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CAPÍTULO SESENTA Y SIETE

El almuerzo es incómodo en niveles inhumanos. Viktor intenta mantener una conversación apacible conmigo y Demian pero su padre carga el ambiente con tensión. En algún punto, mi cara y la rigidez en mi cuerpo, por sostener una sonrisa falsa me recuerdan a los cientos de almuerzos corporativos a los que acompañé a mi padre y la comida cae con pesadez en mi estómago.

Para cuando terminamos, Demian prácticamente me saca de allí como si hubiera un peligro de incendio. Su mano sostiene la mía mientras me guía por el pasillo.

Nos refugiamos en la habitación mientras yo intento buscar algo en mi cerebro para decir.

—Ignora a mi padre, muñeca— lo escucho suspirar y luego, se sienta en el borde de la cama con una sonrisa tensa—. Pensé que podría ser un adulto y comportarse como una persona decente, pero ya ves. Siento que hayas pasado por eso.

—Oye, está bien— me acerco, hasta sentarme a su lado y poner mi mano sobre la suya—. Él ni siquiera me conoce, tal vez hasta se siente invadido— suspiro—. Es su casa, después de todo. Soy una invasora, además de que ha pasado por muchas cosas últimamente.

—Eso no quita que el hombre deba tener modales— el enfado se filtra en la voz de Demian y yo hago una mueca, porque verlo así, en vivo y en directo, dista bastante de hacerlo por teléfono.

Sé que hablar con él sobre esto no tiene sentido porque no depende de él, sino de su padre, así que decido que tratar de que piense en otra cosa es buena idea.

Me levanto de la cama y camino hacia la ventana. El cielo es de un tono gris oscuro y el paisaje es bastante lúgubre pero sigue siendo hermoso en un modo invernal.

—¿Crees que va a nevar?

Demian me sonríe.

—Hablé personalmente con el encargado de la nieve y dijo que haría todo lo posible para que eso suceda.

Me carcajeo.

—¿El encargado de la nieve? ¿En serio? — él se pone de pie y se acerca—. Esperemos que sí, porque no vine hasta aquí para no ver la nieve.

Demian suspira de forma dramática.

—Y yo que pensaba que estabas aquí por mí.

—Lamento decepcionarte —le sigo el juego—pero la nieve te supera en mi lista de intereses.

Demian me da una sonrisa lobuna antes de agarrar mi cabello en un puño e inclinar mi cabeza hacia atrás. El mero hecho de tener sus manos sobre mí, agita todas las emociones que contuve durante estas semanas en las que estuvimos lejos y antes de que pueda decir algo, su boca aplasta la mía.

El beso es posesivo, húmedo, incluso un poco agresivo y me nubla lo suficiente para olvidar el dolor en mi mano al ponerla sobre su hombro.

—Lianna... —me regaña y saca mi mano de allí. Estoy a punto de protestar pero me da una mirada inflexible.

—Demian, mi mano está bien, no soy una muñeca de porcelana que va a romperse— digo de todos modos.

—No me importa, no vas a usar tu mano para nada— dice.

No debería gustarme esto. No debería atraerme tanto un hombre que da órdenes como parpadeos y que le gusta llevarme a mis límites.

—Está bien —me rindo—, pero que conste que estás exagerando.

Él levanta mi mano, remueve la muñequera ortopédica y mira la flexión de mi muñeca. Todavía tiene una tonalidad un poco verdosa, pero ya está casi curada. Fui al médico dos días antes de subir al avión y dijo que podría quitar el soporte en estos días.

Sinestesia | SEKS #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora