44.

158K 10.9K 7.3K
                                        

CAPÍTULO CUARENTA Y CUATRO

Demian

Lianna se queda dormida entre mis brazos, aún en el sofá y la llevo a la cama, asegurándome de no despertarla. La cubro con las mantas, saco el cabello de su rostro y la observo. Las lágrimas secas siguen en su piel, que está ligeramente enrojecida.

Una mueca de desagrado cubre mi cara. Ella no debería llorar, Lianna debería sonreír, siempre. Tiene una sonrisa preciosa.

Por unos cuantos minutos, me quedo en la habitación con ella, asegurándome de que realmente está teniendo un sueño tranquilo y está relajada.

Me froto el rostro, realmente deseando encontrarme alguna vez con su padre y decirle unas cuantas cosas. Es increíble el poder que tienen las palabras, como pueden destrozarte o ayudarte a superar la mierda. Todavía tengo fresco el recuerdo de la primera vez que le dije a Lianna que estaba orgulloso de ella. Sus ojos me miraron como si le hubiera hablado en otro idioma o las palabras fueran desconocidas para ella.

Una sumisa... una mujer, no debería mirarte con duda cuando dices algo como eso. Debería aceptarlo, hacer propio ese orgullo y usarlo como motor para impulsarse. Lianna ni siquiera parecía tener una falsa humildad de servicio, simplemente... no las creyó, porque en el fondo, ella no se cree merecedora de esas palabras, porque su padre y su madre le han jodido la psiquis de tal forma que ni siquiera puede sentir amor propio.

Lianna es un desastre. Un desastre precioso y que quiero arreglar.

Así como a una persona con inclinaciones sumisas le pica la necesidad de servir y complacer, a los amos —la mayoría, al menos— nos posee la necesidad de cuidar y proteger. Supongo que en causa/consecuencia de hacer propia la voluntad de otra persona. Es casi compulsiva la necesidad y el deseo de proteger a Lianna, especialmente cuando su mirada se rompe de la forma en que lo hace y su cuerpo comienza a temblar.

Quiero matar a su padre.

Vuelvo a mirarla, con sus ojos cerrados y una expresión tranquila. Desearía que siempre tenga esa expresión, la misma que tiene cuando hacemos alguna escena, con esos arrebatos de confianza plena que me encantaría que mantuviera por más tiempo.

Sin embargo, así como se abre, se cierra. Es lógico, sin embargo. ¿Cómo voy a reprocharle a una chica que fue abandonada por su madre y despreciada por su padre que no abre sus sentimientos a un tipo que conoció hace un mes? Es obvio que ella irá con cautela, que no me entregará su corazón para que lo pisotee porque las dos personas que más deberían haberla protegido, la lastimaron.

Es gracioso cómo siempre se habla de la responsabilidad afectiva en una relación de pareja pero no menciona en otros vínculos, como amistades o familias. ¿Acaso compartir la sangre es una autorización para destrozar la psiquis y la autoestima de tu hija?

Vuelvo a frotarme el rostro, sabiendo que si sigo pensando esto, terminaré necesitando a Andrei como mi abogado defensor en un juicio por asesinato. Me aseguro nuevamente de que Lianna está dormida profundamente y salgo de la habitación, apagando la luz.

Me encamino hacia el balcón, necesitando un poco de aire fresco para aclararme. Tal vez me estoy involucrando demasiado con ella, pero es imposible no hacerlo. Yo exijo entrega, exijo rendición por su parte y yo doy lo mío. Le entrego mi dominación, mi capacidad de cuidado y todo lo que pueda darle. Eso implica conectarme, dejar que todo lo que ella siente fluya hacia mí y absorber su dolor, su temor a ser lastimada fue... demasiado.

Ni siquiera creo que ella asuma el nivel de conexión que hay entre nosotros, porque se niega a verlo y supongo que es aceptable que sea así, por su historia. Tampoco creo que vea bien el nivel de entrega.

Sinestesia | SEKS #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora