Disculpen la demora en actualizar, estuve con muchos problemas de conexión.
CAPÍTULO 56
—Entonces, tres café con crema, un batido de cereza y dos tartas de chocolate— le repito el pedido al hombre del otro lado del mostrador y él asiente. Le digo el precio, paga y otro cliente se acerca.
Ha sido un día tan cargado y ocupado de clientes en la cafetería, que apenas pude tomarme el tiempo de pensar en lo que dijo Demian por la mañana. Sin embargo, no me estreso por eso. Si dijo que no era urgente, realmente no debe serlo, porque él no dice cosas a la ligera. Demian no exagera ni minimiza las cosas, he aprendido eso; le da la cantidad justa de atención a los problemas y es algo que, para una persona como yo, se siente como un bálsamo.
Para cuando son las tres de la tarde y mi turno termina, me quedo unos minutos en la habitación guardarropas y me estiro un poco, girando el cuello y sacando algo de la tensión de mi cuerpo. La cabeza me duele un poco y me tomo un ibuprofeno antes de que empeore. Realmente ha habido algunos clientes fastidiosos además del gentío abrumador de personas.
Cuando salgo de la cafetería, respiro el aire fresco, libre del olor a café quemado, y comienzo a caminar, distrayéndome un rato. A no muchas cuadras, hay una plaza y me detengo ahí para literalmente, cerrar los ojos y calmarme. Dejo que el ruido de las hojas siendo movidas por el viento reemplacen el desastre en mi cerebro y lo único que me desconcentra, es el sonido de mi teléfono, un rato después.
Cuando veo que es Brass, atiendo.
—Freudita, ¿Qué haces?
—Estoy en el parque cerca de la cafetería— le digo—, tirada en el césped, mirando las nubes— lo escucho reír—. Necesitaba un poco de paz mental.
—Lo entiendo perfectamente, ¿Tuviste un día jodido?
—Algo así— suspiro—. ¿Qué tal tu día?
—Fue una mierda— me dice—. ¿Puedo ir a ver las nubes contigo?
—Sip, ven y hablemos.
Casi veinte minutos después, el carraspeo de Brass me saca de mis pensamientos.
—Creo que Samuel me está engañando—dice, dejándose caer frente a mí, sobre el césped.
—¿Qué dices? —lo miro bastante sorprendida—. ¿Por qué piensas eso?
—Oculta su teléfono todo el tiempo cuando antes ni siquiera se preocupaba por dejarlo en la mesa cerca mío, cuando nos vemos y le pregunto cosas sobre su trabajo o su día, se pone nervioso y...— Brass suspira—. No lo sé, simplemente siento que las cosas no están funcionando entre nosotros de la misma forma que antes.
—Eso es una mierda— aprieto su mano y suspiro, sin saber cómo abordar la situación. Brass siempre fue el alegre, extrovertido y el tipo de persona a la que nada parece afectarlo —¿Vas a hablar con él?
—Sí, lo haré. Le preguntaré.
También siempre fue muy determinado. Admiro eso de él.
—Tal vez solo está estresado—le digo—, no saques conclusiones apresuradas.
—Lo intentaré—él me da una sonrisa leve —. De todos modos... hay demasiados penes en el mundo como para preocuparme por uno.
Me río.
—Tienes razón— concuerdo—, si llega a ser cierto, podemos conseguirte otro pene. Incluso alguno de goma para que elijas el tamaño que quieras— bromeo.
—Completamente de acuerdo —mi amigo suspira—. Creo que solo quería soltar la bomba y sacármelo de encima pero no tengo ganas de hablar de ello—me dice—. ¿Qué hay de ti? ¿Algún tamaño de pene del que quieras hablar?
ESTÁS LEYENDO
Sinestesia | SEKS #1
RomanceSERIE SEKS, LIBRO #1 Lianna está a punto de terminar su carrera en psicología, pero su tesis es rechazada. En su intento por buscar información para abordar algún tema controversial, llega a Seks, un club sexual cuyo dueño parece dispuesto a darle u...
