Disfruten que falta poco.
CAPÍTULO SESENTA Y NUEVE
Día dos es Rusia.
A pesar de que me gustó la nieve ayer, agradezco que el clima haya mejorado visiblemente hoy y solo se reduzca a un frío del demonio, pero sin lluvia ni vientos huracanados.
—Pensé que podría ser divertido que conozcas Moscú— me dice Demian.
Ambos seguimos metidos en la cama y, si por mi fuera, no saldría por otro par de horas, pero ya son casi las diez de la mañana.
Anoche, luego de la cena extraña en la que su padre interactuó directamente conmigo, subimos las escaleras y yo me desplomé sobre el colchón. No estoy segura de si dormí o me desmayé, pero lo cierto es que no recuerdo en qué momento Demian se metió en la cama conmigo.
—Sí, eso suena genial— le digo sonriendo. Luego, bostezo y Demian se ríe—. El cambio horario es una perra— me quejo.
—El vocabulario, Lianna— me reprende, presionando sus dedos levemente en mi brazo.
Suspiro, froto mi cabeza contra la almohada y cierro los ojos.
—Realmente estoy considerando quedarme todo el día en la cama.
—No tuviste un vuelo de trece horas para estar todo el día en la cama— me dice—. Ahora, ¿Por qué no te pones algo de ropa abrigada y desayunamos algo antes de irnos?
—¿Lo estás sugiriendo o es una orden?
—¿Tú qué crees?
—Es un poco temprano para que empieces a mangonearme, señor — me quejo, mientras clavo el codo en el colchón y me levanto.
Me da espacio para que mi cerebro se active y cuando ya estoy vestida— con una camiseta de mangas largas, unos pantalones de mezclilla encima de unas calzas y un par de botas de invierno que tengo hace algunos años — salgo de la habitación. He dado todo de mí para que mi cabello no sea un desastre, pero al parecer eso no cambia independientemente del punto geográfico en el que esté.
Demian está en el baño para cuando yo ya estoy lista y decido que bajar las escaleras solas no es un deporte de alto riesgo, así que lo hago. Por lo que sé, Viktor no es precisamente un hombre madrugador, así que supongo que estaré sola.
En la cocina, Sveta está preparando café y me sonríe, diciendo algo en ruso que, nuevamente, no entiendo. Señala la cafetera y luego a mí y le digo que sí, entendiendo que me está ofreciendo café.
—Gracias— le digo. Ella parece entenderme y me da un asentimiento antes de pasarme una taza con el líquido caliente y humeante. Lo sostengo con mi mano buena mientras veo que mi otra muñeca está en un tono mucho más claro. Suspiro, mientras me quedo de pie en la cocina, dispuesta a desayunar como acostumbro: apurada y mirando el reloj constantemente para irme a la cafetería, pero Sveta parece tener otra idea y me señala el comedor.
—Estoy bien, no se preocupes— le digo sonriendo. Ella señala la mesa insistentemente y yo la sigo. Ella se va y regresa con una bandeja con varias mermeladas y tostadas—, no es necesario, gracias— deja las cosas sobre la madera junto con algunos utensilios.
Los nervios se me atoran el café en el estómago, porque no estoy segura de nada.
Debí esperar a Demian.
Me siento en una de las sillas de la izquierda y dejo mi taza sobre la mesa, para sacar mi teléfono y ver si Brass me ha escrito. Me sorprendo al ver que está en línea y le pregunto si todo está bien.
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Sinestesia | SEKS #1
RomanceSERIE SEKS, LIBRO #1 Lianna está a punto de terminar su carrera en psicología, pero su tesis es rechazada. En su intento por buscar información para abordar algún tema controversial, llega a Seks, un club sexual cuyo dueño parece dispuesto a darle u...
