Me sensibilizó un poquito escribir este capítulo y no niego que se me cayeron un par de lágrimas :/
CAPÍTULO SETENTA Y DOS
—Nena...— me remuevo, sin querer abrir los ojos—. Lianna, despierta.
—Es temprano— me quejo, girando en la cama y resoplando.
—Lo sé, pero tengo que irme por un rato, regresaré cerca del mediodía— la mano de Demian roza mi rostro y yo abro mis ojos. Ya está completamente vestido y luce listo para salir a la calle.
—¿Te vas?
—Debo llevar a mi padre a ver al médico— explica.
Me tenso.
—¿Él está bien?
—Sí, solo tiene que hacerse unos controles— me dice—. Viktor también irá, así que te quedarás sola, ¿Bien? Thomas está en la casa, por si necesitas algo. Sveta y Nastia también.
—¿Quieres que vaya contigo?
—No, muñeca— me da un beso en la frente y suspira—, duerme un rato más— me dice.
Lo cierto es que no me resisto. Estoy extremadamente cansada y lo último que veo es que Demian deja la habitación.
Me despierto un rato más tarde y me estiro en la cama. Reviso el móvil, notando que no tengo llamadas o mensajes y me meto en el baño para darme una ducha rápida antes de salir del cuarto.
La casa, de por sí silenciosa, hoy luce más callada de lo que pude escuchar estos días y mis pasos resuenan por las escaleras. Son las nueve de la mañana ahora y no estoy muy segura de a qué hora se fue Demian con su padre y su hermano. Supongo que no debió ser hace mucho.
Me divido entre enviarle o no un mensaje, porque no quiero ser indiferente, pero tampoco pretendo molestar, sabiendo que están en una clínica. Observo el chat con él, viendo que nuestro último mensaje fue suyo, cuando subí al avión y me muerdo el labio inferior, debatiéndome.
Decido esperar un rato y cuando llego a la cocina, no hay nadie. Suspiro, un poco aliviada. Han pasado años desde la última vez que estuve rodeada por persona que atendía todas las necesidades y no es algo que extrañe, porque me aturde un poco. Así que, agradeciendo la soledad, me sirvo un poco de café y me apoyo contra la encimera, viendo el exterior gris.
No hay nieve, pero sí una llovizna persistente que humedece toda la tierra quemada por el frío. Cuando me termino el café, lavo la taza y la dejo en el seca platos y luego, regreso a la habitación.
Busco un abrigo y camino por la casa tratando de encontrar la salida por la que Demian me llevó el primer día cuando conocí la nieve. La encuentro un rato después, luego de recorrer casi todo el lugar y pedirle indicaciones a Sveta, en una mezcla de inglés, español y señas. Me cierro el abrigo y cubro mi cabeza con la capucha antes de salir al exterior y respirar el aire frío. Lo cierto es que nunca fui una chica verano, pero tampoco había enfrentado la crudeza de los inviernos rusos, como el que tengo frente a mí y es inquietantemente escalofriante.
—¿Está todo bien, Lianna?— la voz de Thomas me hace girar y encuentro al hombre a pasos de mí, también con un abrigo.
—Sí, solo quería disfrutar un poco del clima— él me sonríe, notando que es ridículo decir eso con el mal tiempo que hace, pero no dice nada—. ¿Ha desayunado?
—Sí, ¿Usted?
Asiento.
—¿Sabe cuándo volverán?— no necesito aclarar mi pregunta, porque lo sabe.
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Sinestesia | SEKS #1
RomantikSERIE SEKS, LIBRO #1 Lianna está a punto de terminar su carrera en psicología, pero su tesis es rechazada. En su intento por buscar información para abordar algún tema controversial, llega a Seks, un club sexual cuyo dueño parece dispuesto a darle u...
