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CAPÍTULO CUARENTA Y CINCO

Duele.

Todo duele.

Especialmente, es un dolor emocional, que me quema incluso más que los arañazos del látigo en mi piel.

Los brazos de Demian me rodean con tanta fuerza que apenas puedo respirar, pero se siente bien. Me siento reconfortada... querida. De algún modo, me tranquiliza saber que puede darme consuelo.

Solté las palabras que incluso me había negado a reconocer para mí misma. Miedo a decepcionar. Sí, era eso. Decepcionar a Demian me produce dolor.

—Lianna— cuando él me habla, su pecho vibra debajo de mi cabeza y yo entierro más mi cuerpo contra él. Demian es mi lugar seguro. No me siento aterrada aquí. Me presiona, sí. Me exige, sí, pero jamás se cabreó porque no pudiera cumplir una orden. Fue paciente. Esperó. Me reconfortó cuando no pude enfrentar algo—. La primera vez que hice una escena, la hice con una chica que llevaba años siendo sumisa—me dice con voz apacible—. Yo estaba cagado de miedo— murmura—, tenía terror de no poder satisfacer sus necesidades, no estaba muy tranquilo porque uno de los maestros del club estaba observando y toda esa presión me hacía sentir como la mierda— sigue—, me daba terror fallar, me daba terror no ser suficiente y tal vez darme cuenta que esto no era para mí— suspira—, pero todo eso me sirvió para poder mejorar, para poder ganar un poco más de confianza en mí mismo y en mis habilidades— su mano se desliza por mi cabello, que destrenzó hace unos minutos—. Está bien tener miedo a fallar si eso te impulsa a crecer, sin ponerte enferma, sin que se torne obsesivo—me relajo un poco más mientras él sigue acariciando mi cabello y hablando.

—Tienes razón.

—Sí, usualmente la tengo— Demian intenta sonar divertido—. Así que, como soy quien tiene la razón aquí, hazme un poco de caso cuando te digo las cosas, muñeca— él me acomoda hasta que ambos estamos más sentados y sus piernas no aprietan las mías—. Siempre puedes equivocarte, pero no puedes estancarte en eso— me da un tirón ligero en el cabello—. Los errores son parte de la vida y deberían fortalecerte, ayudarte a ser mejor, no destrozarte o darte ataques de pánico— asiento, sabiendo que tiene razón y que definitivamente todo lo que él está diciendo son cosas que he repetido durante años hacia otras personas, pero que jamás pude aplicar a mí misma.

¿Esa frase de los médicos son los peores pacientes? También se aplica a psicólogos.

—Lo entiendo.

—Sí, claro que lo entiendes. Eres una chica inteligente— despego mi cabeza de su cuerpo para mirarlo a la cara—, y ahí está esa mirada de nuevo.

—¿Qué mirada? — le pregunto confundida.

—La mirada de no creo nada de lo que me dices pero diré 'gracias' de todos modos— suspira—. No me crees. Cuando te digo que me gusta algo de ti o que estás haciendo algo bien, simplemente no te lo tragas— sigue—, vas a tener que aprender a aceptar los halagos, muñeca.

—Ya mi cerebro es una papilla hoy— y mi cuerpo también—. No me presiones más —. Demian suelta una risa baja y presiona sus labios en mi frente.

—Sí, por hoy ya ha sido suficiente— me dice. Después, lo veo estirar la mano en dirección a la mesa de noche y agarra una botella de agua que no había notado antes—. Bébela. Con todo lo que has llorado, no sería de extrañar si te deshidratas—destapa la botella y me la pasa. El agua ayuda a bajar un poco el ardor en mi interior y la angustia—, y ahora a la ducha, muñeca—él ni siquiera me deja pensar en algo cuando me está cargando fuera de la habitación.

Sinestesia | SEKS #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora