verde? Se sentó en la nube y esperó. Los gritos —llamando constantemente su nombre— era lo único que se escuchaba en ese lugar desolado y lleno de llamas por cualquier esquina. Trató de poder darle un aviso; estaba bien, estaba en un lugar raro pero podía  verlo. Lo creía cerca. Extendió su mano, pensando que podría acariciarlo; sin embargo, una mano la detuvo. Un resplandor azul la cegó.

Una especie de caballero con unas alas blancas como copos de nieve, estaba de espaldas. No parecía querer que lo viera a los ojos. Encojió las alas y se acercó.

Pudo verlo... y casi cayó de espaldas. Era Luka.

—¿Lu... Luka? —tartamudeó, con asombro. Pero, no tenía porque hacerlo. Se supone que su amigo era un ángel, una buena persona y humano. Esos pocos que quedan en el mundo—. ¿Eres... tú?

Espías En París   Borrador  [Lordbug Y Ladynoir] Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora